Tras las coordenadas de los eléctricos espirituanos (+fotos)

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Los linieros han enfrentado una de las tareas más difíciles luego del paso del huracán Irma. (Foto: Arelys García/ Escambray)

La “cacería” del huracán Irma en la provincia le dejó a los eléctricos espirituanos el reto de soportar más de 12 horas diarias de trabajo

Después de leer los reportajes de mis colegas, y de observar la expresión de sus ojos mientras definían emociones detrás de una foto o entrevista, el oficio me condujo, finalmente, a seguirle el rastro a la cacería de Irma por Yaguajay.

Con ello supongo que saldé al menos una parte de la deuda imaginaria que se ha enriquecido durante los últimos ocho años sin el contén de fechas históricas; tibia se enraizó la admiración por Amelia Peláez, Thelvia Marín, Fernando Martínez Heredia, Raúl Ferrer, Ada Elba Pérez, todos nacidos en aquella porción norteña de Sancti Spíritus que las circunstancias me ofrecían a recorrer.

Éramos tres periodistas, dos misiones y un carro, “el petrolero”; Enrique Ojito y Arelys García con objetivos en Jarahueca, y quien escribe con destino a las coordenadas de los eléctricos espirituanos; Jose, el chofer, acompañado además por una muela que jugó a dolerle mucho.

¿DÓNDE ESTÁN?

 El conductor distinguió a nuestro paso por Meneses un carro de la Empresa Eléctrica, y así interceptamos a los primeros; algunos eran parte del apoyo más reciente que había llegado a Yaguajay, como la Brigada Subestación Sancti Spíritus compuesta por José Luis, Miguel, Pedro, Maikel, y Jorge.

Que varios hubieran arribado ese día no significaba que estuvieran frescos como una lechuga, sino que ya habían solucionado las averías en las subestaciones 1 y 2 del municipio cabecera, la de 110 kV de Jatibonico, la de la papelera de ese mismo territorio, e incluso laborado sábado y domingo en el Taller de transformadores para recuperar los aisladoresservibles y enviarlos hacia La Habana.

Alfonso Barreto, director de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Servicios Comerciales, esperó a Irma en la estación de 110 kV de Yaguajay con la esperanza de recoger las líneas antes del cantío del gallo para devolverles el servicio a los yaguajayenses lo antes posible, como él mismo reconoce, pero su estreno en cuestiones de huracán devino algo distinto de lo que supuso: “Un poste partido es normal, pero 10…”.

Un poblador se arrimó a la sombra del portal, de cuyo techo habían varias tejas en la acera : “¿Ustedes van a trabajar en el poste de aquella cuadra?”, preguntó el hombre y acto seguido se disculpó por interrumpir la entrevista; a esas alturas, su desespero le había empujado a cerciorarse personalmente de que no se irían antes de alimentar el enchufe de su refrigerador y, por más que Alfonso le explicó los tecnicismos sobre transformadores dañados, no lo convenció sobre por qué su barrio no tenía corriente desde ayer.

Busqué con la vista a mis colegas que, para mi asombro, ¡se habían subido al camión para capturar las mejores fotos del liniero que subía y bajaba en la cesta!

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La Brigada Subestación Sancti Spíritus reforzó las labores de la Empresa Eléctrica en Meneses. (Yanela Pérez/ Escambray)

JARAHUECA, ITABO, MENESES, NARCISA…

Mucho había escuchado hablar sobre Narcisa; allí donde el huracán dejó desnudo el acero de la punta de la torre del antiguo central Obdulio Morales, añoraba rozarme con el recuerdo del maestro Raúl Ferrer, y de sus alumnos sin zapatos.

Y fue en Narcisa donde se me oprimió el pecho, definitivamente, aunque las casas sin techo se repetían por todas las carreteras; el sillón, el escaparte, y los colchones magullados a la intemperie fueron el puntillazo final para que las calles limpias no me confundieran: Irma fue mucho más que árboles horizontales o el viento enredado en las ventanas del reparto 23 de Diciembre en Colón, donde aguardé la llegada del ciclón.

 Y justo después del batey, encontramos a uno de los cuatro grupos de trabajo llegados desde La Habana, integrados por dos brigadas de líneas pesadas encargadas de parar postes, más dos carros de servicio, con una de los cuales me encontraría horas más tarde en la comunidad Simón Bolívar. Eran 16 hombres en total.

Ángel, Raúl, Yankiel, Javier y Landi constituían la mejor brigada de la Empresa eléctrica en Boyeros, llegados a Yaguajay como refuerzo la noche anterior y por primera vez en tierras espirituanas.

Almorzaban cuando llegué con las preguntas, pero no tantas como los mosquitos que nos rondaban; ellos respondieron amablemente; entre todos conformaron las primeras impresiones: “Nosotros vinimos preparados, y con tremenda disposición, pero bueno pensamos que eran más cosas, ya Sancti Spíritus está casi completo, lo que estamos haciendo es lo poquito que queda”.

Sobre la meta del día me explicaron que consistía en solucionar las afectaciones en el circuito primario y energizar la mitad de Narcisa que aún no tenía servicio. Ante el peligro siempre al acecho, la pregunta que no consigo dejar fuera, y la respuesta precisa, con cierto aire de romanticismo: “Cuidado siempre se debe tener, miedo no, respeto; ella —la electricidad— siempre está ahí, eres tú quien la molesta”.

“¿Cuántos tienen hijos?”, interrogué y ahí se silenció la garganta de Yaikel Pérez. “¿Pregúntale a él?”, sugirieron los muchachos, como para que tocara la llaga más profunda. “Nos avisaron del viaje y cuando llegó a su casa el niño estaba durmiendo, no pudo despedirse. Mira, mírale los ojos, los tiene aguados”, enfatizó Ángel Damián.

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“Debemos estar concentrados en el trabajo, porque estamos en constante peligro”, reconocen los linieros. (Yanela Pérez/ Escambray)

LO MÁS DIFÍCIL PARA EL LINIERO

Mosquitos, sol y hasta unas nubes empezaron a gotear, a punto de mediodía; todos hablaban bajito como perseguidos por el silencio; definitivamente la misión reporteril estaba en sintonía con el tractor que transportaba el almuerzo. 

Hansy Jiménez, el liniero grupo 4 de la UEB Municipio Sancti Spíritus, con 21 años de edad y dos de experiencia, primero le vio la cara a Matthew en Guantánamo y ahora a Irma. “Cada vez que pones la corriente en un barrio imagínate cómo actúa la gente, las personas se sienten bien”.

Tímido para la entrevista, pero dispuesto para trabajar a la altura del poste, se tocó el casco y giró la vista hacia el horizonte de árboles amarillentos. “Estamos en todos lados y no estamos en ninguno”, dice.

Concentrado en el trabajo, más que en los centímetros que le ha crecido el vientre a su esposa Yusmila, Yunior Vega sabe que es mejor alejar cualquier añoranza acumulada en los siete días lejos del hogar. “Ya después el tiempo paga todas esas cosas”, aseguró.

El peligro no permite titubeos, ellos asumen los desafíos del aquí y el ahora del oficio que prefirieron. “Trabajamos 14 horas con deseo, preocupación y el valor que tiene un revolucionario de sacar adelante el pueblo”.

Agradecido por unas nubes, Pedro Pérez Calzada, jefe de la Brigada de Construcción y Mantenimiento de Cabaiguán, me aseguraba que aquel era el día más “suave” desde el domingo, mientras para mí el calor castigaba sin piedad.

“Lo más difícil es cuando llegas a un barrio y la gente te pide que le des corriente”. Restablecen la línea principal y empiezan a alimentar a los transformadores, pero un inconveniente detiene el trabajo: hay uno dañado.

“Yo he visto mujeres a las diez de la noche con los niños chiquiticos en los brazos, es triste eso, pero desgraciadamente en un día no podemos darles servicio a todos, y yo creo que eso es lo que motiva a uno a trabajar 12, 14 horas en un día, aparte de lo que te gusta el trabajo”.

Si continuaran los sorprendería la madrugada, pero necesitan descansar porque el agotamiento físico y la noche apadrinan la inseguridad. Terminan a las 11:00 p.m., se bañan, comen y duermen apenas seis horas, el organismo se adapta a la jornada extraordinaria, ya vencieron lo más difícil para ellos; a los clientes, solo les resta confiar.

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Linieros de la capital cubana laboran en predios de Yaguajay. (Yanela Pérez/ Escambray)

One comment

  1. Todavía hay concejos populares y asentamientos de los que no se tiene noticias por la prensa,Venegas,Perea, Nela,Aridanes,El Río,La Presa entre otros, algunos de ellos sin corriente ni telefono,seria muy difícil que la prensa indagara por ellos y lo publicaran

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