Al hombre de campo hay que oírlo

ANAP, campesino, Sancti Spíritus
Ni un día he dejado de vivir como campesino, asegura Armelio.

Armelio Gómez Acosta ha hecho de la dirección de la Cooperativa de Créditos y Servicios Obdulio Morales un magisterio agrícola

Dicen que, en Santa Rosa, un caserío rural del municipio de Taguasco, no se da un paso ni se mueve siquiera una yunta de bueyes si antes no se le comunica a Armelio Gómez Acosta. Las razones nada tienen que ver con el estilo de un mayoral del tiempo de la colonia, porque este guajiro con medio siglo de vida a cuestas ha surcado los corazones de los campesinos de la zona a fuerza de bondad, respeto, confianza y exigencia.

Ese capítulo de la historia de Santa Rosa empezó hace 32 años, cuando Armelio alcanzaba los 18 en su almanaque juvenil y existían hasta dudas de si ponerlo o no al frente de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Obdulio Morales. A fin de cuentas, era un pichón salido de la campiña de Carrabayaná que a los nueve años llegó al asentamiento, pero al que ya se le olfateaban ciertas aptitudes para encarar responsabilidades y un amor fiel a la tierra.

“De muchacho ya estaba ligado al campo, a lidiar con los bueyes, cargar agua, regar posturas de tabaco, lo que hiciera falta en la casa de mi padrastro, hasta que un día él mismo me dice: ‘Te voy a buscar un tractor para que hagas lo mío y apoyes en otras cosas’; aquello duró poco, en la cooperativa me dijeron: ‘Bájate del tractor, que a partir de ahora vas a ser el presidente’, y todavía lo soy”.

Aunque Armelio es el antónimo de la vanidad y fue preciso tenderle más de una emboscada periodística para que hablara de él y no solo de la cooperativa, salió a flote la herramienta principal en la que ha afincado su mando guajiro.

“Visitar al campesino allí, donde vive y cultiva, ayudarlo a coger la cosecha si es preciso, porque al hombre del campo hay que oírlo, apoyarlo, no se puede dirigir solo dando orientaciones, no hay nada que sustituya esa vivencia, ese intercambio, más en un lugar como este que escasea tanto la fuerza de trabajo”.

¿Cómo acogió aquel mandato siendo tan joven?

Soy sincero cuando te digo que aquello me gustó, no por el hecho de tener un cargo o sentirme jefe, lo que más me ha gustado es trabajar en esta zona, he estado ayudando en otros lugares del municipio, pero me quedo con Santa Rosa porque es un área de buenos campesinos y se llevan muy bien conmigo.

Tengo que decirte que empecé con miedo, era muy nuevo, pero en la medida que fui adquiriendo experiencia trabajé con más soltura, nunca me he visto en un problema. Aun en los momentos duros de la enfermedad que he tenido últimamente no he dejado de pensar en mi cooperativa, y ya estoy de vuelta cogiendo las riendas otra vez, porque con un personal que guapea te dan deseos de trabajar.

Los productores vienen a la CCS a pedir algo y no llegan con pleito ni mala cara, solicitan ayuda y lo que quieren es el recurso para producir; luego ellos ven a uno guapeando el combustible, el fertilizante y que a todos les toca una parte, todo eso crea un clima de confianza, de trabajo. Ninguna cooperativa camina sin no hay unidad y que todo el mundo hale parejo.

¿Cuáles han sido los mayores desvelos como presidente?

Enfrentar la sequía, el año pasado nos quedamos sin agua, a la carrera y con la ayuda de las empresas hubo que hacer huecos para salvar el tabaco que es un cultivo principal aquí, esto estuvo tan apretado que hasta tuvimos que bañarnos en ellos varias veces.

Aquí estábamos cortos con la leche, nos reunimos con los campesinos, apelamos a su voluntad y la cooperativa ha levantado la entrega de ese alimento. Lo otro ha sido guapear duro con los tractores para llevar la mercancía al pueblo y que no se eche a perder. Si fuera a identificar que hace falta para producir más, te diría que apoyar a las cooperativas con transporte.

¿Cómo puede dirigir productores que lo superan en experiencia y sabiduría agraria?

Esa ha sido una de las tareas duras de cuantas he enfrentado, incluso con todos estos años hay campesinos a los que no alcanzaremos, pero me ha salvado que nos llevamos bien, fíjate que cuando alguno no le gusta algo que indicamos se acercan y me dicen: ‘Armelio, ¿que tú crees si eso lo hacemos de esta forma o de la otra?’, y les he dicho: lo voy a analizar, y si han tenido la razón, se la doy. Lo otro es hablar en la asamblea, eso es lo más bonito del mundo, que todos tengan la oportunidad de plantear su criterio y de que se les escuche. Al hombre que está en la tierra no lo puedes obligar ni imponerle las cosas, hay que convencerlo, motivarlo, apoyarlo y después exigirle. También a veces hay que decir no y explicar que será en otro momento, pero tiene que haber comunicación y entendimiento. Cuando me he equivocado, he sabido rectificar.

¿Qué lecciones le aporta dirigir tantos años la CCS?

Esta cooperativa no es la mejor del municipio, pero desde hace rato no le da dolores de cabeza a Taguasco. No creo que sea por la obra de Armelio, es por el trabajo de todos los campesinos y de la junta directiva. En la última etapa he estado enfermo, me operaron en La Habana y no tengo palabras para describirte el apoyo y el aliento que ellos me han dado. Mira, tuve pases en que mi mujer no quería ni venir, es que pasaban en un día por la casa cientos de personas, todos mis campesinos, aquello era interminable. ¿Porque soy popular?, no lo creo, lo que siempre me he llevado bien con todos.

No soy un presidente de yipe y ni un día he dejado de vivir como campesino; no ordeño, pero madrugo, me monto en el caballo o el tractor y visito al productor, disfruto el guateque como el que más, meterme dentro de una vega de tabaco y luego por la tarde me gusta un traguito.

No me veo como presidente, me siento un cooperativista más, jamás he mirado el reloj para atender a un campesino, ni he terminado una jornada a las cinco de la tarde, mi casa por la noche parece el salón de la cooperativa. Sin la ayuda de Magalis Corrales, mi esposa, no existieran estos resultados y, hay algo que no me perdono, pasar por la finca de un campesino, decirle adiós y no llegar.

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