La semilla de El Algarrobo

El centro politécnico Enrique Villegas se distingue en el contexto educacional trinitario por la formación integral del alumnado

La escuela está declarada centro cultural más importante de la comunidad.
La escuela está declarada centro cultural más importante de la comunidad.

 

La Historia late en El Algarrobo; la estancia del Che cerca del asentamiento en aquellos días de la guerra mantiene viva la huella de su ejemplo; pero la llegada allí de Fidel a finales de la década del 60 del siglo pasado y su visita al naciente seminternado de Primaria, parece un hecho para no olvidar y que los viejos y nuevos habitantes del caserío guardan como el tesoro social más valioso de la zona.

Entonces despertaba el desarrollo en la montaña, era la época de los planes agrícolas, las nuevas comunidades y escuelas, de los puentes y caminos que llevaron progreso y bienestar a esos apartados rincones que antes apenas figuraban en los mapas por la irregular topografía.

El otrora seminternado de Primaria ha vivido las diversas transformaciones educacionales y desde 1990 proyectó su formación hacia la enseñanza politécnica, convirtiéndose en la actualidad en el único plantel de perfil agropecuario en el municipio de Trinidad, una escuela imprescindible si de asegurar matrícula a las zonas rurales de trata.

El hoy llamado Centro Politécnico Enrique Villegas siembra las semillas del futuro laboral trinitario en los perfiles de técnico de nivel medio en Agronomía, Veterinaria, Forestal y Agricultura de montaña; y de obrero calificado en las áreas de elaboración de alimentos, carpintería y belleza.

PRIORIDAD RURAL

“Se ha buscado la manera de acercar al estudiante al lugar donde reside”, sentencia Pedro Suárez Duardo, director, para ilustrar la preferencia dada a la futura ubicación del egresado y añade que desde el curso 2005-2006 se ha tenido presente desde la matrícula la necesidad laboral de ese sitio.

En palabras del director se trata de una política de flexibilización que garantice al graduado esa ubicación, algo que ha sido posible por la interrelación de trabajo entre la escuela y las entidades del territorio y a modo de ejemplo expone un caso: “Tuvimos una estudiante de Condado que realizó la práctica en la UBPC Sabanilla y ella misma pidió quedarse allí”.

En el presente curso más del 80 por ciento de la matrícula —98 alumnos— proviene de áreas rurales, en tanto, trabajan en los ingresos del próximo período académico, para el cual reportan, hasta marzo, cerca de 80 jóvenes captados, señala Juana Jiménez Padrón, secretaria docente.

Pese a la alejada ubicación, el politécnico exhibe aciertos como los eventos puertas abiertas que realizan dos veces al año; también las ferias docentes agropecuarias que incluyen exposiciones y clases demostrativas, espacios donde los estudiantes demuestran sus habilidades y conocimientos.

“Con esas ferias nos vamos más allá de lo previsto —suscribe el director—, es una manera de extender la participación comunitaria y familiar, de que se conozca mejor la escuela y de favorecer los procesos de matrículas. Este año vamos a las secundarias con los alumnos para que ellos mismos intercambien y expliquen sobre las carreras y su aprendizaje; será una formación vocacional más abierta y efectiva”.

ESCUELA PARA LA VIDA

En un claustro que aglutina a ocho másteres y 17 licenciados y evidencia probado sentido de pertenencia, nadie mejor que Juana Jiménez para opinar sobre el centro al que llegó con 19 años en 1980. Pese a vivir en Condado, no se imagina lejos de El Algarrobo; mucho menos de la escuela y, aunque lo intenta, apenas le salen las palabras; las lágrimas se encargan de sellar ese compromiso con el magisterio.

“Cuando la familia se hace partícipe de la formación de sus hijos

—alega Juana— los resultados son mejores; este curso ha sido maravilloso, no soñaba con una asistencia y retención tan buenas, puedo decir que el politécnico está en su mejor momento. ¿Inconformidad?, crecer en el número de estudiantes, existe base material y capacidad de albergamiento, actualmente la matrícula representa un 40 por ciento de las posibilidades del centro”.

Daniela Escobar Torres, alumna de primer año de Agronomía, revela que su preferencia por la profesión nace del seno familiar, su mamá trabaja en una finca en esa zona perteneciente al Plan Turquino trinitario.

“M enseñan bien —describe Daniela—, conocemos los cultivos y técnicas puntuales en el café como la regulación de sombra, por eso las prácticas me gustan más. Mi mamá quería dejar la finca, la convencí de no hacerlo, si yo estoy estudiando puedo ser su relevo”.

Wilber Fonseca, Leidiani Aguirre, Denia Pupo y Juan Carlos Bello apuntan motivos para formarse en los perfiles agrícolas a la vez que reconocen la utilidad de estas profesiones.

“Yo quise estar aquí y hacer las prácticas en la finca La Gloria, aprender sobre el cultivo de café”, expresa Leidiani; mientras Juan Carlos manifiesta que de cuando empezó la carrera de Agronomía a la fecha se siente diferente; “era tímido y he cambiado, ahora dirijo la FEEM en el centro, siento que la escuela me está preparando para la vida”.

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