EE. UU.-OTAN vs. Rusia: ¿Otro Plan Barbarroja en perspectiva? (+fotos)

Las ambiciones del imperialismo estadounidense y su carencia progresiva de importantes materiales estratégicos para su industria —en especial la de guerra— lo llevan a urdir planes contra Rusia similares al nefasto Plan Barbarroja desatado por la Alemania nazi contra la URSS en junio de 1941

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La recién finalizada maniobra Tormenta de Primavera de la OTAN en Europa del Este parece enfilada al mismo propósito agresivo.

El fortalecimiento continuo de la maquinaria de guerra de Estados Unidos, la expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas y la ubicación de radares y misiles de última generación en Polonia, Rumanía y otros puntos próximos al flanco suroeste del país euroasiático son, entre otros elementos, indicios aproximados de que se está en presencia de aprestos bélicos hacia el este que pueden dar lugar a un nuevo Plan Barbarroja para la conquista de la Federación de Rusia y su destrucción como estado nacional.

En concreto, la Directiva No. 21 de Adolf  Hitler, más conocida como Plan Barbarroja (*), estaba referida a la agresión masiva por tierra mar y aire a la Unión Soviética y fue elaborado desde 1940 por el Estado Mayor de la Wehrmacht, con la participación —entre otros— del mariscal Wilhelm Keitel, jefe del Alto Mando de las Fuerzas Armadas de Alemania; Alfred Jodl, coronel general, jefe del E. M. de la dirección operativa del Alto Mando; el general Warlimont, de la Dirección de Operaciones, y el luego mariscal Frederick von Paulus, jefe de las tropas germanas cercadas y destruidas en Stalingrado.

El fin último de tan maquiavélico y horroroso plan era demoler el estado nacional ruso-soviético y apropiarse de todos sus recursos, eliminando a la mayor parte de la población y convirtiendo a los sobrevivientes en esclavos, pero la catastrófica derrota de Alemania y sus aliados en 1945 lo frustró.

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Soldados alemanes avanzan por tierra soviética en los primeros días del inicio del Plan Barbarroja.

¿ÉMULOS DE HITLER EN EL SIGLO XXI?

Si un país tiene los mismos designios agresivos de otro —aunque fuere en otra época—, se define como imperio y sus motivaciones son similares, está llamado a recorrer parecido trayecto, salvando las distancias. Un análisis comparativo de los fines y métodos de la Alemania hitleriana con los del imperialismo norteamericano, arroja asombrosas analogías. Veamos.

En cualquier análisis científico de un crimen, primero hay que buscar las motivaciones que puede tener el presunto autor, y en este caso se dan por docenas, toda vez que, una vez desaparecida la Unión Soviética, Estados Unidos creyó que había llegado la hora del llamado “siglo americano” y desató las agresiones contra Yugoslavia, Afganistán, Iraq y otros países, en una vorágine de guerra y caos que le hizo concebir en su momento la posibilidad de la desintegración de la Federación Rusa, para dominar uno a uno, mediante la seducción y el chantaje, a los ricos territorios resultantes.

Cierto que este crimen no logró ser consumado, pero no por falta de intentos, por ejemplo el apoyo de Washington y sus vasallos occidentales a los separatistas chechenos en la década del 90 del pasado siglo, la incitación a Georgia para que atacara en 2008 los enclaves autónomos de Abjasia y Osetia del Sur, con el propósito de provocar a la emergente Rusia y probar su determinación a defender sus intereses nacionales, cuando Putin asistía a las Olimpiadas de Pekín, China.

En fechas más recientes se ubican el golpe de estado en Ucrania y la promoción de la guerra en Siria, que estalló en 2011 con la complicidad de una coalición de Estados árabes y los inevitables Estados Unidos, Reino Unido y Francia, así como Turquía, como promotores. Si en el primer caso se trataba de privar a la Rusia de Vladimir Putin de un aliado cardinal y, de paso, crear desestabilización en sus fronteras para afectar a Moscú, del otro implicaba eliminar en el Medio Oriente uno de los últimos bastiones que se oponen a la dominación de Estados Unidos e Israel en esa área.

A esta fecha, tanto Ucrania como Siria continúan siendo puntos de  constante fricción entre Rusia y la pandilla liderada por Washington, que bloquea y adopta constantes sanciones contra el mayor país del mundo, con el pretexto de la recuperación de Crimea, base de la flota rusa del Mar Negro, vital para sus intereses en toda la región. En estos casos se han creado dos nudos gordianos, pues Moscú no puede ceder, so pena de comprometer su seguridad nacional.

Si Siria cae, el próximo objetivo de Washington sería Irán, al cual estaría obligada a defender para evitar tener los misiles yanqui-otanistas, el terrorismo y la subversión, en su bajo vientre caucásico. 

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Hitler puntualiza en un mapa detalles del macabro Plan de agresión, destrucción y apropiación de la URSS, codificado Barbarroja.

DIFERENCIAS, SIMILITUDES Y MOTIVACIONES

Se puede alegar que la situación ha cambiado y que hay otros factores disímiles en la arena mundial, como el surgimiento de China como superpotencia militar y económica, el problema con Corea del Norte, y un largo etcétera; pero, mirándolo bien, actualmente se dan, como en 1940-41, las premisas para otro Barbarroja, al menos en su concepción.

El mesianismo estadounidense que les lleva a creerse el país elegido para dominar el mundo, acopla perfectamente con los postulados nazistas (**), según los cuales, los alemanes son la raza superior destinada al dominio universal, y los demás, razas inferiores, algunas de las cuales, como la eslava, debía ser prácticamente exterminada, dejando solo unos pocos millones de individuos para servir de esclavos a los señores teutones en los inmensos territorios conquistados. 

La tendencia a rodearse de vasallos antes de agredir a la URSS, materializada por el III Reich con el concurso de Italia, Hungría, Rumanía, Finlandia y la cooperación económica de Bulgaria y la España de Franco, encuentra ahora su homologación en una OTAN liderada por Estados Unidos, en la cual figuran —entre sus 28 miembros—, Alemania y sus títeres de entonces. Incluso, países neutrales de larga data, como Suecia y Finlandia, hacen guiños oportunistas a quienes creen más fuertes, coaligándose contra Rusia, sin que ninguno sea amenazado por Moscú. 

Un tercer factor es la necesidad urgente e insoslayable de Washington de atenuar sus contradicciones con la Unión Europea —que devienen cada vez más antagónicas en el terreno económico-comercial—, por la vía de provocar ficciones y tensiones bélicas con Rusia, con la cual compite a brazo partido en este momento, tratando de arrebatarle a la fuerza su mercado gasífero en Europa occidental, para imponerle su más caro gas natural licuado.

En cuarto término, situamos —de manera aleatoria—, la creciente carencia por la industria estadounidense, sobre todo la agrupada en el Complejo Militar Industrial (CMI), de metales y materiales estratégicos imperiosos para su funcionamiento. Un estudio de hace 10 años publicado por el Mineral Information Institute (***), mostraba que Estados Unidos debía importar entonces el 100 por ciento del arsénico, columbo, grafito, manganeso, mica, estroncio, talantium y tritium que consume.

Asimismo, la superpotencia se mostraba deficitaria en un 99 por ciento de alúmina y bauxita; en un 98, de piedras preciosas; en un 95 de diamantes industriales y asbestos; 94 de tungsteno; 91 del grupo de metales del platino; 84 del estaño; 79 del cobalto; 75 del cromo; 66 por ciento del níquel, y además importaba el 88 por ciento del fluor que consumía; 86 del tántalo; 82 de la barita; 74 del potasio; 62 de antimonio; 58 del yodo y 50 del cadmio, todos esenciales y estratégicos.

Para colmo, aunque han aparecido ciertos yacimientos de uno u otro metal o mineral, algunos de estos elementos se agotaron totalmente y, en cambio, el desarrollo vertiginoso de la astronáutica, la electrónica y las comunicaciones hacen imprescindibles el uso de litio, cuyas mayores reservas están en Bolivia, y tierras raras, de las cuales China tiene la exclusiva. De ahí las constantes presiones de Obama y luego de Trump contra el gobierno de Evo Morales, y la reciente acusación a China ante la OMC para que le obligue a proveerle baratas, esas caras y escasas tierras.

Un quinto factor para considerar la posibilidad de un nuevo Plan Barbarroja, está en la misma ejecutoria de los Estados Unidos, único país en la historia de la humanidad que ha utilizado armas atómicas contra objetivos civiles, como ocurrió el 6 y el 9 de agosto de 1945 con las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

Por si fuera poco, aquel masivo acto criminal tenía un objetivo oculto, pues más que castigar a Japón por su traicionero ataque aeronaval contra Pearl Harbor del 7 de diciembre de 1941—como se le presentó—, perseguía iniciar el chantaje atómico contra la Unión Soviética para que esta se plegara a sus intereses hegemónicos en el mundo de la posguerra, luego de haber hecho la mayor contribución a la victoria en la II Guerra Mundial.

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En principio Estados Unidos no ejecutó Dropshot porque todavía no contaba con suficientes bombarderos y bombas atómicas y en el ínterin, la URSS detonó su propia Bomba “A” .

YA HUBO UN BARBARROJA YANQUI

Sobran elementos para probar el carácter rapaz, criminal y aventurero de Washington, equiparable al del III Reich hitleriano, cuando se conoce además la existencia en 1949 del llamado Plan Dropshot, sancionado por el entonces presidente Harry S. Truman, según el cual Rusia sería destruida preventivamente, mediante el lanzamiento de 300 bombas nucleares y otras 29 000 bombas convencionales sobre 200 objetivos y cerca de 100 ciudades y pueblos de la Unión Soviética, para así acabar de un solo golpe con el 85 por ciento del potencial industrial del país y decenas de millones de almas.  

Además, se confeccionó una lista de blancos para ataques nucleares en los territorios de la Unión Soviética y sus aliados que contenía la friolera de 1 200 ciudades desde Alemania Oriental en Occidente, hasta China en el Oriente. Si esos planes criminales no pudieron llevarse a cabo entonces, fue porque mientras EE. UU. se esforzaba en completar las 300 bombas atómicas, y la flota de bombarderos necesaria para transportarlas hacia sus blancos, la URSS detonó en 1949 su propia bomba nuclear, enfriando ipso facto las cabezas calientes de los estrategas norteamericanos.

Un repaso a las noticias internacionales del día a día, permite constatar la peligrosidad e irresponsabilidad de las manifestaciones y presiones de Washington sobre Rusia y China, hasta el punto de tornarse irreales y demenciales, como las declaraciones de la representante permanente de EE. UU. ante la OTAN, Kay Bailey Hutchinson, difundidas por Reuters, según las cuales, su país “está listo para destruir las armas rusas … que violen el Tratado sobre Misiles de alcance medio y corto”, lo que equivaldría a la guerra.

Poco antes el secretario del Interior norteamericano amenazó con bloquear las exportaciones de petróleo de Rusia en Asia y el Medio Oriente, si su gobierno lo estimaba necesario, acto que llevaría, seguramente, a la III Guerra Mundial. Debe recordarse a propósito que fue el bloqueo petrolero a Japón  aplicado por Estados Unidos en el otoño de 1941, el factor desencadenante de Pearl Harbor. Al parecer la historia enseña poco a quienes más debiera. 

(*) Por Federico I de Hohenstaufen, llamado Barbarroja por el color de su barba, conquistador y figura principal del Sacro Imperio Romano-Germánico en el siglo XIII.

(**) Ideas expresadas por Hitler en Mi lucha y por Alfred Rosenberg, ideólogo del nazismo y suplente del Führer para la preparación “espiritual e ideológica”.

(***) “Crisis Mundial Capitalista”, Colección Especial no. 19: América Latina-Estados Unidos. Dependencia estratégica y crisis. 2009.

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