Miravalles, adiós a un gigante de la cultura cubana

El reconocido actor Reynaldo Miravalles atesora una vasta trayectoria en el cine que incluyó clásicos como Las 12 Sillas, El Hombre de Maisinicú o Los Pájaros Tirandole a la Escopeta

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Miravalles siempre dejó claro que podía vivir en cualquier país del mundo, pero su Patria era Cuba.

Ya no hay historias para los viejos, me confesó sin amarguras Reynaldo Miravalles la lluviosa tarde que recibió a Prensa Latina en su casa del Vedado habanero, la misma donde este 31 de octubre falleció a los 93 años de edad.

Por entonces era noticia su regreso a casa, para filmar justamente una película centrada en la tercera edad, la última en una vasta trayectoria que incluyó clásicos como Las 12 Sillas, El Hombre de Maisinicú o Los Pájaros Tirandole a la Escopeta.

Esther en alguna parte significó su reencuentro con el cine cubano, asumiendo ya nonagenario el personaje que Gerardo Chijona concibió siempre pensando en él, en su carisma y esa expresividad gestual cada vez más rara, y por ende, valiosa.

‘Nadie va al cine a ver a la tercera edad, ni siquiera los americanos. Esta película estaba hecha para nosotros, y le agradezco a Chijona haberse acordado de mí’, me comentó el intérprete, sin saber aún cómo sería recibida la cinta.

El éxito fue total, más allá de la calidad de la historia y la realización, pues tocó fibras sentimentales de una nación que creció venerando al intérprete de otros personajes memorables, como Melesio Capote o el rancheador Domingo Carmona.

La noche de la premier fue ovacionado en el capitalino Cine Chaplin como el gran campeón que fue, y al año siguiente el Festival del Nuevo Cine Lationoamericano lo honró con el Premio Coral de Honor por su aporte a la cultura nacional.

Se fue, sin embargo, sin recibir un más que merecido Premio Nacional de Cine, si bien ganar tal galardón nunca le quitó el sueño, porque se sabía querido y respetado por el público y sus colegas del gremio.

Aquella tarde habló del guajiro Melesio y cómo lo concibió filmando en la sierra del Escambray, de su pasión beisbolera de almendarista convertido al industrialismo, y del placer de sentirse un ser humano normal, un cubano sencillo.

Conocido por su versatilidad, señaló que cada papel entraña un conflicto, una actitud que le toca al actor desentrañar, y en el caso de ‘Esther…’, la película estaba tan bien escrita, que le fue fácil de aprender, y la conversación fluye.

Tras una década viviendo con su familia en Estados Unidos, Miravalles venía con cada vez mayor frecuencia a su tierra natal, porque siempre dejó claro que podía vivir en cualquier país del mundo, pero su Patria era Cuba.

De hecho, aquí nació y aquí murió, aunque vivirá por siempre en tantos personajes que forman parte del imaginario popular y la educación sentimental de generaciones de cubanos, que hoy lloran a un auténtico titán de la cultura nacional.

One comment

  1. Un gran actor, el gran actor cubano diría. Soy de esa generación que creció admirando y venerando su obra. Siempre es triste decir adios a los grandes.

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