La otra canasta de Yamara

La estelar basquetbolista espirituana se prepara para un evento de magnitud olímpica: la maternidad

"Si tengo las fuerzas y las ganas de seguir estaré de vuelta", asegura Yamara.
“Si tengo las fuerzas y las ganas de seguir estaré de vuelta”, asegura Yamara.

De todas las canastas anotadas por Yamara Amargo Delgado en más de 20 años bajo el aro, la que está por encestar se inscribe como una de las más certeras.

No la precede la precisión del pívot, ni la puntería de quien se inscribe como la mejor basquetbolista de Cuba en los últimos años; sí, la decisión que se toma en los límites del terreno cuando falta un segundo y encestar vale un partido.

La reina del tabloncillo espera tranquila en casa la llegada de su primer bebé. Ni qué decir que, con unas Olimpiadas al doblar de la esquina y un torneo donde se buscaría la última opción de boleto, a la familia del baloncesto le cayó el típico cubo de agua fría.

Pero la biología no suele dictar reglas aparte para las mujeres deportistas, esas que por lo general tratan de pegarse al límite de la edad para concretar el sueño de toda fémina. A punto de cumplir 31 años, Yamara picó dos veces la pelota y tomó la decisión de su vida, cuando un malestar inusual la sorprendió en medio del entrenamiento.

“Todo surgió de repente, estaba entrenando y sentí un mareo que no es común en mí, seguí haciendo las pesas y me volvía el mareo, hablé con el médico, me hice un test de embarazo, me dio positivo y me hicieron un ultrasonido. Ya tenía 13 semanas”.

Y llegó la confusión de sentimientos para quien desde los nueve años entró a una cancha de básquet y durante 13 fue puntera en la selección nacional, con títulos del tamaño de unos Juegos Panamericanos, Centroamericanos, Copa América o reconocimientos individuales como la Jugadora Más Valiosa en diferentes eventos y el que la distinguió por dos años consecutivos como la mejor deportista cubana en disciplinas colectivas.

“Era como un proyecto que se fue aplazando y aplazando porque casi siempre mi embarazo coincidía con las competencias fundamentales —relata—. Me sentí triste porque no iba a seguir tirando un poco más de pelotas, que es lo que más me gusta, y contenta a la vez al saber que estaba embarazada”.

A su alrrededor, las muchachas que se alistaban para el preolímpico de Brasil sintieron quizás la misma confusión y hasta el mismo Alberto Zabala, el hombre que la guía hace años por los contornos del mundo, sacó rápido las cuentas.

“Me dolió mucho ver a las muchachitas porque ellas querían que fuera a buscar el boleto olímpico —explica Yamara—. El profesor no estaba muy contento, luego comprendió porque somos mujeres y tenemos derecho a ser madres. Quizás mucha gente piense que no lo obtuvieron porque no estuvo Yamara, pero no creo que sea así porque ellas cada día se preparan mucho. Eran equipos difíciles, no consiguieron ganarles, pero hay que seguir pa’lante que es lo que nos toca”.

Hasta el club venezolano con el que hace unos meses ganó el título de la liga profesional sintió la noticia del embarazo de quien en pocas jornadas de intercambio dejó una huella agradable.

“Dos días después de enterarme de que estaba embarazada me mandaron un mensaje desde Venezuela para preguntar si estaba lista para retomar la liga de clubes a punto de empezar, pero les mandé un mensaje de que no podía ir por el embarazo. Me dijeron que era una pena, pero me felicitaron porque ser madre es una bendición”.

Y sí que lo es como premio para quienes por una medalla o un aplauso sacrifican años o posponen planes personales. Sentada así con aquella “pipa” que anuncia sus cinco meses y varias libras de más, Yamara luce extraña y cualquier rival se arriesgaría a un gardeo sin tantos forcejeos.

“Estoy impaciente porque después de tantos años, estar sentada aquí viendo televisor, cuidando del embarazo, comiendo cosas que no podía comer anteriormente, no es fácil; pero estoy mucho más tranquila, físicamente me siento bien y el médico me ha dicho que todo marcha sin problemas”.

En medio de la sala, diplomas, medallas y fotos la transportan por los tabloncillos. Un hálito de nostalgia se escurre en el diálogo y la mirada se detiene bajo el aro.

“Es duro porque tienes doble decisión: o seguir o ser madre, uno llega a cierta edad y tiene que decidir y esta es la que tomé. Es mi primer hijo. Si tengo las fuerzas y las ganas de seguir estaré de vuelta. Todo depende de cómo quede después del parto, pero creo que voy a seguir tirando pelotas y oirán de Yamara otra vez”.

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