Elsa: la abeja reina de la Industria

Con más de 40 años en el sector de la Pesca, en Tunas de Zaza, Elsa Baños Pérez fiscaliza el beneficio a las distintas especies marinas

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Elsa acumula más de 40 años en el sector de la Pesca. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Su destreza dentro del área la delatan como una experta conocedora del oficio, en medio del salón de proceso parece una abeja reina, de un lado a otro, revisando el trabajo de los integrantes del colectivo que se encargan de limpiar, escamar, eviscerar, trocear o moler y empacar, las distintas especies provenientes del mar o de los afluentes que desembocan al mismo.

En el interior del salón, climatizado y aséptico, más de 30 personas están bajo el mando de Elsa Baños Pérez, nada fácil si se tiene en cuenta que de ella depende la organización para lograr los resultados de una producción en cadena; pero también responde por los recursos con que trabajan allí, por la atención al hombre, el cumplimiento de las normas y todo lo que de una manera u otra se vincula a la actividad.

“Nuestra principal misión es la limpieza de la langosta y la extracción de la masa presente en los rejos y la cabeza; pero cuando no hay capturas del crustáceo nos dedicamos a otras tareas, por ejemplo, la industrialización de las carpas, clarias o tilapias de agua dulce, que se extraen de la desembocadura del río Zaza y sirven como materia prima para la moderna planta de conformados que recientemente comenzó a funcionar aquí”.

Nacida y criada en Tunas de Zaza, Elsa confiesa que no logra despojarse de su atuendo blanco y azul, botas de goma y guantes, pues se aferra con amor a lo que hace. “Más de 40 años llevo en el sector de la Pesca, siempre en actividades complejas, pero sin las cuales no puedo vivir, solo me alejé de unos cuatro años, cuando fui a vivir a Sancti Spíritus y trabajé como recepcionista en el Comité Provincial del Partido, pero la nostalgia por mi pueblo, por este olor a marisco, el mar y el salitre que nos toca el rostro, fue más fuerte, hasta que tuve que volver”.

Muchos son los años, también, que lleva al frente de su tropa, donde más del 80 por ciento son mujeres con problemas familiares, hijos pequeños y hogares que demandan de un sacrificio extra para cumplir con todo a la vez; sin embargo, Elsa sigue ahí, pegada a la mesa de proceso, aunque esa no es propiamente su tarea, porque como ella dice: “Me gusta ayudar a los demás”.

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También ayuda en la industrialización de especies marinas, aunque su función es controlar. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Las jornadas en la Empresa Pesquera e Industrial de Sancti Spíritus pasan con mucha intensidad, sus trabajadores saben cuándo entran, pero nunca en qué horario deben terminar. “En épocas de captura de langosta comenzamos a las tres de la mañana y no salimos hasta que se termine de procesar el último ejemplar, a veces superamos las 15 horas de labor, con descanso solo para ir al comedor”.

Junto a esta importante función ella realiza otra no menos vital para el colectivo y es que ella también dirige la Sección Sindical de la Unidad Empresarial de Base Industria. “El mérito está en saber llevarlo todo a la vez —dice— sin descuidar nada, de lo contrario no tendría moral para exigir ni como jefa de brigada ni como secretaria, pero mis compañeros siempre me reclaman porque saben que yo me debo a ellos dentro y fuera de la planta de proceso, pero también vivo para ellos, para que se sientan bien en cada una de las actividades que realizan y cuenten con lo necesario en su puesto”.

Una avalancha de pescado llegó nuevamente a las mesas de proceso, ya pasan las doce del mediodía y es preciso adelantar la faena para luego salir al comedor. Elsa busca levantar el ánimo a sus subordinados, se mueve de un puesto a otro tratando de ayudar, hasta que por fin anuncia el tiempo del receso.

Sale de prisa del salón, en las taquillas se cambia de ropa, lleva entre sus manos unos papeles. “Estoy preparando la próxima asamblea sindical y este es el tiempo en que puedo hacer las coordinaciones con la administración.”

En la propia industria trabajan su esposo y el hijo, que sigue los pasos de ambos. “No busco reconocimientos —explica Elsa—, sino ayudar con el sustento familiar, pero con el paso de los años uno aprende a querer cada parte de esta industria, la cual hicimos nosotros mismos; aun así, mis compañeros me gratifican con su buen desempeño y yo me ocupo de atenderlos bien, de preparar el relevo y demostrarles a los jóvenes que una misma persona puede hacer varias actividades a la vez”.

Elsa ostenta la medalla Aracelio Iglesias, que otorgan a quienes como ella superan los 25 años de trabajo dentro del sector de la Pesca.

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