El arte de deshilar – Escambray

El arte de deshilar

En Trinidad, María de la Caridad Viciedo (Mery) apuesta por enseñar las técnicas de la aguja para que se mantengan vivas en la comunidad

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Para Mery Viciedo el deshilado es la técnica que más disfruta hacer. (Foto: Lisandra Gómez/ Escambray)

Las manos no se detienen ni un segundo. Marcan un ritmo preciso. Toman la aguja. Pasan la tela. Cortan el hilo. Rematan y vuelven a comenzar. Horas después, a la vista de todos, una perfecta obra de arte se devela en el textil. Nace de ella una flor deshilada que parece caída de su planta natural.

Alguien puede imaginar que resulta fácil cuando aprecia esa creación. Mas, María de la Caridad Viciedo, o Mery, como mejor se le conoce, sabe bien que para lograr esa exquisitez se precisan muchos años de práctica y consagración.

“Desde hace mucho incursiono en la lencería y entre todas las técnicas de la aguja prefiero el deshilado, porque te obliga a no equivocarte. En un tejido, desbaratas y vuelves, pero cuando cortas un hilo ya todo se acaba. Para aprovecharlo, lo utilizo en diseños muy ligeros y actuales. Por ejemplo, ahora se usan los pantalones rotos, tomé uno y le hice una flor deshilada. Estoy a la moda de una manera diferente y con tradición”, refiere esta espirituana de cuna y trinitaria por adopción.

Precisamente en la tercera villa de Cuba, tierra fértil en manualidades, descubrió cómo explotar mejor esa pasión. Tanto, que son muchas las personas que hoy conocen los secretos de las agujas, hilos y textiles gracias a su paciencia.

“Hace un tiempo creé un taller de formación y perfeccionamiento de manualidades de la aguja que tiene como nombre Siempre a mano. Surgió como resultado de una investigación en la cual analizamos cómo habían evolucionado los elementos de la randa en Trinidad. Lamentablemente, muchos se han perdido. Nos dimos cuenta de que desde el siglo XIX y hasta 1956 se confeccionaba de una forma que es poco común encontrar en estos momentos. Volver a esos puntos es nuestra máxima”, añade.

¿Cómo fue la acogida de esa idea?

“Muy buena. Más de 100 personas han pasado ya por el taller, el cual es avalado por la universidad espirituana como curso de superación. Pero nuestra mayor satisfacción es que no solo han solicitado cursarlo personas residentes en Trinidad, sino de las localidades aledañas. Han apostado por recorrer más de 20 kilómetros para recibir y compartir conmigo lo que ellos saben también”.

Es por ello que a Mery actualmente se le ve cada semana en los portales del Museo de Arquitectura rodeada de personas de diferentes edades empeñadas en dar las puntadas exactas; al igual que en la Escuela Secundaria Básica Urbana Carlos Echenagusía Peña, donde enseña a un pequeño grupo de estudiantes.

“Compartimos varias técnicas de la aguja como el deshilado, el frivolité, encaje Tenerife, crochet de horquilla o miñardí y encaje de bolillos. En Trinidad aprender y realizar esos tipos de manualidades se ha convertido en un fenómeno social porque es el que lleva el plato a la mesa y, a veces, eso propicia que se descuide y no se haga tal y como surgió. Es raro que transites por una calle y no veas a una persona con un bastidor en la mano, hilo y tela. Esa necesidad e interés desenfrenado por aumentar los ingresos económicos personales ha provocado que se aprenda sin contar con todos los conocimientos y lo que se muestre como producto final no resulte lo que verdaderamente identifica a la artesanía trinitaria y cubana. Al ser ya tan masivo, desterrar esas malas prácticas precisa de mucho tiempo y, sobre todo, de la comunión del resto de las personas que sí conocen y del respaldo de las instituciones. El mercado no puede seguir acogiendo lo que no sirve, porque estamos ofreciendo una imagen desacertada de nuestras raíces culturales al mundo”, comparte con Escambray.

“Ya llevo un período de cuatro años con el taller y quienes han pasado por él tienen otra formación y tratan de que sus piezas muestran otro acabado. Pero, hay que seguir impulsando al movimiento artesanal trinitario. Las malas hechuras están arraigadas, por lo que no podemos desistir. Siempre digo a mis alumnos que lo que saben deben transmitírselo a otras personas porque solo así se mantendrá viva y vital esa herencia llegada de nuestros antepasados”, acota.

Mery Viciedo logra enamorar con sus creaciones. En el pasado XXI Salón Provincial Crearte, auspiciado por la filial espirituana de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA), se erigió entre las más premiadas, al igual que dos de sus alumnos, quienes honraron el legado de nuestros antepasados llegados desde las Islas Canarias.

“La mayoría de los lauros en los salones municipales de la ACAA y en el provincial han premiado nuestro sacrificio y eso nos estimula a seguir”, dice mientras muestra algunas de sus creaciones.

¿Cómo ha sido la inserción de hombres en el mundo artesanal al convivir en una sociedad machista?

En Trinidad, al asumirse como una alternativa económica, se ha perdido un tanto la pena de ejercer un oficio que solo ejercían las mujeres. He tenido varios alumnos con una excelente factura en sus trabajos. Incluso, uno de los premios del salón provincial recayó en Adrián Carmona por un conjunto de tapates deshilados que demuestra una elegancia increíble.

Cuando ve una pieza nacida con acierto desde las manualidades, ¿qué es lo que más disfruta?

Que no la encuentras con facilidad en una tienda y que es la obra de una persona que se entregó a plenitud para crear algo digno de admirar.

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