La Aclifim no es plan jaba – Escambray

La Aclifim no es plan jaba

A finales del pasado enero se aclaraba en este propio espacio: “El verdadero sentido de la pertenencia a la Aclifim es la inserción en la vida social, de manera que el discapacitado no tenga que sufrir adicionalmente debido a su aislamiento. Lo del empleo del carné para determinadas situaciones forma parte de esa intención”. Lo explicaba Reinaldo Garrido Piñero, presidente de la Asociación Cubana de Limitados Físicos y Motores (Aclifim) en la provincia, quien reconocía que existe la tendencia a hacerse pasar por limitado físico o por impedido para beneficios personales.

A propósito de una queja remitida a la columna por un lector con interés en recibir el carné de esa asociación y a quien el mismo le había sido negado, Garrido explicaba que la edad de entrada a la misma data desde hace años y no significa que no se analicen casos específicos.

Ahora nos escribe Tomás Bedolla Castro, de 68 años de edad, aquejado de un cáncer de cuello con metástasis que lo llevó a una operación “de vaciado de cuello vertical izquierdo”. Esta a su vez lo dejó con invalidez total para el ámbito laboral y con una deformidad visible. Los requisitos para entrar a la Aclifim, según explicaba Garrido, plantean que se debe tener deformidad severa, visible y permanente.

Bedolla quiere contar con ese carné porque se siente merecedor y necesitado del mismo, pero también le fue negado. Alega que muchos de los que lo poseen no están menos limitados que él. Escambray volvió a contactar con el presidente de la Aclifim en Sancti Spíritus, quien prometió encargarse del caso y emitir un juicio posterior. Sea cual fuere el resultado de la gestión, entendemos que no se puede actuar de forma automática ni para alentar ni para coartar.

Según Garrido, la esencia de la organización se mantiene, porque las actividades se realizan y los asociados participan. Pero todos sabemos que el uso del susodicho carné ha ido entronizándose en colas para la adquisición de los renglones más deficitarios en el ámbito social y ya lo mismo se muestra por un familiar que por un vecino o es tan solo mencionado con un solo vocablo: impedido, para que se haga en abracadabra de la ansiada prioridad.

¿Será la Aclifim o serán las instituciones ante las cuales se presenta el documento quienes deberán poner coto al desorden? ¿Será un carné de esa índole el único recurso para despertar la sensibilidad del cubano hacia su prójimo con peor suerte? ¿A dónde van a parar las colas si ser anciano ya es casi equivalente a ser no solo limitado físico, sino incluso impedido? ¿No estaremos vaciando de contenido esas dos frases?

Por otra parte, la defensa es permitida y no hay muchas válvulas de escape a las cuales acudir. Después de desear todo lo mejor para Bedolla, solicitamos el criterio especializado de un psicólogo o de un sociólogo que, por favor, nos ayude a aclarar las cosas.

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