Periódico de Sancti Spíritus

La escuela agrícola de Vladimir Abreu

Vladimir Abreu Candelario, campesino cabaiguanense considerado el mejor productor del cultivo de la malanga en el territorio espirituano

vladimir abreu

“La siembra de maíz con máquina abarata mucho el costo y la calidad del cultivo es incomparable”, asegura el campesino. (Foto: José Luis Camellón Álvarez)

Cuando se quiera buscar un ejemplo de cómo sacar el mayor provecho a la tierra bajo la premisa de producir para el estado, armonizar las viejas mañas con las nuevas tecnologías, pensar en el suelo y la semilla, en el clima y el costo de producción, hay que recorrer la finca El Saine y oír la clase práctica en que se convierte la conversación con Vladimir Abreu Candelario, integrante de la Cooperativa de Créditos y Servicios Patria o Muerte, en Cabaiguán.

Con 44 años y, como él dice, “mucho por aprender”, el campesino no solo se distingue por las entregas de granos, cultivos varios, frutas, hortalizas y tabaco; también imparte una clase de respeto a la hora de suministrar semilla de malanga blanca a Sancti Spíritus y otras partes de Cuba; pero el aporte más valioso proviene, tal vez, de esa misión que le llegó por encargo: trasladar sus conocimientos a cuanta base productiva del territorio o el país se lo solicite.

PRODUCTOR Y MAESTRO

Desde hace unos ocho años la mayor parte de la malanga que se siembra en los principales escenarios agrícolas de la provincia, incluida la montaña, es con la semilla salida de esa finca, ubicada cerca del caserío de la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) Juan González.

Solo dicha contribución revela la consistencia del agricultor en ese cultivo; sin embargo, los contratos de Vladimir rebasan las fronteras espirituanas y “le vendo semilla de malanga a empresas y cooperativas de Mayabeque, Matanzas, Villa Clara y Ciego de Ávila”.

Refiere que la semilla pertenece a una “variedad pura que viene desde el Inivit (Instituto de Investigaciones de Viandas Tropicales), se refresca, se avala, le llevan un expediente, tiene buenos resultados y el Ministerio de la Agricultura me está solicitando ahora envíos a Guantánamo y a otras provincias”.

Revela que dio los primeros pasos en la ganadería, después se fue arrimando a los cultivos varios, en particular a la malanga, y asegura que no quiere deshacerse de ella porque, “si no la siembro “me parece que me falta algo, ya que no la veo solo como vianda, es una medicina; un hospital sin malanga y plátano para hacer una fórmula, no es hospital”.

“No nací sabio”, aclara y sitúa el origen de sus conocimientos en la práctica diaria. “Aprendí de Félix Álvarez, de los Piñero y otras familias con mucha tradición en el campo”.

En la escuela agrícola de Vladimir Abreu ninguna asignatura es nueva y aplica los manuales de siempre; más a simple vista aparecen rasgos peculiares: aprovecha cada palmo cultivable de las cerca de 40 hectáreas bajo su dominio y cada hondonada del terreno para almacenar agua.

“Siembro la malanga intercalada dentro del plátano vianda y obtengo cuatro resultados: el racimo de plátano y el hijo, la malanga para comer y para semilla. Si viene un tiempo malo, algo te queda, con esa inversión nunca lo pierdes todo”.

Poca importancia le da el guajiro al calificativo por el que es conocido en muchas partes de la provincia: el mejor cosechero de malanga de Sancti Spíritus. Sus colegas de la tierra tienen razones para tal bautizo, porque más allá de contratos y planes él ha tenido que asumir las funciones de profesor, tanto que en el territorio espirituano y en otros aledaños no se concibe una acción de capacitación sobre este cultivo, aunque participe el más encumbrado de los científicos, sin la presencia de Vladimir Abreu.

“Me han pedido ayuda en eso y lo hago a gusto porque yo también aprendo mucho en esos intercambios; he llevado mis experiencias a Banao, La Sierpe, Las Llanadas, Yaguajay, Ciego de Ávila y Villa Clara; entre productor y conferencista, me quedo con el campo”.

DESVELARSE POR EL CULTIVO

La versatilidad productiva del campesino no da margen a la duda y este año la vuelve a demostrar: 112 quintales de tabaco, 1 000 de plátano vianda, 600 de frijol, 200 de malanga para consumo y 2 000 para semilla, 1 000 de tomate, 200 de mango y 135 de ajo, los tres últimos renglones con destino a la industria. En el campo se arrima una cosecha de maíz para la sustitución de importaciones, “que no sé a cuánto llegaré porque viene tremenda.

“Si tengo estos resultados es por el colectivo que trabaja conmigo, un personal calificado y conocedor que contrato a través de la cooperativa. Lo demás es amor al campo, convertirte en productor, economista, planificador, desvelarte por cada cultivo”.

¿Qué hacer para resolver el dilema de la comida y el precio?

Buscar economía en la agricultura, producir para el Estado y en grandes cantidades o nunca el pueblo comerá barato; hay que preocuparse por bajar el costo de producción para vender a menor precio; producir de acuerdo con la cantidad de tierra que tiene cada cual, pero tiene que armonizarse el plan con la entrega del recurso a tiempo y que no se atrase el pago al campesino

Es importante rescatar la confianza en el campesino y que el Estado respalde más porque la tierra la dieron para producir de acuerdo a los intereses del país, pero eso lleva el apoyo del recurso.

¿Por qué la malanga tiene poca presencia en el mercado?

El precio es desestimulante para muchos campesinos y no todos están en condiciones de cultivarla; para tener más malanga hay que bajar el precio de los insumos, multiplicar las experiencias, atender mejor el cultivo, aplicar el intercalado y resolver los problemas de la comercialización, cuando la cadena productiva llega a ese punto se mata la cosecha, empiezan los descuentos, a querer comprarte a una calidad menor de la que tiene el producto.

¿Dónde radican los aciertos de la finca El Saine?

En el trabajo, planificar bien cada paso, buscar alternativas ante los problemas que se presenten, no tener áreas vacías y crear reservas de agua; no he escatimado recursos para hacer tranques contando con el apoyo del Estado. Tiene que ocurrir algo muy grande para incumplir un plan; seguiré en la tierra porque no tengo edad ni tiempo para pensar en retirarme y prefiero que me conozcan más que por la malanga, por ser un productor general que entrega la comida para el país y el pueblo.



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