Por qué firmamos

“Usted preguntará por qué cantamos…”, reza en una de sus partes la canción de la trovadora Sara González en la que evoca todo lo que se admira de Cuba y de sus héroes. Y el rosario de razones que siguen llegan al alma de quienes las sienten. La voz de Sara cala hondo, como sus ideas.

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Pobladores humildes de pueblos y ciudades firman su compromiso con el concepto de Revolución. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

El mundo, de seguro, se pregunta ahora mismo qué refrendamos los cubanos en estos tristes días que han sucedido a la partida física de Fidel Castro Ruz  cuando miles, decenas de miles, cientos de miles, con el bolígrafo en la mano y el pecho henchido de emoción estampan su firma en una de las hojas de esos tantos libros habilitados para acuñar, solemnemente, el concepto de Revolución esbozado por él el primer día de mayo del año 2000.

Por eso coloco en el colimador de mi lente periodístico el párrafo completo que leyó aquel día, con casi solo comas y puntos y comas, como para dejar claro que se trata, en resumen, de una sola idea. Revolución es, dijo Fidel, sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas, es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos…

 Solo hasta ahí resulta suficiente como para pensar en la manera de hacer cumplir sus postulados. No aferrarse a los dogmas porque sí, sino ubicar cada cosa en el contexto, como lo pidió el Comandante, y respetar a todos por igual y saberlos y sentirlos libres de hacer y de decir, sin que ello signifique asestar la puñalada a la Revolución que nos legaron muchos, con él como paradigma.

Cuando habla de emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos, y de desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional, habla de independencia sin injerencia externa y de lucha contra lo que amenace la consumación de los propósitos más nobles que han inspirado a los cubanos desde el inicio de nuestras guerras redentoras, esté dentro o fuera de las fronteras nacionales.

“…es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio”, lo mismo que hizo él siendo un adolescente, pero con un escenario diferente en el que hay mucho conquistado y por preservar; mucho también por conquistar en ese empeño de formar hombres como los que esbozaba el Che en sus escritos y discursos. Recordemos al propio Fidel cuando se preguntaba cómo queríamos que fueran nuestros hijos y se respondía: que sean como el Che.

“…es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo”, proseguía en su definición. Ello habla de cualidades personales que pocas veces se combinan en un mismo ser. Y no vienen a la mente muchos paradigmas como no sean él mismo y algunos otros grandes hombres.

 “…es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas”, afirmaría, en una exhortación a desterrar la mentira como recurso, por noble que sea el fin. Y una suerte de reafirmación de aquella idea martiana que solía repetir: “Un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”, en alusión al poderío que acompaña los ideales más preclaros.

Haciendo un único aparte, Fidel definía el término del modo siguiente: “Revolución es unidad, es independencia, el luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”. En ese segundo párrafo de la idea, el líder histórico del proceso revolucionario cubano deja claras las dos primeras condiciones, como elementos excluyentes de todo cuanto se les oponga: ser independientes y estar unidos. Y agrega lo que hemos venido haciendo desde hace muchos años como algo esencial: abrirnos al mundo para compartir lo mejor de nuestras conquistas.

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