Sancti Spíritus: la pintura más longeva

Un retrato del padre Silvestre Alonso y Muñoz realizado por el pintor inglés Santiago Sawkins es —con casi total seguridad— la obra pictórica más antigua que se conserva en la villa del Yayabo

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Santiago Sawkins fue contratado para reproducir un retrato en mal estado del desaparecido clérigo, de cuya muerte hacía entonces 80 años.

Desde el vetusto lienzo cubierto por un fondo gris, desvaído, se aprecia —tenuemente también— la figura de un hombre ya maduro en sus hábitos sacerdotales que un artista inglés llegado a Sancti Spíritus allá por la cuarta década del siglo XIX convirtió en arte.

Santiago Sawkins, que así se llamaba ese pintor prácticamente desconocido en su país, donde las antologías recogerían luego más de 300 nombres de sus contemporáneos británicos notables de la paleta y los colores —encabezados por consagrados como William Hogarth y Thomas Gainsborough, autor del antológico Niño azul—fue contratado para reproducir un retrato en mal estado del desaparecido clérigo, de cuya muerte hacía entonces 80 años.

De manera que, inspirado en el óleo que le sirvió de modelo, Sawkins reprodujo los rasgos de aquel hombre todo amor y benevolencia, que sumaba a esas cualidades la de ser un activo promotor de obras de fe y de utilidad pública, el cual contaba a su favor con el respaldo de la Iglesia Católica como institución y una cuantiosa fortuna familiar para financiar sus proyectos.

Nacido en rica cuna el 31 de diciembre de 1670 en la villa del Yayabo, en el currículo de Silvestre Alonso aparece que abrazó por vocación la fe católica y que, enviado a estudiar sacerdocio en el seminario de San Basilio, en Santiago de Cuba, de donde trae, ya graduado a su terruño, el culto a la Virgen de la Caridad, impulsa la creación en 1717 de la Ermita de ese nombre convertida años después en la iglesia que conocemos hoy.

Alonso y Muñoz fue designado a su regreso de la segunda capital de la isla, como Cura Coadjutor, una especie de inspector-coordinador de la labor de la institución religiosa, en cuyo desempeño mucho se destaca en el impulso de iniciativas en favor de los segmentos más pobres de la población espirituana, lo que le avala para que, tiempo más tarde, se le nombre Vicario y Juez Eclesiástico.

Si se fuese a justipreciar desde el punto de vista laico, el padre Silvestre Alonso fue, más que todo, un benefactor de la villa y sus habitantes, pues también auspició la construcción del Hospital de San Juan de Dios, en la confluencia de las calles Frank País y Luz y Caballero —apelativos actuales— que comienza a prestar sus servicios en 1712 y fue el primero de la localidad, y el convento de San Francisco (1716) en la parte noroeste de lo que luego sería el parque Serafín Sánchez.

No fue Santiago Sawkins un pintor brillante, sino un individuo que sabía mover medianamente bien los pinceles y que también era dibujante y litógrafo, quien en ocasión de su viaje a Cuba allá por 1840 se llegó a Sancti Spíritus y consiguió, entre otros encargos de particulares, uno institucional consistente en el referido retrato del padre Alonso, fallecido el 28 de septiembre de 1773.

consigna en una investigación la especialista Paula Betancourt, no había por entonces retratistas de categoría en la villa y más allá, por lo que a menudo esas obras eran encargadas a pintores de otras latitudes, principalmente europeos, y entre ellos a españoles, franceses, italianos e ingleses.

La obra en cuestión, por no ser Sawkings un consagrado, no posee la relevancia artística que merece la personalidad del fraile Silvestre Alonso; pero, precisamente por tratarse de un retrato de ese espirituano tan querido, atesorado hoy en la Iglesia Mayor de Sancti Spíritus, al cabo de casi dos centurias suma el valor del tiempo, porque en el arte los años acentúan la valía, tal como el añejamiento hace al buen vino.

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