Batalla de Yaguajay: ¿El Guisa espirituano? (+fotos)

Yaguajay, Camilo, batalla
Imagen durante la batalla. De izquierda a derecha Sergio del Valle, Camilo, Haroldo Cantallops y Ernesto Guevara, Tétiro, conductor del Dragón I.

La Batalla de Yaguajay duró 11 días y Camilo puso en práctica distintas iniciativas para forzar la rendición de los cerca de 400 soldados cercados en el Escuadrón 37 de la Guardia Rural

“Ni Santa Clara duró tanto —comentó a este redactor en 1983 el ya desaparecido historiador yaguajayense Herminio Bello Escobar, natural del central Narcisa—, pues allí unos 3 000 soldados y policías resistieron menos de 96 horas y aquí fueron 11 días de combates, creo que caso único en Cuba, pues Guisa duró 10”.

Herminio fue testigo valioso de lo que aconteció en Yaguajay, sobre todo del ambiente imperante que él percibió atareado en la posta médica del ingenio. “Desde la estancia de Máximo Gómez en Narcisa —dijo—, Yaguajay no vivió días tan extraordinarios como esos, y difícilmente los vuelva a vivir en el futuro.

“Camilo llega a Yaguajay 60 años después que lo hiciera el Generalísimo Máximo Gómez a finales de la Guerra del 95, lo que constituye una coincidencia histórica digna de destacar, aunque cuando aquello Cuba quedó bajo la dominación yanqui, y en diciembre de 1958 se decidió la libertad definitiva; he ahí la gran diferencia”, acotó entonces Bello Escobar.

TOMA Y DACA DE CAMILO Y ABÓN LEE

Yaguajay, Camilo, batalla
Camilo, personalidades locales y familiares de los soldados sitiados los exhortaron mediante altoparlante a deponer las armas. (Foto: Perfecto Romero)

Curtido en muchos combates desde la Sierra Maestra, el chino Alfredo Abón Lee, capitán del ejército, villaclareño de procedencia asiática, fue duramente vapuleado junto a su tutor, el asesino Ángel Sánchez Mosquera, jefe del Batallón 11, por las tropas de Fidel durante la Contraofensiva Estratégica, y cuando aquel resultó herido en el combate de Santo Domingo (*), Abón logró escapar a duras penas para ser nombrado jefe del Batallón 22 que persiguió a la Columna Invasora No. 2, comandada por Camilo Cienfuegos desde Oriente hasta el norte de Las Villas.

Basado en Mayajigua y actuando como tercio táctico con esta tropa, Abón Lee y su gente participaron del 29 de noviembre al 4 de diciembre de 1958 en la fracasada ofensiva contra el puesto de mando del Che en El Pedrero, donde tuvieron que enfrentar nuevamente a Camilo y, días después de regresar a Mayajigua, el 20 de ese mes, se vieron otra vez bajo el fuego de la hueste del hombre del sombrero alón, que los obligó —ataques y emboscadas mediante— a refugiarse en el Escuadrón 37 de la Guardia Rural en Yaguajay.

Puede decirse que ese propio día se invirtieron los papeles y, de gato que persigue a su presa, el chino y su batallón se convirtieron en ratones atrapados en la ratonera de un recinto militar sólido, con sus paredes exteriores de 46 centímetros, pero aislado en una llanura dominada por las posiciones rebeldes.

Por contraste, Abón Lee consiguió, con su obstinada resistencia, que las tropas del Frente Norte no pudieran acudir en refuerzo del Che para dar su aporte en la Batalla por Santa Clara —como estaba previsto—, donde, aparte del Regimiento Leoncio Vidal y sus 2 500 soldados, existían el Escuadrón 31 de la Guardia Rural, la Estación de Policía, la Motorizada, la gente del SIM y fuerzas paramilitares.

PROLEGÓMENOS DE UNA BATALLA

Iniciada el 21 de diciembre, la Batalla de Yaguajay se distinguió por un grupo de peripecias particulares. Si bien contó con un estudio cuidadoso de las posiciones del ejército por parte de Camilo y sus capitanes, que incluyó un croquis detallado de la localidad y la liberación adelantada del territorio circundante, aquí hubo intercambio de visitas de Camilo con el Che e, incluso, más de 60 hombres del Señor de la Vanguardia al mando del capitán Pinares tumbaron un puente cerca de Camajuaní y ayudaron a liberar Placetas.

Pero igual que en Jatibonico, si los soldados no podían salir de su amurallado perímetro, los rebeldes tampoco podían entrar, porque no disponían de dos armas ligeras esenciales: mortero o bazuca, capaces de abrir brecha en el cubil enemigo y forzar la rendición de sus defensores.

De ahí que, en una de sus vistas a Camilo (**), el Che le aconseja: “Creo que la mejor manera de tomar este cuartel es que cada soldado tuyo avance de noche, protegiéndose con un saco de arena que deben mover al avanzar”, a lo que Camilo le responde: “Che, si yo tuviera una bazuca y proyectiles, ese chino no me dura ahí ni una hora más”. Pero el argentino le replica que, en ese momento, su única bazuca carece de proyectiles.

Horas después, cuando Camilo vista al Che en Santa Clara, en plena batalla, y se reúne con él en el Tercer Distrito de Obras Públicas, de nuevo insiste ante el argentino en que le consiga ese tipo de arma y le expresa: “Che, si tú eres mi jefe, mi padre, mi hermano, ¿cómo puedes negarme la bazuca?” Pero en ese momento no podía, y cuando por fin el Comandante Guevara captura otras en el tren blindado, le hace entrega de una al capitán Núñez Jiménez y a su esposa Lupe Véliz —testigos de la conversación— para que se la llevaran a Yaguajay, a donde se van en un yipi vía Caibarién.

EN MEDIO DEL COMBATE

Camilo, Yagujay, Dragón, batalla
El tanque improvisado fue capaz de resistir fuego de fusil y ametralladoras, y hasta un bazucazo. Camilo quería construir otros.

Las acciones alrededor de Yaguajay y en el propio poblado empiezan cuando la Columna Mixta al mando de William Gálvez entra en el central Narcisa a las 5:00 a.m. del 22 de diciembre y ocupan el batey, abandonado por los custodios del ingenio, donde son objeto del entusiasmo de los moradores. Casi al unísono llega el comandante Félix Torres con unos 40 efectivos del Destacamento Máximo Gómez desde el Circuito Norte y otro grupo encabezado por Tomás Cortés y Juan Pedroso toma el central Vitoria, se aproxima al flanco norte del cuartel y empieza a hostigarlo.

En la noche del 22 de diciembre arriba Camilo a Yaguajay, al mando de 100 rebeldes, incluido el pelotón de vanguardia con Orestes Guerra al frente, que venía de liberar a Zulueta. Poco antes llegó también Antonio Sánchez Díaz, Pinares, con otros 40 guerrilleros.

Torres avanza con sus hombres y ocupa posiciones frente al hotel Plaza, en el centro de la ciudad, aislándolo. En ese momento había en el pueblo cuatro objetivos ocupados por el enemigo: la Jefatura de Policía, el hotel Plaza, el Gran Hotel y la Sociedad Colonia Española, con unos 20 soldados y policías en cada uno de ellos, además de avanzadillas de guardias en los accesos de la población del lado del cuartel. El 24, cuando ya los defensores se disponían a rendirse por falta de alimentos y parque, llegó un comando desde la guarnición para evacuarlos y en el intento sufrieron 18 bajas entre muertos, heridos y prisioneros.

ROMPER EL IMPASSE

Una vez Yaguajay libre de enemigos, Camilo se desespera por hacer capitular a los cerca de 400 militares aislados en la fortaleza, porque tiene el deber de ayudar al Che en el asalto a Santa Clara, pero es un hueso muy duro porque, además de sus armas de infantería y copioso parque, los soldados disponen de tres ametralladoras calibre 30 de trípode, tres bazucas, dos morteros calibre 81 milímetros y abundantes granadas de mano y de fusil.

El Comandante valora que pudiera dejar sitiado el cuartel con parte de sus hombres, y los demás acudir a la ciudad de Marta Abreu, pero necesita esas armas y, al mismo tiempo, teme que, debilitados los sitiadores, los sitiados escapen por mar con ayuda de la aviación y la marina, que ha estado amagando en la costa. Por eso, el 25, después de que el Che se retira luego de una de sus visitas, le ordena al capitán William Gálvez situar emboscadas en la carretera entre Mayajigua y Chambas, y en los embarcaderos de los centrales Nela y Vitoria, además de ubicar gente armada en el aeropuerto de Mayajigua.

La impaciencia de Camilo explica la puesta en práctica de iniciativas como la construcción de un carro blindado a partir de un buldócer International Harvester TD-14, forrado con planchas de acero y malla, según la idea de los soldados rebeldes Horacio González Polanco y Miguel Sotolongo Medina.

El artefacto, equipado con un lanzallamas también artesanal a falta de una pieza artillera, fue construido en los talleres del central Narcisa y Camilo expresó: “Como Abón Lee es chino y los chinos creen en los dragones que vomitan fuego, le vamos a mandar un dragón que vomita fuego de verdad, y nada menos que por la madrugada”.

Como es conocido, la Operación Boniatillo de ataque al cuartel mediante el Dragón I —tal fue su nombre—, que realizó sucesivos ataques al recinto enemigo los días 26, 27 y 28, siempre de madrugada, tuvo gran efecto psicológico, aunque no militar, por sus averías y el poco alcance y roturas del veleidoso escupe fuego.

Surgió entonces la idea de lanzar contra el cuartel un carro de ferrocarril cargado de dinamita por un ramal que llegaba a la propia instalación por su parte trasera. La acción se llevó a cabo, pero no tuvo éxito debido a que el intenso fuego de los soldados cortó el cable del magneto y los vagones se descarrilaron en el patio posterior del cuartel, aunque derribaron una pared. En una segunda tentativa, se cargó un vagón con leña, se le dio candela y luego se le empujó contra el baluarte enemigo, pero tampoco esta vez resultó el intento.

CONTEXTO IRRESISTIBLE Y DESENLACE

No obstante la aparente inexpugnabilidad del cuartel, la moral de los soldados se fue deteriorando de forma paulatina por el constante acoso de los atacantes, la carencia de teléfono y electricidad y, sobre todo, por la falta de agua y alimentos, el hedor de los muertos —enterrados a flor de tierra en el patio— y los lamentos de los heridos, a los que resultaba imperativo evacuar con urgencia.

En esas circunstancias, entre tregua y tregua en las que Abón Lee pide concesiones de Camilo, pero se resiste a capitular, recibe Cienfuegos la tarde del día 30 la bazuca que le traen Núñez Jiménez y su esposa Lupe, además de un mortero descompuesto —llegado por otra vía—, el cual sus hombres se empeñan en arreglar. Allí mismo le escribe una nota al Che con el siguiente texto:

Diciembre 30-58

“Che, si el chino maricón resiste, tomaremos esa mierda a cuchillo. Los obuses del mortero, los dos que tiramos, no explotaron. No tengo más impulsores. / Camilo/. Recibí el refuerzo, suerte”. Y luego, ya verbalmente, les expresa a sus interlocutores con su invariable sonrisa alegre y franca: “Díganle al Che que hoy mismo rindo al chino…, yo sabía que él no me iba a fallar”.

La realidad, empero, impuso sus correcciones y Camilo no pudo rendir ese día el cuartel, pero lo logró al día siguiente en medio del júbilo apoteósico del pueblo. Y dicen que Abón Lee, quien debió en parte su carrera militar al apoyo de un criminal como Sánchez Mosquera, se sintió orgulloso de terminarla al embate de su perseguido-perseguidor, un hombre afable rodeado del respeto y el cariño desbordado de sus compatriotas.

(*) Rara simbiosis de asesino valiente, Sánchez Mosquera fue evacuado en helicóptero.

La lesión lo dejó parapléjico. Escapó junto a Batista el Primero de Enero de 1959.

(**) Del libro El Che en combate, escrito por el doctor Antonio Núñez Jiménez.

Las citas donde se menciona a este autor son de ese texto.

Nota: Escambray agradece a Gerónimo Besánguiz, director del Complejo

Histórico Comandante Camilo Cienfuegos, por su contribución a este trabajo.

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