Jerarquización del arte: Partir la naranja a la mitad (II parte)

Este órgano de prensa, como anunció en la edición pasada, regresa sobre el análisis, ahora desde la mirada institucional

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Las agrupaciones teatrales espirituanas cuentan con sedes confortables, pero encuentran dificultades para realizar sus giras por los territorios. (Foto: Cortesía del grupo Paquelé)

Muchos son los criterios, nacidos tras las múltiples vivencias del gremio artístico e intelectual espirituano, que confirman cuánto falta por hacer para reconocer verdaderamente sus creaciones y, de esa forma, jerarquizarlas, de acuerdo con los valores estéticos que distinguen nuestra cultura.

Desconocimiento de quienes hoy dirigen los procesos artísticos, resoluciones desfasadas y con desequilibrios en los pagos, ausencia de mercado, desaprovechamiento de los espacios, divisiones internas entre creadores que generan el llamado “finquismo”, aparición sistemática del efecto “arte golondrina”, ese que emigra para siempre de Sancti Spíritus en busca de otras opciones… resultan algunas realidades que subvaloran y generan descontento entre muchos de los protagonistas del panorama cultural espirituano.

En busca de un análisis más integral de tan álgido tópico, Escambray tocó las puertas de varios representantes del sistema institucional de la Cultura, máximo responsable de hacer cumplir lo establecido en la política de ese sector, donde se estipula con claridad el tema de la jerarquización artística.

De acuerdo con Duniesky Contreras Madrigal, director del Centro Provincial del Libro y la Literatura (CPLL) en Sancti Spíritus, se precisa realizar una interpretación del fenómeno de forma integral, mediada por factores subjetivos y objetivos y no como muchas veces se ha hecho, examinar solo la arista económica.

“Jerarquizar únicamente mediante el pago es pensar de una manera muy simplista. El asunto precisa buscar mucho más allá: talento demostrado, connotación real en la sociedad, currículo, superación… Con esas consideraciones es que trabajamos y por donde siempre debemos regirnos”, expresa.

“En la pasada Feria del Libro, por ejemplo, consultamos con el Comité Provincial de la Uneac sobre a quiénes utilizar en los diferentes espacios, según las jerarquías establecidas por la vanguardia artística. A partir de esa selección, se dispusieron sus pagos, los cuales rebasaron los 120 pesos, mínima tarifa, según consta en la Resolución No. 35 de 1996”, añade.

De acuerdo con estadísticas del CPLL en Sancti Spíritus, por ello se desembolsaron 300 pesos moneda nacional a quienes protagonizaron el panel inaugural, 200 a todos los moderadores, 250 a los panelistas, 300 a los conferencistas, y se protegieron con cifras diferenciadas a los miembros de la Uneac y la filial espirituana de la Asociación Hermanos Saíz.

“¿Qué vas a presentar, en qué espacio y quién eres?, son preguntas que nos hacemos siempre. Incluso, insistimos hasta el último minuto para contar con nuestros mejores creadores. Pero, por muchos factores, incluso por desagravios con otros colegas algunos apuestan en ocasiones por no asistir, decisión que incide en la calidad de la propuesta”, dice.

Incluso, reconoce que, aunque existen criterios encontrados, se apostó por la protección al núcleo fundamental de la feria, al incrementar el presupuesto para el pago de los escritores, mientras que se le rebajó al artístico.

“Hay opiniones de que músicos, actores y directores artísticos cobraron más que ellos, pero es que ese personal se rige por otros sistemas que responden a tarifas mucho más altas”, alega.

Por su parte, Noelio Ramos, director de Ediciones Luminaria, intenta que la calidad de las obras a publicar predomine en cada uno de los procesos.

“No es lo mismo un autor consagrado que uno que comienza, pero ser consagrado no te garantiza una publicación. En esa determinación inciden calidad, intereses de la editorial, impacto del género en nuestros públicos, cuestiones que determina en consenso nuestro comité de lectores y especialistas”, asegura.

Mas, en los últimos años, al florecer el fenómeno de las publicaciones con las bondades económicas de instituciones ajenas al Instituto Cubano del Libro, urge velar por que se cumplan las disposiciones emitidas por ese grupo evaluador para evitar que salgan a la luz materiales con baja sustancia creativa.

¿LA POPULARIDAD MANDA?

Los beneficios que reciben las propuestas musicales llegadas de fuera de Sancti Spíritus no son noticia para nadie. Este órgano de prensa, como el resto de los medios de comunicación del territorio, ha denunciado en múltiples ocasiones el respaldo logístico y económico que han obtenido opciones de cuestionable calidad, mientras que los del patio con un trabajo sólido zozobran por las deudas de pago y pobre logística acumuladas durante años.

“En mi opinión, existen las mal llamadas orquestas de primer nivel, porque simplemente vienen de otro territorio y aquí hay tan buenas o mejor que muchas de esas. Pero sucede que cuando esas vienen se van con el cheque firmado con sumas que rebasan los 25 000 pesos y las espirituanas sufren para cobrar y solo pueden aspirar a una cifra máxima de 10 000 pesos, porque para quienes solicitan contrato desembolsar más resulta excesivo”, alega Ángel Luis Chongo Leal, subdirector técnico-artístico de la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos de Sancti Spíritus, entidad que tiene 26 demandas realizadas por la falta de pago a quienes integran sus catálogos.

“La respuesta es que las cuentas de festividades, subordinadas a los gobiernos municipales, nunca tienen dinero. Por ejemplo, en estos momentos se nos deben los carnavales de Trinidad y Sancti Spíritus, cuando estamos a las puertas de que se vuelvan organizar”, aclara.

Pero si ese rosario de débitos históricos alarma, preocupa aún más al conocer que en el sistema de contratación no se protege a los proyectos musicales según sus características estéticas.

“Nosotros tenemos muy bien identificadas nuestras agrupaciones de excelencia, pero ya quiénes suben a los escenarios es decisión de los clientes. Si un municipio nos pide X agrupación para su carnaval, aunque creamos que no está entre las mejores, va porque se solicitó. Ahí intervienen los gustos de la persona que hace el pedido e intereses de otra índole”, concluye.

AUSENCIAS

Para Juan Carlos González Castro, presidente del Consejo Provincial de las Artes Escénicas, la jerarquización transita hoy por incomprensiones, fundamentalmente fuera del sector cultural.

“Gracias a la actual directiva de Cultura y Arte en Sancti Spíritus hoy hemos podido materializar un sueño: la mayoría de nuestros proyectos cuentan con sedes confortables. Ahora el problema aparece cuando salimos fuera de esas puertas: primero, pocos son los gobiernos municipales que nos acompañan cuando asumimos las guerrillas por las comunidades alejadas, y no hemos logrado un diálogo con la Empresa Provincial de Alojamiento”, sentencia.

Esa realidad repercute, por supuesto, en la programación que se planifica, ya que hacer arte necesita de la implicación de muchos.

“Tenemos muy claro qué proyectos hoy están en la avanzada y hacia ellos va nuestro apoyo, sin abandonar el resto. Pero resulta imposible lograr más si, por ejemplo, en el verano se nos niega la posibilidad de contar con habitaciones cada fin de semana para traer invitados al Teatro Principal o solo nos ofrecen la otrora Villa Rosalba, donde no existen condiciones, o el director de Cultura de Trinidad hace caso omiso de la Cruzada Por la ruta del Che bajo la excusa de que está preparando su carnaval. El teatro tiene una función social y debe ser comprendida para que se nos jerarquice”, comenta.

Más rezagadas en cuestiones de ponderación gubernamental se declaran las artes plásticas, ya que no encuentran un mercado seguro, según confirma Jorge Luis López Álvarez, presidente del consejo provincial de esa manifestación.

“A través del Fondo Cubano de Bienes Culturales se podía vender, pero desde hace un tiempo la filial espirituana quitó su galería alternativa y ahora hay que esperar que algún interesado llegue al artista y le solicite una obra”, opina.

Ello ha incidido en que artistas de renombre hayan emigrado hacia otros lugares en busca de mejores opciones.

“Pensemos en Julio Neira, Roberto Perdomo, Adonis Flores, Marianela Orozco… se han ido buscando espacios y, aunque en La Habana tampoco hay tantos, por lo menos tienen un mercado. Lo más triste es que muchos de los que se quedan aquí con un excelente currículo deban hacer la llamada candonga para poder comer”, estima quien dirige el plan de exposiciones que se propone anualmente, según los criterios de sus especialistas, y que debe ser repensado para aprovechar más las modernas salas de la Galería de Arte Oscar Fernández Morera, de la ciudad del Yayabo.

“Recientemente, en una reunión en Villa Clara se debatió con fuerza lo de la comercialización y se anunció que en un futuro no muy lejano se legalizarán las galerías que existen por ahí. Eso puede ser un aliciente para nuestros creadores”, plantea.

Sin duda, la valoración del arte para colocarlo en el justo lugar que precisan sus hacedores urge de renovar saberes, desterrar malas prácticas, actualizar resoluciones más atemperadas a nuestro contexto… Exige de un acompañamiento gubernamental más sistemático, porque la cultura no entiende de esperas, omisiones y, mucho menos, de interpretaciones erradas. Quienes encabezan sus complejos procesos no pueden temblar al partir la naranja al medio.

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