El peso no tiene vuelto

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Ilustración: Osval

Si el menudo está “a pululu”, entonces que te escamoteen a la cara los centavos que te sobran no es un acto de involuntariedad; sino, casi, de robo

Casi nada, para no pecar de absoluta, cuesta un peso. Un vaso de refresco dispensado quizás; un minimantecado, acaso; aunque la moneda amarillenta o el billete con la imagen de Martí en uno de sus dorsos sea el precio más barato que uno halle en cualquier establecimiento de esta isla.

Porque lo sabemos: la peseta ha quedado de reliquia, pues lo único que cuesta 20 centavos son algunas rutas de los ómnibus locales. Pero no vengo a divagar que si antes un pan con queso de crema valía a lo sumo 25 centavos, que si con un peso te tomabas no sé cuántas cervezas, que si hasta viajabas a La Habana por 5 pesos…, desde entonces se han caído muros, se ha sobrevivido a períodos especialísimos, se ha encarecido el costo de todo y se han perdido hasta los pesos.

Lo que me impele a escribir, además de la molestia por la devaluación de esa moneda —como de todas—, es un mal en peligro de extensión: el peso no tiene vuelto. Y no me refiero a los centavos de más que en un acto de bondad inusual uno suele regalar: “Quédate con el cambio”; sino al timo sin consentimiento: “Mima, no tengo menudo”.

¿Ni los centros gastronómicos ni de Comercio —ya sean estatales o no— disponen de pesetas, medios o quilos? ¿No existe disponibilidad de cambio en las arcas bancarias para garantizar fondos? ¿Resulta más fácil embolsillarse el dinero de otros?

Cuando Escambray andaba de mostrador en mostrador varios ejemplos pesaron en la balanza: que si en La Casiguaya el paquete de croquetas cuesta 5.45 y te cobran 6.00; que si a veces compras tres bolsas de yogur en cualquier mercado y pagas con 10 pesos y tienes que reclamar el peso de vuelto; que si hasta en las shoppings en ocasiones te sugieren que tengas el medio exacto…

Pero tampoco se debe a que el menudo no sea un fondo obligatorio en cualquier instalación. Debe existir, aunque se agota; debe darse siempre, aunque se viole.

En las bodegas donde se expenden los productos de la canasta básica —único lugar de Cuba en que aún la mayoría de los costos no excede el peso—, dependientes y administradores interpelados por este semanario despacharon no pocos argumentos: existe un fondo de cambio de 50 pesos que se acaba en un día cuando vienen muchos productos a la casilla; obligatoriamente hay que tener menudo porque el pan, por ejemplo, cuesta 5 centavos; ir a cambiar al banco es un dolor de cabeza, pues a veces no te cambian y en otras ocasiones solo tienen pesetas; el bodeguero tiene que estar como un esclavo atrás del menudo casi diariamente.

Mas, la escasez de monedas no es un mal que afecte las arcas bancarias. Por lo menos así lo asegura Leidy Jiménez, jefa del departamento de efectivo del Banco Popular de Ahorro (BPA): “Las empresas que operan con el BPA tienen menudo garantizado. Cada vez que las sucursales lo solicitan se hacen llegar los pedidos al Banco Central y se garantizan hasta de 1 o 2 centavos. Igual se hace con las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD). Aunque la Empresa Cubana del Pan es la que opera con el BPA, nosotros ofertamos el menudo a todo el que viene, incluidos los trabajadores por cuenta propia”.

Son las mismas disponibilidades para todos, léase entidades estales, trabajadores no estatales y hasta las TRD, donde ahora con la posibilidad de pagar en pesos cubanos te deben devolver quilo a quilo en moneda libremente convertible. Si el menudo está “a pululu”, entonces que te escamoteen a la cara los centavos que te sobran no es un acto de involuntariedad; sino, casi, de robo. Porque si encima de recibir, en ciertos lugares, caras largas cuando solicitas un producto o respuestas agrias también se van a negar a devolverte lo que es tuyo, será mejor no salir de casa.

Ni porque en la novel Resolución No. 54 —que se promulga como coraza protectora de los consumidores— se establezca que los clientes tienen derecho a recibir hasta los quilos excedentes llegarán a sus bolsillos. Y no lo afirmo por desconfianza ni por puro pesimismo; lo sostengo porque en todos estos años ha sido norma a cumplir en cada uno de los establecimientos y en todos estos años se ha violado sin que uno se entere de que le pongan el cascabel a tal estafa.

Sí, pues tampoco creo que el cambio sobrante vaya a engrosar los fondos estatales para solventar deudas mañana y no las arcas particulares de los vendedores. Tampoco será para enriquecerse, pero nadie duda de que de centavo en centavo se van llenando, además, los caminos de la deshonestidad. En tanto, para que los centavos de más sean una decisión personal de si los dejas o no, habrá que seguir exigiendo la supuesta “propina” a la cañona.

3 comentarios

  1. Muy buen escrito,las unidades estatales tienen unfondo para eso pero a veces se hacen los suecos ,deja que se aplique bien lo de la protección al consumidor que te van a devolver de más…………………………….

  2. Por favor cuando van hacer un reportaje o una visita a las panaderías, para ver el tema higienes, calidad del pan, multas, no solo a las de la cuota, principalmente a las del PAN de “5” y “10” peso que no tiene calidad ninguna, hace un tiempo se hablo de la calidad de la harina, parece que volvimos a ser el ultimo en la distribución de la harina para el pan de la provincia.

  3. En los taxis, que cobran en CUC, sucede lo mismo: del aeropuerto Jose Marti al Vedado, la carrera debe costar entre $20 y $25. Digo que oscila porque los taxis ya no traen “taximetro” para que el usuario vea como se le cobra por km desplazado. Depende de si el taxista es serio o un bandido, como los de “Rio Frio”. Entonces, cuando llego al hotel, le doy al taxista $30. con la esperanza que me de “el vuelto”, que no son 2 centavos, sino 5 fulas. _”Lo siento, no tengo cambio”, me dice a la cara el taxista. Ahi me empieza a cambiar en rostr, porque ya “el tumbe”, no es de kilitos. No me da la gana de darle 5 de propina de esa forma tan descarada y tan planificada._”Esperame aqui, que voy a cambiar a la recepcion del hotel”. La atenta carpeta me cambia los fulas y regreso al taxi a recoger mis maletas y a pagar lo que el taxista dicto. Eso si, le doy $2 de propina, no los $5. que el queria tumbarme de manera mandatoria. Asi las cosas con los vueltos o los cambios en Cuba.

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