Lectora de tabaquería: Un oficio Patrimonio Cultural de la Nación

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Carmen es una mujer que reta a la lectura. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Con casi 20 años como lectora de tabaquería Carmen Álvarez Rodríguez repasa las motivaciones que la hicieron permanecer en un oficio antes desconocido para ella

Pese a que de joven le gustaba la Medicina, el tiempo la ha convertido en experta en otra labor. Su padre era un ávido lector de Historia de Cuba “conocía más de lo que yo conozco con todo lo que he leído”, expresa Carmen. También recuerda escenas del pasado donde la figura materna disfrutaba a menudo de libros, revistas y periódicos, aunque la vejez y los achaques ya no le dejen voluntad para la lectura regular.

En un ambiente donde confluyeron el sonido de chavetas y el murmullo de tabaqueros, durante su descanso para almorzar, Carmen Álvarez Rodríguez retrocedió 17 años en el tiempo para por primera vez recapitular las circunstancias que marcaron su travesía hacia la pequeña cabina donde aprendió a amar el oficio de lectora de tabaquería en la fábrica de tabacos Alfredo López Brito, de Cabaiguán.

Usted soñaba de adolescente con ser médico, ¿cómo fue la adaptación a un perfil laboral tan distinto?

En realidad, la motivación vino después, al ejercer la profesión. Empecé de tabaquera, pero me costaba mucho terminar con la norma, prácticamente era todo el día para hacerla y con un niño chiquito las cosas se complicaban más. Entonces, un día, después de ocho años como tabaquera, se desocupó la plaza de lectora y, como siempre me gustó leer, decidí pedirla.

Al lector lo eligen los propios tabaqueros. En su caso, ¿cómo fue el proceso de selección?

 Primero les dieron la oportunidad a los trabajadores fijos del centro por si existía alguien interesado en la labor. Yo la solicité, me pusieron a leer durante dos semanas todo tipo de material y con la ayuda de un lector ya retirado pude pasar la prueba. Después, la comisión que existía para este tipo de trabajo recogió la opinión de todos los tabaqueros y aprobaron el lector que más les agradó.

Los tabaqueros son considerados en el pueblo personas cultas gracias al trabajo que usted realiza. ¿Ellos son los que eligen los tipos de lectura?

La obra literaria debe ser escogida por los tabaqueros; se leen las sinopsis de unas cuantas y por votación escogen la mejor. Últimamente, en mi centro eso ha cambiado un poco, ya que ellos me permiten escoger. Antes traían muchos más libros, ya son menos, pero siempre se trata que no sean banales, deben ser textos que aporten al trabajador. Con respecto a las otras lecturas (noticias y el especial) no las escogen, soy yo quien se encarga según la relevancia del hecho.

¿Es la dramatización de novelas algo obligado para el lector?

Antes del triunfo de la Revolución los lectores dramatizaban, porque no poseían el audio y se valían de otros medios. No es que sea obligado. Actualmente, en los encuentros de lectores se dice que existen algunos que dramatizan, pero en mi caso lo que trato es de cambiar la voz si se trata de un niño, de un hombre o una mujer, pero los efectos especiales no los uso.

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“Desconocía la profesión cuando era joven”, confiesa Carmen. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

¿De dónde procede su material de lectura?

Tenemos una minibiblioteca que es una dependencia de la Biblioteca Municipal Beremundo Paz. Cada cierto tiempo el personal de esa institución viene, se llevan los libros que tenemos y aportan otros nuevos. Los tabaqueros también traen o uno mismo los trata de conseguir.

¿Cómo se divide el tiempo de lectura?

 La mañana es ocupada por las noticias tanto nacionales como internacionales. Las obras literarias llenan el espacio de la tarde en dependencia del interés que despierte en los trabajadores lo que se está leyendo. Otro medio utilizado es la radio que ayuda a complementar el tiempo de lectura.

¿Qué importancia se le da al audio en su oficio?

Yo sin el micrófono no soy nadie. No podría ir por todos los departamentos leyendo los periódicos y las novelas con mi bajo tono de voz. También ayuda mucho a la hora de hacer una asamblea o cuando se presenta un visitante, porque en los otros departamentos no presencian lo que sucede, pero sí lo escuchan.

Usted no es la única en su familia que ejerce esta profesión, sino que su hermana Idania también es lectora en la fábrica de Guayos, ¿cómo se ayudan entre ustedes?

A veces compartimos libros que hemos leído. Cuando tenemos alguna actividad en fechas conmemorativas intercambiamos ideas, así nos ayudamos constantemente.

¿Siempre vivió en Cabaiguán?

A los 16 años me fui para Cienfuegos, donde estuve 11 años. Allí trabajé en una tienda de ropa. En ese momento salí embarazada, pedí licencia y después trabajé un corto tiempo. Con 27 años regresé para mi pueblo y fue cuando me incorporé a la fábrica.

El lector de tabaquería fue declarado Patrimonio cultural de la nación, ¿qué significa ser parte de este patrimonio?

Es un reconocimiento a la labor. Inclusive, en Cuba hay personas que no saben qué es un lector de tabaquería. Yo misma no lo sabía ni de niña ni de joven. Ahora es reconocido por la gente y a nivel institucional. Ya contamos con encuentros donde participan la dirección de Tabacuba, el sindicato nacional y personalidades reconocidas de la cultura cubana. Antiguamente, el lector de tabaquería lo pagaban los mismos tabaqueros que querían que alguien les leyera. Ahora, está propuesto para Patrimonio de la Humanidad por ser Cuba el único país donde se hace esta actividad.

¿Cómo ve el futuro del lector de tabaquería?

 Se ha avanzado mucho económica y socialmente. También ha aumentado el reconocimiento cultural y espero que siga mejorando. No se debe perder nunca la tradición de la lectura. Los lectores debemos cuidar nuestro patrimonio para que dure 152 años más y siga siendo la historia de una tradición cubana.

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