Nuevas medidas de Estados Unidos: Regresión al congelador

 

Nuevas medidas de Estados Unidos: Regresión al congelador
Las nuevas decisiones habían sido adelantadas por el mandatario Donald Trump el pasado 16 de junio.

El Presidente de los Estados Unidos Donald Trump continúa echándole más hielo al proceso de normalización de las relaciones entre su país y La Habana, que generó no pocas expectativas a ambos lados del Estrecho de la Florida luego de los anuncios simultáneos formulados el 17 de diciembre de 2014 por los mandatarios Raúl Castro y Barack Obama.

Ciertamente, el empecinamiento de Trump con Cuba va de mal en peor. No lo digo yo; lo aseguran los espirituanos que hace unos minutos en la parada de la guagua comentaban la mala nueva: la entrada en vigor a partir de este jueves de las disposiciones y regulaciones suscritas por los Departamentos de Estado, del Tesoro y de Comercio para implementar las medidas de recrudecimiento del bloqueo a la isla, advertidas el 16 de junio por Trump e incorporadas en la directiva titulada Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el Fortalecimiento de la Política de los Estados Unidos hacia Cuba.

 

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Un repaso elemental a las medidas lleva a concluir: el retroceso en los vínculos bilaterales entre los dos países camina a pasos de siete leguas. Sin dudas, esta egresión mantiene de nupcias al jefe de la Casa Blanca y a la ultraderecha de Miami, en particular, al senador Marco Rubio, quien desbarró de su contrincante cuando ambos aspiraban al Despacho Oval y ahora le tiende alfombras al pasar.

Grosso modo, ¿cuáles son las medidas dictadas? Hablamos de un alza en las restricciones para los estadounidenses interesados en hacer negocios con Cuba y viajar a la Mayor de las Antillas.

Específicamente, el Departamento de Estado vetó a las entidades y ciudadanos norteamericanos a realizar transacciones financieras con 179 entidades cubanas directas. Al decir de la directora general para Estados Unidos en la cancillería cubana, Josefina Vidal, se trata de una “lista arbitraria, integrada por una diversidad de entidades cubanas supuestamente vinculadas, de manera infundada, al sector de la defensa y la seguridad nacional”. Hasta un servicio de fotografía como PhotoService está incluido en esa relación.

Otra disposición revela diáfanamente el propósito político del gobierno de los Estados Unidos. El Departamento del Tesoro estableció requisitos determinados para la categoría de viajes en “apoyo al pueblo cubano”. Quienes vengan deberán cumplir un programa de acciones a tiempo completo en nuestro país que lleva la etiqueta de la subversión. Entre las orientaciones pueden citarse: sostener intercambios con la población, apoyar a lo que ellos definen como sociedad civil y promover su independencia del Estado cubano. Más evidente, imposible.

Igualmente, se prohibieron, entre otras cuestiones, los viajes de los ciudadanos estadounidenses a título individual bajo la categoría de intercambios “pueblo a pueblo”. Los interesados en visitar Cuba lo harán con el patrocinio de una organización estadounidense y acompañados por un representante de esta.

Por si no bastara, los viajes educacionales también están condicionados. Deberán ser auspiciados por una organización norteña autorizada y hacerse acompañar por un representante de esta. A todas luces, quieren tener a todo el mundo bajo su colimador.

Y como la administración norteamericana tiene de moda las prohibiciones, amplió la relación de funcionarios del Gobierno y del Estado cubanos, de los representantes de los órganos judiciales, las organizaciones de masas y la prensa con quienes no pueden realizarse transacciones.

Por su parte, el Buró de Industria y Seguridad perteneciente al Departamento del Comercio denegará las solicitudes de licencias de exportación y reexportación de bienes a las entidades insertadas en la lista por el Departamento de Estado.

Al propio tiempo, expande las categorías de productos que pueden exportarse al sector no estatal, con una coyunda de por medio: que estos no se utilicen para generar ingresos o contribuyan al funcionamiento del Estado cubano.

Como era de suponer, el anuncio de esas restricciones ha desatado un mar de opiniones, incluso en los propios Estados Unidos. En estos casos, las generalizaciones no resultan aconsejables.

Me refiero, por ejemplo, al Consejo Nacional de Comercio Exterior de ese país, el cual, comunicado mediante, criticó las medidas, que demandarán de recursos significativos del Gobierno de Estados Unidos con miras a su cumplimiento.

Para la legisladora demócrata por California, Barbara Lee, “nadie gana con esta nueva política terrible; es simplemente punitiva. Daña a estadounidenses y cubanos por igual”.

Desde la perspectiva de la senadora Dianne Feinstein, aislar al pueblo cubano no sirvió a los intereses norteamericanos antes, y ciertamente no lo hará ahora.

No hace falta vestirse de politólogo para entender el impacto de las restricciones formuladas, hijas de otro desvarío de Donald Trump. Lamentablemente, el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero va viento en popa y a toda vela.

¿A quiénes dañan las disposiciones? Tanto a la economía estatal de la isla caribeña, como al sector privado. Dejo por sentado su repercusión negativa en el empresariado estadounidense, que verá alejarse oportunidades de negocios existentes hoy en Cuba.

Para algunos optimistas, el 17 de diciembre del 2014 se había traducido en el final de una abierta confrontación del Gobierno de Estados Unidos contra la Revolución cubana. Con las nuevas regulaciones de esa nación, que entran en vigor este jueves, Trump acaba de confirmar que su política hacia Cuba es a pecho descubierto, o mejor, al duro y sin guante.

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