Periódico de Sancti Spíritus

¿Calor infinito?

La tendencia al incremento de las temperaturas mínimas en las madrugadas refuerza el calor. Los pronósticos anuncian una temporada ciclónica normal

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Según los pronósticos, en los meses de agosto, septiembre y octubre las temperaturas superarán los promedios acostumbrados

Si el calor actual que sufren los habitantes de esta isla se resolviera con una ecuación matemática, la respuesta invariablemente llegaría: No tiene solución. Nada valen abanicos, ni dos ventiladores, ni la sombra de los árboles o la altura de los balcones. La canícula estresa, baja la tensión arterial, disminuye el rendimiento laboral, quita el sueño y hasta el apetito porque a las ocho de la noche, cuando uno se ha tomado unos cuantos litros de agua, no siente el menor deseo de tropezar con un plato de arroz y frijoles.

Todos se quejan. Algunos insisten en que cada año se repiten los lamentos porque ya nadie recuerda el termómetro del verano anterior. Sin embargo, aunque las estadísticas del Centro Provincial de  Meteorología no revelan ningún récord en las temperaturas durante la actual etapa estival, sí ofrecen algunos detalles para explicar estos ardores que nos consumen.

“A pesar del calor que se sitió durante todo el mes de mayo, las temperaturas estuvieron en el entorno de los promedios normales, excepto en la zona norte, donde fueron más cálidas de lo habitual debido a la persistencia de vientos del sur que desplazan las masas de aire que se calientan sobre la tierra hacia esa región. En Sancti Spíritus tuvimos días muy calurosos como el 27 de mayo, cuando se reportaron 36.5 grados de temperatura máxima, el registro más alto desde 1953”, detalla Freddy Ruiz, especialista del Centro Provincial de Meteorología.

Y a seguidas el experto introduce una curiosidad de las estadísticas: en aquel año —cuando se sabe que los calores no andaban por los cielos como ahora—, se registraron 37.4 grados, pero esos datos hoy resultan objeto de análisis para su posible invalidación por el Instituto de Meteorología, porque la estación de entonces no contaba con las condiciones ideales para realizar este tipo de medición al encontrarse ubicada dentro de la ciudad, cuando se sabe que las urbes se consideran focos de calor.

La primera decena de junio también resultó cálida aquí con temperaturas máximas de 1.7 grados por encima de la media y valores reales superiores al promedio en todas las estaciones del territorio. Por su parte, las mínimas también presentaron anomalías de 1.5 grados por arriba de los registros históricos. Específicamente el pasado domingo se reportaron en la ciudad espirituana 36.6 grados, la cifra más alta de toda la isla.

“La sensación térmica, que no es la temperatura como tal sino el calor que las personas sienten, también depende de la humedad relativa y la velocidad de los vientos. Ahora sucede que ya en las madrugadas no refresca, el calor se mantiene las 24 horas y el estrés del cuerpo no pasa porque ha subido la media de las temperaturas mínimas durante los últimos años en el país. Esa tendencia debe continuar como resultado del cambio climático”, argumenta Freddy Ruiz.

Según los pronósticos, en los meses de agosto, septiembre y octubre las temperaturas superarán los promedios acostumbrados; mientras que se espera un comportamiento normal de la temporada ciclónica (de 10 a 12 ciclones en el océano Atlántico), con baja probabilidad de que impacten a Cuba, aunque ninguna predicción resulta absoluta ni exacta.

En cuanto a las precipitaciones, en mayo apenas llovió el 61 por ciento de lo habitual, mientras que la primera decena de junio se consideró seca porque solo precipitó el 23 por ciento de la media, a pesar de las lluvias fuertes ocurridas puntualmente algunos días en la ciudad espirituana, Tres Atejes y Zaza del Medio, entre otros sitios.

De acuerdo con las predicciones especializadas, en junio deben caer los aguaceros tradicionales del mes más lluvioso del año, beneficiosos para la agricultura y la ganadería, pero insuficientes para resolver la sequía hidrológica, el desfavorable estado de los embalses o el déficit de agua existente en el manto freático que afecta a la provincia desde hace ya algún tiempo y que solo podría remediar la ocurrencia de un evento extremo, con varios días de lluvia.



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