El simbolismo del Moncada

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Este 26 de Julio, justamente a las 5 y 12 de la madrugada, otros jóvenes tomaron el cuartel por asalto. (Foto: ACN)

Sesenta y cinco años después los jóvenes no empuñaron las armas, sino banderas cubanas y del 26 de Julio

Eran las 5 y 12 de la madrugada de aquel 26 de julio de 1953. Justo a esa hora otros jóvenes asaltaban aquellos muros y solo se oían el retumbar de las metrallas agujereando hasta el silencio, tiros de un lado a otro y, luego, gritos de horror ante tanto asesinato de vidas rebeldes.

Sesenta y cinco años después, siguen ahí los mismos hoyos en el concreto quizás para recordar que tanta sangre juvenil fue el catalizador de los sueños de hoy. Sesenta y cinco años después, justamente a las 5 y 12 de la madrugada otros jóvenes tomaron el cuartel por asalto. No hubo armas, empuñaron banderas —cubanas y del 26 de Julio— y lo único que estremeció a esas horas de este 26 de Julio de 2018 en Santiago de Cuba fueron los acordes del Himno Nacional salidos de los instrumentos de la Banda Provincial de Conciertos.

Y las voces de los artistas declamando los versos de otros poetas y las palabras de aquella pionera y de esa profesora universitaria recordando que allí mismo se forjaron las luchas que nos han conducido hasta el presente.

Lo ratificaría Lázaro Expósito Canto, primer secretario del Partido Comunista de Cuba en esa oriental provincia: “Nos convoca hoy el recuerdo a nuestros mártires. Ellos son nuestros muertos sagrados”, diría, para también recalcar: “El Moncada marcó el camino a recorrer. Para los santiagueros siempre es 26”.

Más tarde, parado a espaldas del propio cuartel que en otros tiempos asaltara, llegaron las palabras de Raúl Castro Ruz, primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, para confirmar, acaso, que la historia es un ciclo interminable.

Haría entonces el otrora líder guerrillero precisiones acerca de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, ratificaría la solidaridad de la isla ante el encarcelamiento de Luis Ignacio Lula da Silva, las injerencias en Venezuela y en Nicaragua, recordaría las intervenciones tan preclaras de Fidel Castro y terminaría asegurando que: “La historia ha demostrado que sí se pudo, sí se puede y siempre se podrá”.

Hubo un simbolismo de más esta mañana: la bandera cubana que ondea colgando de uno de aquellos muros, la imagen inmensa de Fidel con la mochila al hombro en la cima del Turquino, el 26 que centellea en el copo mismo del cuartel, las luces que alumbraron la madrugada, el despertar de un pueblo que se congregó para homenajear… Justo a las 5 y 12 de la madrugada, Cuba toda, otra vez, estuvo amaneciendo.

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