Periódico de Sancti Spíritus

De audífonos y otros demonios

En Cuba hay una alta incidencia en la violación del artículo 102, relacionado con las distracciones. (Foto: Calixto N. Llanes)

El empleo irresponsable de aparatos tecnológicos atenta contra la propia vida de las personas

Muévete mima que te cogió la indisciplina/ Arrima, que esto es un palo pa’ la esquina… El reguetón de moda y el mal gusto van a altos decibeles, tanto que los audífonos casi saltan de los oídos, y Carlos Ernesto no escucha el claxon del camión que viene tras su bicicleta. En solo segundos, amasijos de vida yacen en el pavimento: mochila, cuadernos, celular y la inocencia de un cuerpo adolescente. La mañana se torna un lamento largo, eterno.

Aunque hace una década manejar en estado de ebriedad representaba la primera causa de muerte por accidentes en el mundo, datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalan que esta fue desplazada en los últimos cinco años por el uso de teléfonos celulares, audífonos u otros dispositivos al conducir o caminar.

Según el referido organismo, el manejo irresponsable de estos aparatos ha causado 50 millones de colisiones entre vehículos en ese período, y cada año fallecen 1.8 millones de personas por esta razón. No mirar por dónde caminamos por atender algún dispositivo constituye hoy la causa del 59 por ciento de los accidentes en el mundo, de acuerdo con la OMS.

El mal del llamado conductor o peatón tecnológico amenaza con convertirse en una pandemia; las señales de alerta han sido dadas ya en Cuba, donde hay una alta incidencia en la violación del artículo 102, relacionado con las distracciones, vigente en la Ley No. 109 Código de vialidad y tránsito.

A juzgar por las estadísticas, este es el artículo más vulnerado en Sancti Spíritus, en buena parte de los casos por la utilización de equipos electrónicos que limitan la atención de las personas. De 359 accidentes reportados el año pasado, 112 ocurrieron por no maniobrar adecuadamente el timón del vehículo, debido, entre otras razones, a la distracción del conductor. Esa actitud cobró la vida a cuatro personas y 73 resultaron lesionadas.

¿Es posible cantar y silbar al mismo tiempo? El razonamiento elemental dice que no. Al capitán Carlos Lorenzo Ruiz, segundo jefe de la Unidad Provincial de Tránsito, quien mira a través del cristal de la lógica, le inquieta el hecho de que, además de los móviles y las reproductoras de música, se han detectado minitelevisores en los autos, donde los choferes ven una película o un musical y manejan al unísono. “Es imposible que puedan concentrarse en dos cosas a la vez”, alerta.

La focalización del interés en un estímulo sonoro hace que la persona no codifique toda la información que le llega del mundo exterior o algunas lleguen en un umbral tan bajo que pasan inadvertidas, apunta la máster en Psicología Médica Fernanda Zulueta Gómez, del Hospital General Universitario Camilo Cienfuegos, de Sancti Spíritus.

Ello conduce —precisa la especialista— a ejecutar un tiempo/reacción a veces retardado ante un estímulo de impacto, o en última instancia que lo tome por sorpresa.

De camino a casa o al trabajo, en una recepción donde la respuesta a un “buenos días” no se oye por los audífonos incrustados a los oídos, o tarda lo que dura la lista de musicales ordenadas en el celular; en la cama, incluso velando nuestro sueño, están presentes estos aparatos. Existe, sin duda, una especie de adicción vista con recelos por no pocos psicólogos y otorrinos, fundamentalmente.

Para la especialista de segundo grado en Otorrinolaringología María Felicia Martín La O no se trata de negar los beneficios del desarrollo tecnológico; lo importante es, por ejemplo, usar los audífonos en el momento, el lugar y con las recomendaciones necesarias.

Escuchar música por encima de los 85 decibeles de intensidad del ruido y hacerlo de manera prolongada daña la audición. A las apreciaciones de Martín La O se unen nuevas revelaciones relacionadas con los perjuicios que causan los ruidos altos a la mielina, capa que recubre las células nerviosas encargadas de transmitir las señales de sonido al cerebro.

De acuerdo con la literatura médica, el ruido afecta no solo la audición, también perjudica el sistema nervioso, la esfera reproductiva, ginecológica. Me hago eco de otros daños: puede ocasionar impotencia e hipertensión arterial; esta última con consecuencias hasta para el sistema cardiovascular.

Escena cotidiana se torna ver a personas unidas entre sí, no precisamente por lazos de amor, sino por los cables de los audífonos, a riesgo de otras secuelas, obviamente. La oliva del audífono se convierte en vehículo transmisor de infecciones bacterianas y de otros tipos.

Sancti Spíritus, que no permanece en la edad de piedra en esta era tecnológica, alcanza una de las mayores densidades telefónicas del país con casi 39 usuarios de celulares por cada centenar de habitantes, y las perspectivas son de mantener el crecimiento de la telefonía móvil.

Una acotación imprescindible: no son las tecnologías las que nos hacen menos o más vulnerables. Su empleo es una decisión individual; pero los hechos demuestran que en la responsabilidad con la que se utilicen puede irnos, incluso, la vida.


Comentarios

4 Respuestas to “De audífonos y otros demonios”
  1. Gianni O. dice:

    A mi juicio estas TIC lo que hacen es embobecer a las personas, hoy mismo cuando me dirigía a mi centro de trabajo iba un alumno de secundaria por el medio de la calle con un móvil en la mano y detrás de él un auto, hasta que este último no pitó el jovencito no se movió para la orilla, yo creo que si no se aplica lo establecido en la ley la accidentalidad por estas causas seguirá aumentando conciderablemente. Salu2.

  2. Venegas dice:

    Hace algunos años (cuando la moda de muchos jóvenes era colgarse de vehículos en marcha montados en bicicleta) en mi provincia VC, se ocupaban por las autoridades competentes las bicicletas y hasta que los padres o tutores no hacían acto de presencia no se devolvía mediante multa impuesta por permitir que los menores cometieran esta violación. ¿por qué ahora no se procede igual si la violación está tipificada en la Ley 109.

  3. arturo manuel dice:

    Me pregunto: ¿Para qué promocionar tales conductas sociales indeseables y, con ello, poner en ridículo a quienes tienen el deber de luchar en su contención y no lo hacen?
    El único modo de combatirlas es desatar un tsunami represivo que nuestro Poseidón administrativo nunca gestará.Los usuarios de estos aditamentos son sordos a los llamados, sobre todo cuando “surfean” en los impetuosos y recurrentes trenes de olas consumistas e individualistas que ahogan el país y que las TIC delinean como bondades en sus cantos de sirenas.
    Estas tecnologías llegaron para quedarse y convertirse en agentes disuasivos del orden y la disciplina sociales y de las buenas costumbres, si es que con ellas no socavan el sedimento de toda la sociedad cubana de hoy.
    !Que se queden sordos!


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