Periódico de Sancti Spíritus

He tocado música de todo tipo (+fotos)

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Monguito Cuba sintetizó en su obra las tradiciones musicales más genuinas de su natal Fomento. (Foto: Kemel Rodríguez)

Ramón de Armas (Monguito Cuba), músico espirituano nutrido con las influencias sonoras de destacados artistas, confesó a Escambray su historia de vida

Ramón de Armas Villar —Monguito Cuba— fue uno de los músicos imprescindibles del pentagrama espirituano. Compositor, instrumentista, arreglista, luthier y profesor, hasta hace apenas unos días era de los pocos artistas que podían contar en primera persona el privilegio de interactuar con prestigiosos músicos como Rafael Gómez Mayea (Teofilito), los hermanos Sobrino, Alfredo Varona, José Domingo Iznaga (Arenales) y Ramiro Torres. Monguito Cuba, sin embargo, murió sin llegar a leer esta entrevista.

Había nacido el 4 de junio de 1936 en un batey del actual municipio de Fomento llamado Vicentica. Su atracción por la música fue como un instinto natural del cual no se separó nunca.

Además de haber estado en estrecho vínculo con importantes figuras del panorama espirituano, en sus años de trabajo en La Habana (1964-1999) recibió clases de músicos como Rafael Somavilla y Antonio María Romeu, quienes contribuyeron a su formación profesional; también de Adolfo Guzmán, “con quien aprendí a orquestar maderas y cuerdas”.

Fue fundador y director de las agrupaciones Trío Monguito Cuba, Voces cubanas, y de varios mariachis, entre ellos, el Nacional de Ferias.

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Ramón de Armas fue fundador y director de las agrupaciones Trío Monguito Cuba, Voces cubanas, y de varios mariachis.

Al conversar con Monguito se recorría nuestra historia musical. Sus anécdotas narradas con humildad eran el testimonio de un artista de pueblo que sintetizó en su obra las tradiciones musicales más genuinas de su natal Fomento. Escambray reproduce fragmentos de este diálogo.

Existe en su catálogo autoral un fuerte arraigo por la música campesina y la mexicana, ¿está usted de acuerdo?

Estoy tan de acuerdo como que esas son las dos primeras músicas que hice y las que nunca he dejado de hacer. A ambas les falta difusión y reconocimiento por parte de los medios, pero creo que gustan mucho más de lo que imaginamos. Se convirtieron en mis paradigmas musicales desde mis comienzos, pues mi padre tocaba el tres y mi madre, la guitarra; ella tenía un repertorio bastante amplio, dominaba décimas y canciones de la época, entre estas clásicos de la cancionística cubana y de la música mexicana.

Cuando tenía siete u ocho años comencé ya a tocar música mexicana porque era la más fácil, es decir, lo que es la ranchera y el corrido. Recuerdo que para escucharla teníamos que ir a la casa de mi padrino que era el único que tenía un radio porque era el mayoral de la finca. He tocado música de todo tipo, pero estas variantes nunca he dejado de hacerlas, incluso a los alumnos se las enseño porque hay que saber de dónde venimos para saber quiénes somos y hacia dónde vamos.

¿Cómo llega a insertarse de modo profesional en el mundo del arte?

Desde que era adolescente comencé a trabajar con tríos profesionales como el Torres y Monterrey, de la ciudad de Santa Clara, pero la primera agrupación profesional que fundé en el rol de director fue el Trío Monguito Cuba, en sus inicios Trío Cuba. Cuando fuimos a inscribirlo ya existía una agrupación de este mismo formato con ese nombre y como todos me llamaban Monguito, ahí quedó: Monguito Cuba, sobrenombre por el cual me conocen muchos.

Luego, estando en La Habana fundé el conjunto Voces Cubanas, el cual se desdoblaba en distintos formatos, en dependencia del espectáculo para el que fuésemos solicitados. Trabajamos en versión de dúo, trío, cuarteto, quinteto y como conjunto. Esta agrupación me dio la oportunidad de viajar por varios países y de participar en programas como Fiesta guajira y certámenes como el Festival de la trova de 1972 celebrado en Santiago de Cuba y con subsedes en otros municipios de Oriente. En este encuentro, al cual nos presentamos en calidad de dúo, tuvimos el privilegio de compartir escenario con figuras como Elena Burke, Ela Calvo y César Portillo de la Luz, entre otros.

A la par he trabajado los mariachis, siempre he estado en continuo vínculo con este formato, en La Habana fundé Mexicuba, agrupación con la que grabamos El traguito y La Lupe con la ayuda de Mario Romeu. Hacia los años 90 fundé el Mariachi Nacional de Ferias con músicos espirituanos, aunque trabajamos fundamentalmente en la capital y en el 2000 me llamaron de Ciego de Ávila para asumir la dirección y montaje del Mariachi Nacional Gallos de Morón.

A mi regreso de La Habana he estado más centrado en la composición y grabación de mis obras, pues aún existen gran cantidad de canciones mías sin grabar. También trabajo como profesor de un taller para niños y jóvenes con sede en la Uneac, esta es mi oportunidad para trasmitir los conocimientos que he adquirido.

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Con Adolfo Guzmán aprendí a orquestar maderas y cuerdas, rememora el músico. (Foto: Kemel Rodríguez)

Dentro de sus grabaciones recientes se destaca el CD en dos volúmenes Sancti Spíritus canta a Nicolás Guillén del año 2014. ¿Cree que es su obra más lograda musicalmente?

Este es un fonograma que yo anhelaba desde hacía mucho tiempo, en 1982 Alberto Muguercia me pidió que musicalizara parte de la obra de Guillén como homenaje por el aniversario 80 de su natalicio. Muguercia me dio la tarea de elegir las obras y me ofreció un libro de Guillén llamado El libro de la décima; excepto Muchacha recién crecida, el resto de las obras pertenecían al mencionado texto. Esta obra resultó muy atractiva para mí porque el autor señalaba la convergencia de dos voces con textos distintos, lo cual indicaba una musicalidad inherente al poema que no se podía desechar.

Una vez que se terminó de elegir la muestra la musicalizamos tratando de que no se repitieran las mismas tonalidades y giros armónicos, o sea, buscando la mayor variedad posible, lo cual era muy difícil de lograr porque la mayoría eran puntos y el punto espirituano es inalterable.

La música de estas 18 obras estuvo lista en menos de un mes, incluida la que se compuso para Guillén por su aniversario. Una vez terminada la musicalización, Muguercia, Zoe —cantante del grupo Voces cubanas— y yo nos dirigimos a la casa de Nicolás para que escuchara las obras, recuerdo que iba con cierto temor porque yo había cambiado algunos textos de sus obras y me habían advertido que a Guillén no le gustaba ese tipo de cosas. Para nuestra sorpresa a él le encantó y estuvo tan de acuerdo con las transformaciones efectuadas que dejó un acápite en su testamento en el que me permite realizar la musicalización de cualquiera de sus obras y cobrar el derecho de autor al ciento por ciento.

¿Cree que en esos 30 años hubo una madurez en su música?

Creo que sí, porque ahora veo la música desde otro ángulo, antes solo la escuchaba, pero ahora la analizo y busco diseños sonoros que me permitan ser transportados hacia otros formatos. De igual modo, hubo un profundo trabajo de mesa que vale mucho.

Todas las tonadas estaban hechas en seis por ocho y tres por cuatro, algunas fueron cambiadas de compás para ser interpretadas por el mariachi. Creo que en Sancti Spíritus canta a Nicolás Guillén se sintetizan mis dos influencias fundamentales: la música mexicana y la música campesina. La primera grabación fue solo a guitarra y voz los nuevos formatos le imprimieron un sello diferente, al final logré mi sueño de grabar todo en nuestra provincia y con músicos espirituanos, porque en otros lugares no hubiesen interpretado el punto espirituano como es.

Han pasado los años y ahora puedo ver el CD desde la perspectiva del pasado y presente, el orgullo más grande que tengo de este trabajo conjunto fueron las palabras de Guillén cuando comenzamos a tocar Un largo lagarto verde y nos interrumpió la interpretación para afirmar: “Esto sí es un largo lagarto verde, una guajira”.

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La primera agrupación profesional que fundé en el rol de director fue el Trío Monguito Cuba, en sus inicios Trío Cuba, recuerda Ramón. (Foto: Kemel Rodríguez)

¿Cómo valora la música campesina y la mexicana en la actualidad?

Ambas músicas sufren una subestimación total por parte de los medios y, por consiguiente, del público. En el caso de la mexicana, todos creen que es muy sencilla, pero no es así, existen muchos géneros y todos son diversos, pero si solamente escuchamos lo malo nos quedamos con esa imagen.

Asimismo,  nos hemos acostumbrado a relegar la música campesina a un segundo plano y no apreciamos la riqueza que posee, o el valor de una buena controversia. Hace años nadie se perdía una pelea entre Chanito Isidrón y el Indio Naborí, o entre Justo Vega y Adolfo Alfonso, pero se promocionaba mucho más, la podías escuchar en cualquier lugar sin esperar el domingo a las siete de la noche. Nuestra cultura se encuentra en una etapa difícil, la mayoría de los jóvenes prefieren otra música de factura extranjera y es tarea de los medios difundir nuestro arte musical.

Alicia Clemente León es estudiante de Musicología en Universidad de las Artes (ISA)



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