Maikel José Rodríguez Calviño con la isla iluminada

La Feria Internacional del Libro de La Habana pone a consideración de los lectores La isla iluminada, del espirituano Maikel José Rodríguez Calviño

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Maikel J. Rodríguez forma parte de la joven generación de escritores cubanos. (Foto: Laura Borges)

Lector incansable, fabulador nato, Maikel José Rodríguez Calviño (Sancti Spíritus, 1981) integra una joven generación de autores cubanos enfrascada en la producción de literatura para niños, adolescentes y jóvenes. La Feria Internacional del Libro pone a nuestra consideración La isla iluminada, su nuevo libro de cuentos, galardonado el pasado año con el Premio Calendario de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en la categoría infanto-juvenil. Conozcamos de primera mano qué nuevas historias nos propone este núbil escritor con su más reciente propuesta.

—¿Qué te motivó a escribir? ¿Qué lectores prefieres?

—Suelo decir que escribo libros por necesidad. La fabulación es para mí tan importante como el aire que respiro. Soy un lector voraz, inquisitivo, curioso, y casi siempre escribo historias para satisfacer a ese lector que entra a las librerías en busca de diversión y conocimiento. Me siento muy cómodo escribiendo narrativa para niños, adolescentes y jóvenes, aunque mis libros pueden leerlos personas de muy diversas edades.

«Pienso que desde la literatura, específicamente desde la novela y el cuento, se puede hacer mucho para entretener e instruir a las nuevas generaciones. El libro es un amigo imprescindible y vital. Por consiguiente, me gusta pensar que “fabrico” amigos que acompañarán a sus lectores durante mucho tiempo».

—¿Solo narrativa? ¿No te interesan otros géneros?

—Soy un pésimo poeta, por eso admiro tanto a los amigos que componen versos. Pienso que para hacer poesía se necesita un nivel de sinceridad y desnudez espiritual muy profundo. Yo soy un tanto reservado en ese sentido. Por consiguiente, veo en el cuento y la novela mis campos de acción predilectos. Me fascina construir historias, tejer tramas, diseñar personajes, sorprender o mantener en vilo al lector. Eso me provoca una sensación de libertad que disfruto mucho. También me causan ansiedad y dolores de cabeza. Escribir es difícil, pues en última instancia es una lucha contigo mismo, con tu creatividad y paciencia, con lo que eres, con lo que has aprendido y quieres dar. Lector exigente al fin, me exijo mucho a la hora de escribir. Solo así se garantizan buenas historias y un poco de conformidad con uno mismo.

—¿La isla iluminada se inserta en tu producción literaria o marca un punto y aparte con respecto al trabajo que has desarrollado hasta hoy? ¿Qué temas abordas en sus páginas?

—Este es mi tercer libro de cuentos. Con él cierro un ciclo narrativo que inicié con Puertas de papel (Premio La Edad de Oro 2011, Editorial Gente Nueva 2012) y Fantasmacromía (Beca de Creación La Noche 2014, Ediciones La Luz 2016). Con el primero di mis primeros pasos en materia cuentística, explorando en cada historia un concepto de lo fantástico o maravilloso heredado de Borges y Lovecraft, y extrapolado al universo infantil y juvenil.

«El segundo incluye relatos que entremezclan lo fantástico y lo terrorífico con el humor, y están protagonizados por personajes muy conocidos de la literatura del canon (brujas, fantasmas, genios de lámparas, seres mitológicos, etc.).

«La isla iluminada se aproxima más al horizonte de expectativas infantil, insertándose cómodamente en las temáticas que me han interesado desde que comencé a escribir: leyendas, personajes, monstruos o deidades del imaginario griego; asuntos relacionados con la violencia entre niños o intrafamiliar, la capacidad imaginativa de los infantes, los vínculos afectivos con amigos y familiares, la relación entre los escritores y sus libros, la necesidad de respetar y celebrar las diversidades, la amistad y la emigración».

—¿Qué significó para ti obtener el Premio Calendario con este libro? ¿Cómo ha sido tu paso por la AHS?

—El Calendario es un reconocimiento que todo joven escritor cubano sueña con obtener. Yo no quería abandonar la AHS sin ganarlo. Fue una especie de reto que me tracé y afortunadamente vencí. A esa organización le debo gran parte de mi trayectoria literaria; muchos de mis libros surgieron, crecieron y se han dado a conocer gracias a ella. A pesar de que la edad me impida formar parte de sus filas, yo creo que la juventud es un estado espiritual. Por consiguiente, siempre me consideraré miembro de la Asociación.

—Eres historiador del arte y en estos momentos te desempeñas como editor del periódico Noticias de Artecubano. ¿Tu cotidiana relación con las artes visuales te motivó a ilustrar La isla iluminada?

—Siempre fui un dibujante incansable. Muchos pensaban que me iba a dedicar a la pintura; sin embargo, terminé cambiando los lápices de dibujo por las palabras. En la actualidad me muevo entre el arte y la literatura, que para mí conforman una misma cosa, sin distinciones ni fronteras claras de por medio. Ilustrar uno de mis libros ha sido siempre una aspiración, otro sueño cumplido gracias a La isla iluminada. No obstante, debo aclarar que solo las imágenes interiores fueron hechas por mí. La cubierta del libro es de José A. Rodríguez Ávila, un joven artista espirituano.

—¿Planes futuros? ¿Algún proyecto en proceso editorial?

—En primer lugar, seguir escribiendo. No me canso de imaginar historias que anoto en algún rincón de mi mente para luego llevarlas al papel. Ediciones La Luz, de Holguín, ha incluido en su plan editorial del presente año mi Pequeño inventario de monstruos, un libro que recoge más de 400 criaturas fantásticas extraídas de diversas mitologías del mundo. Es el libro más extenso que he escrito; en su confección invertí cerca de cinco años. Se trata de un estudio de mitología comparada, destinado fundamentalmente al público juvenil e inspirado en los bestiarios medievales.

«Asimismo, la Editorial Gente Nueva, como parte de su Colección 21, dará a conocer Cerezas al óleo, novela que, junto a Los enigmas de la rosa de marfil (publicada por esa misma editorial en 2014), forma parte del Sexteto de Miedo y Misterio. A grandes rasgos puede ser considerada como una historia de suspenso que vuelve sobre el mundo del arte y aborda dos temáticas fundamentales: la violencia física y simbólica hacia niñas y mujeres, y la estrecha relación entre vida, muerte e inmortalidad. Espero que los lectores puedan disfrutar muy pronto de ambas propuestas».

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