Periódico de Sancti Spíritus

Caleb Casas: Cada noche uno sube a escena a remover fibras emotivas que duelen

El reconocido actor cubano dialoga con Escambray a propósito de su más reciente estreno: Diez millones, de Carlos Celdrán

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Caleb Casas interpreta el personaje de Padre en Diez millones.

Por fin consigo la entrevista: Caleb Casas y su compañera Susana Pous me reciben en su residencia de Miramar. Caleb es un actor cubano de los más mediáticos en el cine y la televisión (El elegido del tiempo, Los descamisados, Memorias de un abuelo, entre otros). Luego de siete años viviendo en Bogotá, Colombia, país donde continuó su carrera haciendo telenovelas y series de televisivas, regresó a Cuba para rodar una película y, además, para formar parte del elenco de Diez millones, con Argos Teatro.

Me llama la atención lo poco que se habla de su consagración en el teatro. Excepto la crítica especializada, que lo ha localizado como un actor de trayectoria híbrida y a la vez sólida, con resultados palpables en el panorama teatral cubano. El público que lo reconoce en la pequeña y en la gran pantalla, tanto dentro como fuera de la isla, no lo visualizan con facilidad en el teatro. A propósito, Escambray dialoga con el actor.

Una cuestión básica: ¿cómo te inicias en la actuación?

En una serie infantil hace 30 años. En uno de esos castings masivos que se anunciaron por televisión, mi madre me cogió de la mano y me llevó, porque ella entendía que a esa edad tenía condiciones. Fue como una epifanía. Me presenté al casting, eran como 2 000 niños con sus padres, se hicieron varias selecciones, hasta quedar solo los dos personajes principales. Uno de ellos fui yo. Después de eso comenzó algo muy consciente de juego, como algo intuitivo que yo tenía, y me empezaron a llamar y a llamar hasta hoy. Luego, aquello que era solo intuitivo, fue volviéndose más serio. Comencé a estudiarlo, primero en la ENA, luego en el ISA. Pero recuerdo que fue jugando en mis inicios. 

La televisión y el cine te han convertido en un actor mediático, tanto dentro como fuera de la isla, ¿qué esperas cuando te enfrentas a un nuevo guion, a un nuevo proyecto?

Gracias a las cosas que he hecho en televisión y cine, que son medios de difusión muy fuertes, ha hecho que la gente me conozca. Lo que espero ahora, casi a los 37 años y la experiencia acumulada, cuando miro hacia atrás y pienso en todos los trabajos que he hecho, sería un guion que me conmueva profundamente. Que me conmueva primero como ser humano, para luego como actor encontrar los recursos y hacerlo intenso. Infelizmente es algo muy difícil de encontrar. Hoy por hoy los gustos, las inclinaciones de los guionistas y los directores se van por trabajos facilistas, superficiales. Entonces, tratan de buscar códigos que ya funcionan en las masas, son como fórmulas, que yo como actor trato de rechazar. Afortunadamente me llegan, no me quejo de eso, pero es mi obsesión el cómo decir que no a esas cosas y no herir demasiado las sensibilidades.

¿Por qué no te vemos con más frecuencia en la televisión?

Sería entrar en un debate lamentable. Pero en esencia es porque la televisión no tiene la misma calidad que antes tuvo. Las producciones se pasan meses sin aparecer, el sistema de pago es tremendo; y si a ello le sumas que los guiones no son buenos y que el trabajo con los directores es muchas veces estéril, pues se complican más las cosas. El público sabe quién escribe una novela, quién la dirige y quién la actúa. El público percibe lo mal hecho, no los subestimemos, sabe cuando el trabajo es inapreciable.

Sin embargo, es en el teatro donde mejor se pueden establecer tus disposiciones como actor. ¿Cuál es esa particularidad del teatro que rápidamente entra en contrapunteo con el cine o la televisión?

Es la impronta. Es el aquí y el ahora. Para el cine y la televisión te preparas de otra manera y quizás no te preparas tanto. El teatro tiene un rigor de siglos, en el que te enfrentas a un proceso de trabajo que es urgente y a la vez de mucha investigación, para que llegue el día del estreno y el espectador descubra una verdad. En televisión no tanto. Cuando he estado fuera del país trabajando en televisión, que es una industria demoledora, una máquina de moler carne, como se dice en el buen cubano; porque tienes que trabajar quizás 40 escenas diarias y al día siguiente tienes que tener aprendidas otras 40, entonces, te das cuenta que hay algo que falla. En el teatro es diferente, es donde más profundizas como actor.

Carlos Celdrán es el director teatral con el que más has trabajado. ¿Cómo defines la experiencia de navegar durante más de una década en la nave Argos y con este director como guía?

Lo primero que vi de Carlos Celdrán fue La señorita Julia, en el Noveno Piso del Teatro Nacional, y lo que me transmitieron esos actores fue tremendo. Recuerdo a Alexis Díaz de Villegas, por ejemplo, la realidad que él y el resto de los actores tenían en escena, me dije: ¿qué es eso? No era lo que yo creía de la actuación o lo que estudié durante mucho tiempo.

Luego coincidimos Carlos y yo, gracias a una colega mía que era su alumna en esa época, y me invitó a trabajar en su próxima obra. Comenzamos a trabajar en un largo proceso creativo, de indagaciones y de montaje. Fue ahí donde supe de algo que era nuevo para mí completamente y que se llamaba “el proceso”. El proceso de las cosas, de las situaciones teatrales, que hasta ese momento uno lo entendía de otra manera. Era el proceso del cómo tú llegas a determinada situación en la escena, que lo importante no es el resultado, sino el proceso en sí mismo. Entendí que la maquinaria era completamente distinta. A Carlos le gustó mucho mi trabajo, a mí me encantó su estilo y, por supuesto, desde ese momento lo veneré y tenemos lazos sanguíneos que nos unen.

Uno de los espectáculos más soberbios y magníficos de Argos, es sin dudas Roberto Zucco, de Bernard-Marie Koltés, donde interpretas el personaje de Zucco. ¿Cómo marcó en ti esa experiencia que, además, fue tu primer trabajo con la compañía?

A mí no me llama Carlos directamente, me llama Rachel, una colega que trabajaba ya en el proceso de Roberto Zucco. Era una nueva estación de la obra, porque ya él lo había trabajado con el Teatro Buendía. Por supuesto que acepté su propuesta y enseguida me acoplé al espectáculo. Es literalmente un asesino en serie del que Bernard-Marie Koltés se enamoró, un antihéroe ítalo-francés. La pregunta que nos acompañó durante el proceso fue cómo llevar a escena a este asesino y que la gente se sintiera identificada con él. Fue un espectáculo de mucha intensidad, incluso más que del propio raciocinio, porque no creo que entendiera bien a Roberto Zucco; fue más bien un espectáculo parido intuitivamente.

Quizás en ese momento yo no tenía los recursos psicológicos para entenderlo. Ahora lo haría distinto, porque ya tengo otra experiencia y lo juzgaría mejor. Lo que sí puedo decirte es que este espectáculo me abrió puertas en el teatro cubano, a otra dimensión, y el público pudo verme en algo diferente a lo que anteriormente me habían visto, que es en este caso la televisión y el cine. Y eso se lo debo a Carlos Celdrán.

Con el personaje de Padre en Diez Millones recibes el Premio Caricato de Actuación. Háblame de la experiencia del proceso de gestación del montaje, la enorme responsabilidad de trabajar en un texto autobiográfico de Celdrán, y luego sobre el importante y bien merecido premio.

Diez millones es mi regreso a Argos Teatro, aunque nunca dejé de pertenecer a la compañía, pero mis compromisos fuera del país me impedían trabajar en alguna nueva producción en el teatro. Diez millones ha sido más que un proceso un viaje, porque entenderlo como una parte vital de Carlos era enfrentarse a un trabajo con un fuerte nivel de sensibilidad. Fue muy especial. Trabajar con su vida, los caracteres que lo rodeaban, todo por lo que pasó fue muy conmovedor. De hecho, sigue siendo un viaje muy conmovedor en cada función. Es el resultado de un proceso intenso de búsqueda, si tenemos en cuenta que no es una obra tradicional, que maneja otros códigos, otra estética y que sintetiza toda la historia de una manera precisa. Te das cuenta de que es una narración dramática muy bien escrita, casi poética.

Nunca antes había visto al público reaccionar así ante una obra, ya lo he dicho antes, y eso me demuestra lo que es el arte y hacia dónde está enfocado: hacia la persona, hacerla reflexionar, conmoverla. En este caso, considero que ha removido a gran parte del público que ha podido ver la obra, porque es algo fuerte, importante, histórico, vital. Todo eso está ahí, en los huesos de cada espectador. Por primera vez experimento que una obra en la que trabajo ha llegado hasta los huesos, no es fácil, porque cada noche uno sube a escena a remover fibras emotivas que duelen.

Yo agradezco francamente que me hayan dado el premio, porque una parte de mi vanidad lo agradece, sobre todo como reconocimiento a un trabajo al que uno se ha entregado profundamente.

¿Consideras que con Diez Millones has cerrado un ciclo, de visible madurez como actor dramático, desde que te iniciaste hace poco más de una década con Roberto Zucco?

Es interesante la pregunta. Creo que sí, Diez millones y el personaje de Padre marcan para mí un tope, un nivel alto en este momento de mi carrera. Ningún trabajo anterior ha tenido la profundidad, la solidez y la madurez que ha tenido éste. A esta edad puedo decir que sí, estoy cerrando un ciclo importante como actor. Después de esto espero que sea mejor, ¿no?

Hasta el momento de esta entrevista han sido 105 funciones, y después que pasas la 80 (Jerzi Grotowski tiene algún manifiesto escrito sobre ello) experimentas cosas nuevas, dejas de ser el actor y es el personaje quien toma las riendas. Lo tienes tan encarnado, hay una pauta tan bien sembrada que hay momentos en el que sientes que viajas tanto y tan repetitivamente a la misma biografía que terminas por hacerla tuya. Diez millones marca un punto y un punto de giro en mi carrera como actor y como ser humano.


Comentarios

Una respuesta to “Caleb Casas: Cada noche uno sube a escena a remover fibras emotivas que duelen”
  1. Arturo dice:

    Qué bueno que Escambray se está nutriendo de lo más reciente del teatro cubano. Gracias, Roger. Solo falta, como siempre, ver las obras en Sancti Spíritus, lo cual es una quimera…


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