Reanimación de comunidades espirituanas: Banao tiene otra cara (+fotos)

El programa de reanimación en ese Consejo Popular permitió mejorar de forma considerable  la infraestructura social , lo que ha tenido gran impacto entre sus habitantes

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Solo en Banao la población censada sobrepasa los 5 500 habitantes. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Ni siquiera esa ventaja de que se puede llegar a seis de los siete asentamientos poblacionales por carreteras de asfalto —solo para ir a San Pablo hay que morder el polvo del camino— le resta importancia al trabajo desplegado en el Consejo Popular Banao, como parte del programa provincial de reanimación comunitaria.

Esta es la más poblada y extensa de las ocho estructuras rurales de ese tipo en el municipio de Sancti Spíritus, pero la envergadura de las labores no respondió solo a esas características o a la cantidad de planteamientos de los electores; para varios de los centros estatales esta representa la única o mayor intervención reconstructiva en muchas décadas.

Geográficamente, el Consejo Popular se enmarca entre los ríos Cayajaná e Higuanojo y, si nos atenemos a los asentamientos, comienza en El Capitolio y se extiende hasta La Güira, a la vez que es atravesado por la carretera Sancti Spíritus-Trinidad. Tal ubicación supone beneficios en diversos ámbitos; sin embargo, el esplendor económico de la zona es la verdadera fuerza que dicta los códigos de vida en cada comunidad.

CAMINO DE LOS ALAMBRES

El vocablo Banao proviene de un término aborigen y, aunque no existe una definición exacta, varias teorías sitúan su fundación en 1793, asociada al primer sacerdote español que ofició una misa en el caserío original arrimado al Camino Real que unía a Sancti Spíritus con Trinidad —a unos 200 metros a la derecha del actual centro recreativo Los Caneyes—, y también llamado Camino de los Alambres, en alusión al tendido de comunicación que enlazaba las dos villas al servicio del gobierno español.

El punto de giro del asentamiento se remonta a mediados de la década del 60 del siglo pasado, cuando ancló allí el nombrado Plan Banao, uno de los primeros programas agrícolas desarrollados por la Revolución en el país e ideado por Fidel. A partir de ahí la zona alcanzó celebridad por su microclima y la producción de cebolla y frutas exóticas; en tanto, el poblado experimentó un vertiginoso progreso.

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El parque infantil reconstruido en La Güira vino a llenar un vacío en la recreación del lugar. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

REANIMACIÓN HASTA EL FONDO

Evelin Cadalso Mursulí es de las nativas que ven con buenos ojos la faena acometida. “Muy bueno todo lo que se hizo, la gente lo agradece porque se trabajó en lo profundo de las instalaciones; ahora conversas con alguien en la calle y te dice: ‘¿Viste qué lindo quedó el merendero?, ¡qué buena está quedando la farmacia!’; por primera vez veo una reanimación tan integral”.

“Todo ha sido importante porque son los centros principales, los lugares a donde más tiene que acudir la población; por ejemplo, la tienda estaba en mal estado y va quedando muy buena; he visto al Gobierno detrás de cada obra y hay que decir que el pueblo ha apoyado, por eso Banao tiene otra cara”, señala desde la estatura de sus 72 años José Antonio Ruiz Pérez.

Un recuento general de la primera fase del programa iniciado en diciembre y concluido el 25 de marzo con una feria gigante que hasta los escépticos elogian, deja ver el remozamiento en toda la infraestructura social y de los servicios.

Poco importó si las escuelas, bodegas, paradas, círculos sociales, centros gastronómicos o consultorios médicos estaban en San Pablo, El Pinto, Pozo Colorado o en el mismísimo Banao; a cada lugar llegaron los arreglos constructivos, los baños sanitarios, los cambios de carpintería, las luces, el agua y hasta el mobiliario. “Ahora sí tenemos condiciones óptimas de trabajo”, aseguró el doctor Sandier Veitía Barea, al juzgar el mejoramiento del Consultorio 4, enclavado en La Loma, a la entrada de Banao.

En la cabecera del Consejo Popular varias obras atraen la opinión de los lugareños; para unos lo realizado en el cementerio y la funeraria era algo muy necesario, otros no se creen todavía el cambio experimentado en el merendero y el comedor del Sistema de Atención a la Familia, y hay quienes aseguran que la obra más popular fue el rescate del terreno de pelota. Mas, si una intervención sobresale por su calidad y alcance tecnológico es la sala central de esterilización del hospital.

De acuerdo con José Antonio Rodeiro Rodríguez, presidente del Consejo Popular, de forma conjunta el programa de reanimación ha posibilitado solucionar 178 planteamientos de los 204 registrados al iniciarse las labores en diciembre.

“No estamos conformes, pero la reanimación es positiva y por la magnitud de las reparaciones se sigue trabajando en la farmacia, la panadería, la clínica estomatológica, la bodega, la tienda de productos industriales y en algunas calles.

“Si un reclamo tiene fuerza aquí es el de la vialidad interna, es grande el deterioro; pero la mayor preocupación la tenemos con la afectación del agua en algunos barrios porque están afectadas las redes, aunque reparar el acueducto y toda la red también es una necesidad. Otros planteamientos, cuya solución depende de inversiones, tienen que ver con las cinco zonas de bajo voltaje en tendederas”, explicó Rodeiro Rodríguez.

Aparejado al progreso humano y habitacional que brota de la explotación del suelo, el asentamiento vive también un proceso de transculturación interna que, al decir del licenciado en Estudios Socioculturales Gabriel Pérez Clemente, apasionado historiador del lugar, tiene su génesis en la llegada allí de emigrantes de todas las regiones del país. “Incluso hay una comunidad de personas de la Isla de la Juventud, y Banao es hoy un conglomerado de costumbres que han transfigurado la vida en la zona”, puntualiza.

AGUA EN LA GÜIRA

Delia Proenza Martínez aprecia el bienestar que trajo para La Güira el programa de reanimación, pero distingue el suceso de este siglo en una comunidad castigada por la sequía: “Al menos tenemos agua”, expresa en alusión al cargadero situado hace poco en un pozo del lugar y, añade: “Imagínese cuántas ventajas tiene que se cargue aquí mismo, ya no hay que traerla desde Sancti Spíritus”.

El delegado de la circunscripción, Gerardo Antonio Luna, expone los cambios experimentados en las instalaciones estatales y la participación de los vecinos en diversas labores. “Hasta aparecieron padres-albañiles en apoyo a la escuela; el otro acontecimiento aquí ha sido el parque infantil, construido prácticamente nuevo”.

“Mi niña está desatinada con ese parque, eso era algo muy necesario”, comenta Yoima Cañete Macías, vecina de La Güira.

A Lourdes Mursulí todos los trabajos le llamaron la atención; no obstante, define su preferencia: “Ahora en La Güira somos ricos con ese cargadero de agua, hay que vivir lo que yo pasé cuando tiempo atrás tuve a mi mamá enferma y tenía que meterme en el arroyo, que en aquel momento tenía agua, para lavarle la ropa”.

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El Cacahual es un remanso de silencio y tranquilidad. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

LA PAZ DE EL CACAHUAL

El Cacahual es un remanso de silencio y tranquilidad; únicamente  asomándose a las aulas de la escuela primaria Pedro Lantigua se sabe que hay clases porque también allí el ambiente es sosegado.

La joven Rachel Pérez Sánchez elogia la reciente llegada al plantel de televisores que captan la señal digital para beneficio de los alumnos, reconoce la utilidad de la impermeabilización de los techos de más de 20 viviendas del asentamiento, y recuerda que falta realizar similar trabajo en el almacén de la escuela.

“Creo que si algo se debe mejorar en El Cacahual —comenta— es la recreación, sobre todo el fin de semana; en otros aspectos el asentamiento tuvo avances, ahora la placita es atendida por Acopio y se pueden comprar aquí los productos, antes había que ir a Banao a buscar arroz, una frutabomba o un paquete de comino”.

Lidia Inés Montero, jefa de ciclo en el centro escolar, apunta un reclamo que afecta la enseñanza: “Los profesores que viajamos desde Sancti Spíritus llegamos tarde a la escuela porque la guagua de Educación nos deja en El Pinto, no entra a El Cacahual”.

Tal parece que en la comunidad del Héroe del Trabajo Abundio Sánchez Varona la laboriosidad es una práctica cotidiana a la que hace honor también la doctora Marleti López Pérez. Sobre ella Rachel Pérez se deshace en halagos: “Tengo una niña asmática y a la hora que llego al consultorio, no importa si es de noche, me atiende; también se monta a caballo y va a visitar los pacientes de la serranía”.

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