Los “alambiqueros” del Tuinucú

Un know how criollo que tiene tanto de ciencia y de tecnología como de saberes acumulados decide la suerte de los mejores alcoholes que se fabrican en Cuba

 Desde hace casi 30 años en Tuinucú se obtiene gas carbónico. (Foto: Vicente Brito)
Desde hace casi 30 años en Tuinucú se obtiene gas carbónico. (Foto: Vicente Brito)

Que en los últimos siete años no haya sido preciso reemplazar a ninguno de los operarios que laboran en las áreas de fermentación, destilación, calderas y mieles, explica en buena medida algunos de los misterios que desde hace mucho tiempo ronda la calidad de los alcoholes producidos en la unidad empresarial de base (UEB) Derivados, de la Empresa Azucarera de Sancti Spíritus, antigua destilería Paraíso.

La curiosidad quizá no se recoja explícitamente en ninguno de los sistemas estadísticos que se llevan en la industria, pero José Pernas García, el jefe de producción de la planta, está convencido de que más allá de la calidad de la materia prima o del rendimiento de la tecnología empleada aquí, lo que en realidad decide la primacía de las producciones derivadas son los hombres que se alistan en su nómina, el respeto a las normas, la disciplina tecnológica y esa cultura invisible que se ha ido cocinando década tras década.

Si se considera su papel en la exportación, la garantía de materias primas a otras fábricas y el creciente aporte al mercado interno minorista, la industria instalada en el poblado de Tuinucú resulta en estos momentos un eslabón imprescindible para el mundo de los derivados del azúcar en el país.

Hombres como Angelito Vázquez, que han visto con propios ojos la evolución de la destilería “desde que era un chinchal hasta hoy”, y jóvenes talentos como el ingeniero Joaquín Obregón, no ocultan el orgullo que representa para el colectivo corresponder con sus producciones los pedidos de consumidores tan exigentes como Havana Club In­ter­nacional, Suchel Camacho S. A. o el Cen­tro de Ingeniería Genética y Biotec­nología.

Tuinucú entrega habitualmente una am­plia gama de alcoholes que van desde el Rec­tificado —el 80 % se destina a la exportación y el resto se comercializa con el Mi­nisterio de Salud Pública—; el fino, para la fabricación de bebidas y licores; el flema, distribuido como combustible doméstico a través de la canasta básica, y el aguardiente, que se usa como caldo en las roneras de AzCuba.

La planta produce también toda la gama del ron Santero, levadura y desde hace casi 30 años gas carbónico, derivado este último de uso industrial extendido, que está siendo sometido a un proceso continuo de mejoramiento para su empleo en la industria alimenticia, específicamente de cervezas y refrescos.

UN PROYECTO ARTESANAL
La presencia de la industria azucarera y sus derivados en los predios de Tuinucú se remonta a inicios del siglo XIX, cuando ya hacia 1804 el ingenio, que toma su nombre del río más cercano y este a su vez de un cacique de la zona, había adquirido cierto prestigio económico entre sus competidores.

Don Justo Germán Cantero, Gentil­hom­bre de Cámara de Su Majestad y Alférez Real de Trinidad, lo sumó a sus prolíferas posesiones en 1825 tras comprarlo a Don Tomás Padilla y tiempo después pasó a ser patrimonio de la familia Rionda, norteamericanos de origen español que lo mantuvieron en su inventario hasta agosto de 1960, cuando fue intervenido por el gobierno revolucionario y renombrado como Melanio Hernández.

Para extraer los alcoholes contenidos en las mieles de la antigua Tuinucú Sugar Com­pany, propiedad de los Rionda, ya en julio de 1944 se habían montado los primeros alambiques que según pesquisas bastante bien fundadas sirvieron para abastecer de alcohol a las tropas norteamericanas que por entonces combatían en la Segunda Guerra Mundial.

Aquel proyecto artesanal de 1944 fue en­sanchándose poco a poco con la creación de una planta de levadura saccharomyce (1957); el inicio de la producción de gas carbónico (1989); la creación de una base energética independiente (1991); la ampliación de las capacidades de formulación, añejamiento y envasado de ron (1996);  la construcción de la planta de tratamiento de agua por ósmosis inversa (2001) y la obtención de alcohol extrafino a finales de la primera década del actual siglo.

Además del crecimiento de su infraestructura y de la diversificación productiva, la destilería dispone hoy de lo que Aleida Martínez, especialista del centro, y José Pernas, jefe de producción, celebran como una fortaleza mayor: el capital humano reunido en todos estos años, en el que se mezclan cincuentenarios de la industria azucarera, más de una decena de ingenieros químicos y valiosos técnicos y operarios, para quienes, según dicen, no hay imposibles.

Ocho de las 11 producciones certificadas con que cuenta la provincia de Sancti Spíritus se obtienen en la destilería de Tuinucú, una correlación que ilustra de manera tácita la preocupación del equipo por la calidad e inocuidad de sus surtidos, frente donde según Mabel Salazar, su responsable, “no se termina nunca”.

LA INDUSTRIA QUE VIENE
Tuinucú arrancó su zafra de 250 días con más de una semana de retardo por falta de mieles y por los requerimientos medioambientales que debió completar, pero a esta altura del calendario no solo descontó el rezago inicial, sino que ha sacado de ventaja más de una quincena.

Además de lo que significa en materia de eficiencia cumplir a inicios de agosto lo que estaba previsto para el 24 de septiembre, el adelanto le asegura mayor disponibilidad de tiempo para asumir el programa de inversiones, algunas de las cuales habían tenido que aplazar como son los casos de la terminación de la conductora para el abasto de agua y las soluciones para el tratamiento de los residuales.

José Pernas, sin embargo, reconoce que la verdadera metamorfosis de la destilería está prevista para el 2017, cuando se prevén inversiones millonarias para el incremento de la capacidad de procesamiento —de 700 hectolitros de producción final se llegará a 1 000 en una jornada— y la rehabilitación de la planta de gas carbónico.

“Estamos apostando además por un proyecto de oportunidades con Tecnoa­zú­car —explica el jefe de producción— con vistas a ampliar la capacidad de añejamiento des­de ocho hasta 15 toneladas, lo cual permitiría incrementar la producción a más de 600 000 cajas de ron al año”, un empeño que, llegado el momento, solo requeriría de materia prima suficiente porque, como se sabe, los saberes o las maneras secretas para hacer bien las cosas, ese know how manigüero que tiene de ciencia y de potrero, lo ponen y muy bien, los hombres de Tuinucú.

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