El caso que tenga ante mí es el más importante (+fotos)

Como parte de su amplio espectro profesional, la psicóloga Noemí Coello Pérez consultó durante 25 años a cientos de adolescentes espirituanos en una institución extraordinaria

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“Cuando un paciente viene tienes que ofrecerle información valiosa, actualizada, asertiva”, considera Noemí. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Su apariencia puede parecer la de una mujer frágil, nada más incierto, en quien se conjugan con gracia sensibilidad y perseverancia. Y no ha podido el tiempo llevarse la belleza de los 63 años que ha vivido.

Basta dialogar con ella apenas 5 minutos para que uno quiera hasta copiar cada palabra que diga como si estuviera dictando una lección de vida, y puede ser que permanezca en nuestro pensamiento el modo de actuar ante un conflicto personal, porque la máster en Sexología Noemí Coello Pérez es psicóloga cabal, profesional apasionada y espíritu conciliador.

“Cuando un paciente viene tienes que ofrecerle información valiosa, actualizada, asertiva, una cosa que me ayudó mucho en mis inicios fue que siempre consideré que ningún paciente tenía que hacer lo que yo le dijera, puesto que tampoco nunca le dije qué era lo que tenía que hacer. Si un análisis le sirve para mejorar su vida personal, me doy por satisfecha; no tiene que hacer lo que yo digo, si no cada vez que tiene un problema tiene que venir a preguntarme”.

Suerte para quienes han necesitado su ayuda que la ubicación laboral después de terminar la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas la trajo hasta Sancti Spíritus en 1979, aunque nació en Camajuaní.

“Cuando terminé me asignaron a esta provincia, ya estaba embarazada de mi primera hija y me hicieron la propuesta de quedarme en Villa Clara, pero tenía la propuesta de aquí, lo discutimos en familia y mi papá fue el primero que estuvo de acuerdo que cumpliera mi Servicio Social”.

Dicha de su propia niñez y adolescencia haber crecido en la finca Rosalía junto a toda la familia asentada alrededor del hogar de los abuelos, tradición traída de las Islas Canarias. 

¿Cómo calaron en usted los años iniciales de su vida?

“Mi mamá era una mujer dedicada a los hijos, siempre quiso que estudiáramos que fuéramos alguien en la vida, esas eran sus palabras. Cuando salí de la secundaria mi mamá me dijo: ‘Estás sola en la calle, lo que pase contigo es tu responsabilidad’. Ella no sabía nada de educación sexual, lo que ella sí sabía era que me tenía que hacer responsable de mi conducta por mí misma, y eso me quedó claro.    

“Mi padre era militante del Partido, vanguardia nacional, destacado en la propia familia, un hombre serio, pero muy amable. Cuando triunfó la Revolución él también quiso estudiar y estuvo en el Escambray haciendo la secundaria básica”.

Comenzó como jefa del Departamento de Psicología del Policlínico Norte apenas recién graduada, y con la ayuda del licenciado Leonides aprendió a organizar muy bien las decenas de historias clínicas y los casos de interconsulta con otras especialidades.

“Nunca le he dicho a nadie: no te puedo atender, porque considero que cuando la gente quiere hablar contigo es cuando tiene una necesidad, a veces, una buena orientación, en un momento preciso evita un conflicto, y si no encuentras la ayuda se te puede convertir en un gran problema”.

El surgimiento del Programa del Médico y la Enfermera de la Familia la apasionó y contribuyó significativamente a que Noemí tomara más tarde la decisión que fue el eje profesional de su vida.

“Se hicieron consultorios pilotos en la ciudad y en la montaña y yo me encontraba en el Policlínico Norte, que era el primero después de Fomento en iniciar la experiencia, y fuimos recibiendo a todos los profesores que escribieron maravillosamente los libros del programa de atención integral a la familia. Mi función era docente como profesora del Grupo Básico de Trabajo, pero seguía siendo psicóloga, y con el objetivo de enseñar visitaba los ocho primeros consultorios que se hicieron del Policlínico Norte”.

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Noemí y su esposo, el psicólogo Rafael Wert, recibieron en el 2013 el Reconocimiento por la Obra de toda la Vida que otorga el Ministerio de Salud Pública. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

¿Cómo surge el Centro de Orientación para Jóvenes, Adolescentes y la Familia (Cojaf) donde usted laboró durante 25 años hasta la desaparición de la institución?

“En una feria comunitaria en el Kilo-12 en 1991, por iniciativa del director de Salud, en aquellos momentos Gómez Bueno, con mucha visión de futuro y claridad de las necesidades de la comunidad adolescente de la provincia, con apoyo del Partido y el Gobierno del territorio.

Nosotros estuvimos 10 años sin local y los objetivos que teníamos que era mejorar el Programa del Médico de la Familia, la integración social de la familia; el director autorizó que empezara trabajar con el licenciado en Psicología Rafael Wert, mi esposo.

Poco a poco surgieron nuevos compromisos, en 1993 asumió la presidencia de la Comisión Provincial de Educación Sexual y más tarde la dirección del Grupo Provincial de Atención Integral a la Salud Adolescente y, precisamente por su consagración profesional en esta sección a partir del desarrollo del Cojaf, recibió en 2013 junto a su esposo el Reconocimiento por la obra de la vida otorgado por el doctor Roberto Morales Ojeda, entonces ministro de Salud Pública, y la doctora Francisca Cruz Sánchez, presidenta de la Sección de Adolescencia de la Sociedad Cubana de Pediatría.  

“En la adolescencia surge la autoconciencia y la autovaloración, entonces el adolescente ya es capaz de entender lo que le está pasando de tomar decisiones, si está bien informado tendrá una oportunidad de tomar mejores decisiones y si no está bien informado tomará decisiones erróneas. El centro lo que hizo fue proveer de una buena información y creo que una cosa muy positiva era que tenía muchas puertas de entrada, el que no venía por consulta entraba por un video-debate o entraba por una actividad educativo-recreativa”.

En el ejercicio de su profesión puede ser que se sugestione con los problemas de los demás, ¿cómo usted ha sobrellevado esto en particular?

“En la carrera aprendes a tomar distancia de los asuntos sin perder la empatía, y claro que te afecta, y no es que lo diga yo, es que está recogido en la literatura. Cuando empecé a trabajar en el Centro de Orientación para Jóvenes, Adolescentes y la Familia, empecé a recibir muchos papelitos con mensajes, dibujitos, que todavía guardo, y revisando bibliografía encontré que los prestadores de servicios amigables de adolescentes pueden convertirse en figuras de apego, como son los padres, tíos, abuelos.

Desde 1982 se vinculó definitivamente a la pedagogía y además de la maestría obtenida en 1996 por la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, también posee la formación como sexóloga clínica por esta misma casa de altos estudios, y ha ejercido desde hace más de 30 años además como terapeuta matrimonial y para disfunciones sexuales. 

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La máster en Sexología también ha sido pedagoga terapeuta matrimonial y para disfunciones sexuales. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

¿Algún momento inolvidable, por triste?

“Si te voy a ser franca, donde más precio tuve que pagar fue en la prestación de los servicios de acompañamiento a las víctimas de abuso sexual y sus familiares. Nosotros podemos condolernos, o prestar un servicio de calidad, yo creo que es obligatorio para todo profesional que se respete brindar servicios de calidad, lo que también hay que aprender a sentir empatía, eso es algo que tú vas aprendiendo diariamente, no me gustaría dejar nunca de ver a las personas, para mí cada caso es nuevo, es importante y cuando está delante de mí es el primero, cuando sale ese, entra el otro y ese ocupa el primer lugar. 

En el 2013 llegó hasta sus manos el Primer Premio a la Investigación Científica por los servicios amigables del Cojaf en el III Congreso Internacional de Educación, Orientación y Terapia sexual, efectuado en Varadero.

“Yo creo que trabajar con servicios amigables de salud para adolescente y jóvenes cambió el enfoque, porque la mayoría de las personas entiende si ya está enfermo, ya está el problema; pero trabajar la promoción del desarrollo es muchísimo más complicado, porque es más difícil decir voy a hacer esto para que no pase lo otro, a decir ya mejoré lo que ya estaba enfermo”.

Invitada al Primer Congreso Integrado de Adolescencia en Uruguay en el 2015, una sorpresa marcó una nueva satisfacción para la psicóloga. “La funcionaria de salud de Sao Paulo se nos acercó para decirnos que se habían creado 25 centros para la atención adolescente en esa ciudad, a partir de un intercambio dos años antes, eso fue muy gratificante porque la experiencia nuestra ha servido también para que otros países hagan cosas”.

¿Dónde ha encontrado Noemí su mayor fuente de energía?

“El apoyo de mis dos hijos y de mi pareja siempre ha sido imprescindible, he podido contar incondicionalmente con ellos cuando ha pasado cualquier situación dolorosa, porque no puedo decir que la vida mía ha sido de rosas, es que yo no creo que existan vidas de rosas.  Rubinstein, un psicólogo famoso, decía que el que persevera triunfa, y decía también que aquellas personas con una voluntad fuerte saben desear con pasión aquello por lo que luchan. Yo he deseado intensamente y he luchado con pasión por lo que amo”.

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