La figura que sí es

sancti spiritus, escritor, literatura, uneac
Julio Crespo, autor de 15 libros. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Julio Crespo se despidió físicamente de la vida, mas las páginas de sus textos acompañarán eternamente a sus lectores

 

Julio Crespo Franciso: Esperando la comezón

Casi me convertí en bandidólogo (+fotos)

 

Las despedidas siempre son tristes y más si el adiós se hace con paso apurado. Así sucedió el pasado lunes, cuando Julio Crespo Francisco dejó físicamente las calles espirituanas que tanto recorrió en su bicicleta o a pie. Mas, como pocas personas, legó en cada recodo de la villa y un poco más allá una huella inigualable que permite escuchar el palpitar de sus letras, nacidas al calor de una motivación. Y es que sus textos variopintos revelan la extraordinaria personalidad de un ser que supo atrapar a casi todos los públicos; récord superior al de ser uno de los escritores más publicados del patio.

“No puedo asegurar que uno de mis libros alcanzó todo lo que me propuse. En la vida se debe ser discreto, apacible. No alborotar mucho sobre las cosas que se hacen”, tal vez fue la filosofía de su vida. A esta hora de recuerdo poco interesa; mas, sí resultó una máxima acuñada, en una entrevista concedida a La pedrada, quizá una de las últimas, antes que su mente se empeñara en olvidar.

Julio Crespo Francisco nació con un don especial. Aunque demoró en descubrirlo por los propios contratiempos de la vida, se sintió pleno cada vez que de su mano brotó una letra hilvanada con otras miles y, de esa forma, pudo sacar a la luz una relación de sucesos, tanto hijos de la verdad como de la ficción.

Hombre jocoso hasta la médula; trabajador y entregado a cada empeño, nunca cejó ante una meta: “Muchos dicen que soy un cabeciduro. Cuando me propongo algo, no lo abandono por nada del mundo. Imagínate si tengo la cabeza dura que un día choqué mi motocicleta con un camión y le jorobé al vehículo su angular de acero”, me confesó una mañana.

Quienes lo conocieron rememoran su debut como bodeguero con solo 13 años en su natal Zaza del Medio; luego vendió tabacos al por mayor; más tarde resultó ser tenedor de libros, interventor, administrador de garaje… hasta que llegó la oportunidad de cursar estudios en Bibliotecología en La Habana, donde quedó prendado con la majestuosidad de las colecciones de la Biblioteca Nacional.

“No me canso de decir siempre lo mismo: los oficios no son buenos, ni malos, los que son buenos o malos son los oficiantes. Mi relación con los libros y las personas me hicieron pensar, ver, acercarme a la literatura. Finalmente me arriesgué a escribir”.

Oportuna decisión que en la década de los 70 evidenció casi al unísono con sus primeros cuatro ejemplares que en el centro de la Cuba había una pluma a la vanguardia del movimiento literario de Sancti Spíritus.

Luego de legitimar su nombre se sintió seguro de adentrarse en uno de los públicos más difíciles: el infantil. Desde entonces, le fue imposible despegarse de él, tanto en las propuestas escritas como en las múltiples actividades que protagonizó en la sala infanto- juvenil de la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena de Sancti Spíritus como en cualquier escenario a donde se le invitara.

“En mi profesión de bibliotecario me di cuenta de que el público infantil era el menos favorecido con relación al número de libros. Nunca he escrito sin pensar en ellos. Los autores que decidan hacerlo deben centrarse en cómo piensan, qué desean y cuáles son sus aspiraciones”, me confesó en aquella última plática interrumpida solo por el placer de sus cigarros.

Pero Julio sintió comezón, como le confesó alguna vez a este semanario, por temas retenidos por el paso del tiempo. Se arropó de un verdadero Sherlock Holmes y se introdujo hasta en los más insignificantes hechos vividos en el mayor lomerío de este territorio, durante las jornadas de lucha armada en esa región, posterior al triunfo de la Revolución. Entre tantos textos, germinados bajo las minuciosas pesquisas Bandidismo en el Escambray (1986), acaparó la preferencia de colecciones institucionales y privadas.

“Casi me convertí en bandidólogo, pero después me querían transformar en un bandidócrata que ofreciera charlas y conferencias por doquier”, alegó a este periódico en una de las tantas conversaciones que tuvo sobre esa faceta como escritor.

Con la llegada de ese volumen Crespo Francisco se había convertido ya para muchas personas en su autor de cabecera. Caso Tamarindo (1977) suscitó lo que pocos creadores han vivido: el buen sabor de ser el padre de un best seller. Con ese texto el género policiaco entró por la puerta ancha en predios espirituanos.

“Estuve en el juicio como espectador en la antigua Colonia Española y después con calma lo llevé a un libro. Indiscutiblemente fue un escándalo. Tengo muchas anécdotas con eso. Un día llegué al correo que estaba abarrotado de personas. Un señor apuntó hacia mí y gritó: ‘Miren, ese es el hombre del Caso Tamarindo’. De pronto, la muchedumbre se me acercó. Entonces tuve que explicar que era el escritor y di una disertación sobre el texto”, me dijo con la sonrisa que le dibujaba en el rostro los avatares vividos.

Enumerar cada triunfo de Julio sería como adentrarse en la historia infinita. Supo por su carácter jovial, afable y humor en ristre ser un buen amigo, tanto del público lector como de quienes abordaron su caminar despacio. En cada encuentro tuvo la gracia de regalar una sui géneris lección.

“Cojo la vida con calma. Pienso en otras cosas. Soy un viejo narizón. Eso no lo puedo tomar como un problema. Me acuerdo de ella nada más cuando me pongo los espejuelos y le saco provecho. Y digo siempre frente al espejo: ¡qué bueno es tener una buena nariz para ponerse los espejuelos en su justo lugar!”.

Por azares del destino, Julio Crespo Francisco apostó por el descanso físico eterno. Dijo adiós con una impronta insuperable porque, sin proponérselo, cada una de sus páginas abre puertas a un viaje de profundo placer hacia el conocimiento.

“Se puede ser famoso de muchas maneras. Ahora, conocido se puede ser de una sola manera. Voy por la calle y me alimenta que me saluden, me digan un disparate. Así me siento orgullosísimo, como si fuera una figura que no soy”.

3 comentarios

  1. gracias por darle tanta alegrias al pueblo de santi-espiritus descansa en paz

  2. Vecino, pariente por afinidad y amigo: presencié el nacimiento de sus principales obras literarias.La enfermedad le secuestró su lúcida mente.Pervivirá en sus libros.Vale eterno.

  3. Sentida e irreparable perdida para la cultura espirituana el fallecimiento de Julio Crespo Francisco, el compañero Julio Crespo, que desanse en paz, aunque deja una fructífera obra y un legado a todas las generaciones en diversos géneros literarios.
    Así que mi más sentido pésame a familiares y amigos.

    A la periodista Lisandra Gómez, !Felicidades por tan buen trabajo periodístico!.

Deja un comentario

Escambray se reserva el derecho de moderar aquellos comentarios que irrespeten los criterios ajenos, ofendan, usen frases vulgares o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.