Sancti Spíritus: Por los caminos de la lectura

Aunque el sistema de bibliotecas públicas en Sancti Spíritus es reconocido a nivel de país como uno de los mejores en el trabajo de la promoción de la lectura, aún queda mucho por hacer

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La lectura complementa la educación de las más jóvenes generaciones. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

 “Había una vez una niña con el pelo tan negro….”, cuenta la joven bibliotecaria Yelmis Cobo Lorenzo mientras hace suyo el pequeño espacio de la sala infantil y juvenil de la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena de Sancti Spíritus. Solo su voz se escucha, mientras los rostros de Lauren, Alex Daniel, Thiago, Amanda y Joiver siguen atentamente cada una de sus pausas, suspiros, cambios de tono y movimientos. Ella consigue crear un mundo donde la fantasía se entrelaza con la realidad.

“Para lograr que ese grupo etario se interese por la lectura, una herramienta vital para su formación integral, debes enamorarlos con actividades que sean de su interés y agrado. En los primeros años las narraciones de cuentos, adivinanzas y presentaciones de láminas con muchos colores resulta esencial porque, cuando terminas, te piden de forma espontánea ir al libro a buscar más historias”, relata desde su experiencia.

Como ella, el resto del colectivo del sistema de bibliotecas públicas en Sancti Spíritus apuesta por promocionar en cada una de sus acciones planificadas los textos que forman parte de las colecciones. Y es que se han trazado el reto de revertir una realidad, que desde hace años, han confirmado varias investigaciones científicas: de forma general, la lectura no acompaña usualmente a los seres humanos.

Entre sus causas se destacan las de índoles social, cultural y educativa, a pesar de que el Programa Nacional por la Lectura involucra la mayoría de las instituciones y organismos y desde allí se definen las estrategias a seguir.

No obstante, de acuerdo con Misbel Zamora Cruz, subdirectora de la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena, el día a día ha demostrado que una de las principales responsables de esa realidad recae en la labor del bibliotecario, como profesional capacitado para fomentar el placer y el disfrute por los libros.

“Insistimos mucho en la superación del recurso humano porque el espacio de promoción de la lectura no puede quedar solo en la realización de una actividad con ese objeto social. Para ello, ofrecemos talleres, encuentros, donde se intercambia sobre la metodología para hacer nuestro trabajo con calidad en todo momento”, añade.

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Para Yelmis Cobo Lorenzo en esta labor resulta esencial reconocer los intereses de los diferentes públicos.

Aunque en papeles y en la práctica tal proceder se materializa en esta provincia, reconocida a nivel de país como una de las mejores en la labor de promoción de la lectura, la fluctuación del personal en el sistema de bibliotecas públicas, fundamentalmente por los bajos salarios, impide que siempre se cuente con un profesional con dominio de la colección que resguarda y sus autores.

“Hay que conocer el tipo de usuarios que frecuentan la institución para cuando interactúen, la comunicación fluya y se pueda persuadir con una propuesta que satisfaga su interés”, reconoce Zamora Cruz.

MÁS ALLÁ DE LA BIBLIOTECARIA

En esa misma cuerda de pensamiento, Greten Blanco Montesinos, especialista de Relaciones Públicas en la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena, explica que se planifican no menos de 30 actividades al mes.

Entre ellas se distingue Hablemos por el camino de la vida, donde se intercambia con especialistas sobre las consecuencias del consumo de drogas y el hábito de fumar. Su público meta: el juvenil muestra mucho interés por ampliar sus conocimientos sobre ese asunto y la educación sexual.

“Nos auxiliamos de diferentes convenios de trabajo con el Ministerio de Educación y el de Salud Pública, no solo para servirnos de su personal experto en materias muy específicas, sino porque en centros como escuelas u hogares de ancianos realizamos nuestra labor extensionista”, dice Greten.

Pero no en esos los lugares la promoción toca sus puertas fuera de la biblioteca; también se trabaja en comunidades de difícil acceso y en las prisiones.

“De esa forma, además de llevarles a la mano los textos a los lectores potenciales, enriquecemos los fondos de esos lugares, en su mayoría, muy deprimidos”, aclara Zamora Cruz.

Otro método que ha dado frutos en la experiencia espirituana ha sido el protagonismo de escritores e investigadores del patio en las actividades.

“A la sala general de nuestra institución llegan muchos jóvenes interesados en la investigación, por lo que han sido muy bien acogidos los diálogos realizados con María Antonieta Jiménez Margolles, Historiadora de la Ciudad, quien este año, precisamente, como resultado de ese proyecto, recibirá el Premio Sendero de Luz, por ser la escritora más leída”, explica Irina Gallegos Fernández,  experta bibliotecaria.

DONDE NACE EL GUSTO

Varias investigaciones han demostrado que el seno familiar resulta la base esencial para la formación del futuro ser social. La toma de conciencia de cuánto influye la lectura, principalmente en las más jóvenes generaciones, resulta primordial.

Bajo esa máxima, se creó la bebeteca Mi pequeñuelo, la cual es dirigida al público infantil de menor edad y que precisa, por tanto, la presencia de un familiar.

“Quienes los acompañan forman parte de la actividad. No solo se narra un cuento, sino que hacemos juegos de participación. Al concluir ellos reconocen la importancia de ese intercambio porque sienten que sus descendientes se interesan por la lectura”, relata Yelmis Cobo.

También sucede que, a pesar de que la edición de la Feria Internacional del Libro permite ampliar las colecciones de cada una de las bibliotecas, no siempre están todos los libros requeridos por los usuarios. Desde hace un tiempo, en la sala infantil y juvenil se sufre la poca presencia de ejemplares de los autores del territorio.

Igualmente, corre cual secreto a toda voz que las modernas tecnologías, como todo lo nuevo, se roba la atención, principalmente, de la juventud. Hoy urge insertarse en esos soportes, otro reto para el sistema de bibliotecas públicas espirituanas cuando no cuentan con todas las condiciones necesarias.

“Lamentablemente, no tenemos el número suficiente de computadoras. En las salas que sí hay, se pueden solicitar textos en formato digital que guardamos en la red”, concluye  la subdirectora de la Rubén Martínez Villena.

Sin duda, resulta un serio desafío hallar los caminos para que la lectura logre coexistir con los atractivos tecnológicos de la vida contemporánea. Mientras tanto, corresponde a varios factores como la familia y el sistema de bibliotecas evitar que leer se convierta en un hábito perdido.

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