Mi guerra fue contra las minas

Expresa el combatiente internacionalista Carlos Lorenzo González Mayo, quien participó en 54 acciones de desminado del terreno en el sur de Angola

1)Carlos nos ofrece una página de la heroica epopeya combativa protagonizada por miles de combatientes cubanos en Angola.
1) Carlos nos ofrece una página de la heroica epopeya combativa protagonizada por miles de combatientes cubanos en Angola.

Cuando el joven recluta de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Carlos Lorenzo González Mayo arribó a la hermana república de Angola, el 24 de septiembre de 1987, apenas tenía 18 años. Instalado de inmediato en la panza de un helicóptero, ese propio día fue trasladado de Luanda para Cahama y desde allí para Cuito Cuanavale.

“Ya las tropas cubanas y de las FAPLA habían derrotado todos los intentos de la Unita, con ayuda del Ejército Regular de Sudáfrica, para apoderarse de ese poblado y de la ciudad de Huambo, con el objetivo de dividir el país en dos y formar un gobierno en ese lugar, apoyado desde el exterior.

DEFENSOR DE CUITO CUANAVALE

“Desde mi llegada a Cuito Cuanavale, junto a otros compañeros, me integro como zapador al 33 Grupo Táctico Independiente y, de hecho, dejo por sentado que mi misión durante los 25 meses y medio que permanecí en el sur de Angola fue un duelo permanente contra ese enemigo tenebroso y traicionero que son las minas,  exageradamente potentes, esas que los zapadores de la Unita colocaban en los caminos para ocasionarle bajas a las tropas cubanas y que, durante la exploración que nos correspondía hacer debíamos desactivar”, aclara Carlos Lorenzo.

“Los zapadores generalmente trabajábamos en pareja, con apoyo de varios infantes. Si en una ocasión desactivábamos 10 minas en el mismo lugar, eso constituía una sola misión combativa para nuestra especialidad. Yo acumulé 54 de esas misiones y por eso me condecoraron con la medalla Combatiente Internacionalista de Primera Clase. Anteriormente, a los seis meses de misión, me habían entregado la medalla Heroico Defensor de Cuito Cuanavale” relata.

MISIÓN EN TERRENO MINADO

“Recuerdo que el enemigo utilizaba minas norteamericanas muy modernas. Una sola de ellas podía aniquilar un pelotón completo de 25 hombres. Cuando explotaba tenía un radio de acción efectivo superior a los 50 metros cuadrados.

“Cumplíamos misiones muy riesgosas porque los hombres de la Unita eran exagerados en la colocación de minas y, como se sabe, el zapador se equivoca una sola vez y pierde la vida. Ellos eran al mismo tiempo muy brutos, porque dejaban indicios que nos ayudaban a detectar los lugares minados.

“En los últimos meses hacíamos una exploración diaria de Huambo a Cruceiro. Una tarde fuimos a llenar la pipa de agua a unos 17 kilómetros de nuestra unidad y al llegar al lugar observamos una espiga de maleza partida en el suelo, que no estaba allí cuando dimos el primer viaje por la mañana. En la parte de abajo de las vigas de acero donde tenía que situarse la pipa para cargar el agua detectamos el fango movido y cuando revisamos nos encontramos tremenda mina.

“Por la cantidad de explosivos colocados allí, comunicamos el incidente al Grupo Táctico y no nos autorizaron a desactivarla. La orden fue tajante: ‘No arriesguen sus vidas. Vuelen ese lugar y regresen’. Le colocamos una carga de TNT a detonar por tiempo y cuando nos retirábamos, a nuestras espaldas vimos las vigas de acero volando por el aire.

“Me viene a la mente otra misión muy riesgosa que cumplimos mi compañero, el también zapador espirituano Ridel Ruiz Ramos, y yo.                     Nos correspondió explorar el camino por donde se desplazaría una caravana compuesta por cuatro piezas móviles de artillería reactiva BM 21, varios obuses de mortero y carros con infantería.

“El desplazamiento tenía que ser con tal rapidez que el coronel que iba al frente de la tropa optó por marchar junto con la exploración, al lado de los zapadores, exponiendo su vida. Afortunadamente el terreno no estaba minado y se logró destruir la base de la Unita compuesta por unos 20 000 efectivos”.

EPÍLOGO

La guerra es traumática y Carlos Lorenzo no olvida aquel momento en que los zapadores de su unidad se encontraban minando el perímetro defensivo de la nueva posición ocupada, cuando uno de sus compañeros cometió un error y la mina que él mismo acababa de poner detonó y le destrozó las dos piernas.

Pero él prefiere concluir este diálogo con las dos mayores satisfacciones de su vida: “Haber contribuido con mi modesto aporte a la paz que hoy disfruta el hermano pueblo angolano; y, por otra parte,  haber tenido la dicha de formar mi familia de la que nacieron tres hijos, con una combatiente del Ministerio del Interior”, institución en la que él lleva 24 años como trabajador civil.

One comment

  1. … se logro destruir la base de la UNITA compuesta por 20,000 soldados !!!!, Carlos esa cantidad es todo un ejercito, pudieras puntualizar, tengo dudas. Gracias.

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