Mis tierras no cogen vacaciones (+fotos)

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La finca de Yoandy sobresale por la variedad y la calidad de las producciones. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Con 35 años, Yoandy Rodríguez Porras ha saltado las cercas del aprendizaje para convertirse en uno de los campesinos más renombrados de Sancti Spíritus y de Cuba

Hace unos 12 años en los terrenos que ahora se nombran finca La Gloriosa no había nada de cultivos, si acaso unas tres o cuatro matas de guayaba medio escondidas entre tanta maleza. Por aquel entonces un muchacho de 23 años, de Cabaiguán, graduado como técnico de nivel medio en Veterinaria, hizo público el antojo de su vida: pidió en usufructo esas áreas ubicadas al lado de la Autopista Nacional, cerca de la loma de La Campana.

Casi nadie creyó en la osadía de un joven que en sus zapatos llevaba más huellas de asfalto que de tierra y, al parecer, lo veían demasiado corto de edad para domesticar aquel suelo improductivo. Fueron días de lleva y trae, de que sí o que no, hasta que un funcionario apostó a la persistencia del campesino por nacer.

“Me costó ansias que me entregaran la tierra, al final me la dieron y no he hecho quedar mal a los que confiaron en mí”, fueron las primeras palabras de Yoandy Rodríguez Porras, usufructuario de la cooperativa Nieves Morejón y, tal vez, el más mediático de los campesinos espirituanos, que sale a relucir por varias razones: desde hace dos años clasifica como el mejor productor de tabaco tapado de Cuba, registra altos niveles de producción y entrega de alimentos, experimenta con nuevas variedades y acoge reiteradas visitas de las principales autoridades del país; hasta la prensa encuentra allí la materialización del pensamiento martiano: Si el hombre sirve, la tierra sirve.

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En su primera visita a la provincia como jefe de Estado, Miguel Díaz-Canel visitó la finca del productor. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

En la finca de Yoandy nada desentona. Cualquier lugar de Cuba envidiaría ese paisaje rural por su armonía y limpieza; allí las cercas vivas son tan uniformes que parecen medidas con una lienza; los cultivos, por su vigor y población, semejan una pintura sobre la tierra; la maleza fue desterrada de aquel entorno.

¿Por qué en esta finca se da todo lo que se siembra con alto rendimiento?

Cuando a todo lo que se hace se le pone un extra, te gusta ese trabajo, quieres que cada paso te salga bien, tal como uno persigue, al final triunfas porque los cultivos son los mismos, la yuca, el plátano… No entiendo de mala cosecha, porque lo primero que debe tener una plantación es semilla y germinación, si a una siembra desde que nace en el surco no le veo futuro le voy arriba con el arado y la picadora y la vuelvo a sembrar, los trabajos hay que hacerlos bien, no a medias ni mal; ¿qué sentido tiene cargar meses o un año entero con un cultivo sin futuro?

¿No sueles acudir a explicaciones o a culpar al clima para justificar un incumplimiento?

Cuando las cosas se hacen bien, te gustan y de verdad le pones deseos, pocas veces tienes que justificar, para decir que casi nunca me ha pasado. Este año ha sido atípico, para mí el más difícil desde que estoy aquí; nos pasó un ciclón, luego las intensas lluvias, todo ha sido un problema porque en el campo cuando hay seca o invierno lo manejas y haces las cosas a tu manera, pero cuando ocurren intensas lluvias ya el productor no manda en la tierra.

Lo que pasa es que siempre hay un huequito para hacer las actividades, por eso no acudo a la justificación, porque este ha sido mi mejor año de tabaco y para la provincia es el peor en 50 años, verdad que le puesto lo que lleva. En los planes no tengo problemas, después del ciclón he cumplido los de yuca, malanga, plátano, tomate… Mira, en enero y febrero entregué alrededor de

1 200 quintales de tomate, bajo un diluvio, como digo yo, dentro de una presa, aquí vino mucha gente a ver aquello.

¿Nunca se oye hablar de desvío de comida en la finca de Yoandy?

Todos mis cultivos y cosechas están en función del pueblo, conozco un solo destino para los productos: el Estado, porque se me está apoyando, se me da seguimiento y, al final, hay que corresponder a ese encargo. No me importan los problemas que existan, los precios que tengan los productos, económicamente hay veces que una cosecha no da buen resultado, pero uno no puede estar siempre fijándose nada más en el pedacito de la ganancia, claro que hay que ganar porque los gastos son cada vez mayores, y también tener en cuenta el compromiso.

Llevo varios sábados consecutivos haciendo una entrega a través de Acopio de un camión con vikingo, alrededor de 200 quintales de productos, para la feria de Sancti Spíritus, envío yuca, malanga y plátano vianda, me queda bastante producción para seguir algunos sábados más. Tengo un plan de mandar alrededor de 2 000 quintales, entre malanga y plátano.

¿Imaginaste que al cabo de los años la finca iba a ser una especie de laboratorio para experimentar nuevas semillas?

No lo pensé, pero sí siempre soñé eso y, al final, se cumplió, todavía faltan muchas cosas por hacer. Cuando utilizo una semilla nueva es porque he averiguado bastante sobre ella, como dice el dicho, yo le tiro al pájaro que ya está posa’o.

Los científicos ponen en mis manos un resultado, una variedad nueva, si es de maíz y siembro una hectárea, de mí dependen después, con la semilla que saco, miles de hectáreas de maíz; o sea, si desde que sale de aquí esa semilla no va en óptimas condiciones, en buen estado, todo sale mal de ahí en adelante.

Te has convertido en un joven campesino ejemplo, con fama provincial y nacional, visitado hasta por el Presidente cubano. ¿No te preocupa tanta resonancia?

Eso hace crecer el compromiso; por otro lado, es un orgullo que vengan aquí tantas visitas y los principales dirigentes del país, te dan más deseos para hacer las cosas mejor. Soy del criterio de que los valores que uno crea en la vida no se pueden perder en un minuto, son valores que han costado trabajo, empecé tan joven que no querían darme la tierra, faltaba confianza. Desarrollar esta finca me ha llevado sacrificio, eso ha motivado que haya credibilidad en mí, he tratado de hacer lo que podía y lo que no podía. Pienso morirme con esa forma de actuar y de cumplir; sino, ¿de qué vale todo lo que he trabajado y logrado?

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El intercalamiento de cultivos es una práctica habitual de Yoandy Rodríguez. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

¿Que haría falta para tener más producciones, lograr el equilibrio de satisfacer la demanda y disminuir los precios?

Bajar al campesino, que toda persona que tenga una responsabilidad en esta rama llegue allí, pregunte por el resultado, lo que falta, pero, sobre todo, oír al productor, pedir criterios a ese hombre que está todos los días en la tierra. A veces implantamos decisiones sin llegar a conocer el punto de vista del productor, el campesino no engaña, sería muy bueno pedirles opiniones a los campesinos élites sobre los problemas que tiene la agricultura.

En la provincia no se pueden guiar por la finca de Yoandy, esa no es la media del campesino de Sancti Spíritus, hay que conocer el criterio de otros productores, sus posibilidades, sus condiciones, en el campo no se puede hacer una receta para todos. No es lo mismo cultivar en los suelos de Mayabeque, con alta tecnificación, que en Cabaiguán donde todo es a brazos de jornaleros, a los que tienes que pagarles y alimentarlos.

¿Me han dicho que te cautivan la vega y los detalles?

Tengo delirio con el tabaco, es lo que más me gusta, con una vega buena, a mi gusto, me atreviera a echarme dos días dentro de ella sin venir a la casa, me siento ahí como en el mejor lugar del mundo.  Al ganado lo trato como a la persona. Fue lo primero que tuve cuando empecé, se mantiene bien, tiene muy buenos potreros, la casa de ordeño, la vaquería no puede estar sucia, puedes ir y sentarte donde quieras con una camisa blanca. Fíjate, que allí duermen los obreros por el mediodía.

Tengo obsesión por el detalle, soy así desde chiquito, persigo hasta la última hoja en el piso, me molesta un gajo al lado de la cerca, hierba en un cultivo… eso no cabe en mi cabeza, cuando llegaron las intensas lluvias de mayo ya llevaba 10 días dándole calor al tabaco.

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“Pienso ser productor toda la vida”, asegura el joven campesino. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

¿Hasta cuándo el campo?

Me faltan cosas por hacer, estoy en pasos para coger un poco más de área; claro, eso es mayor producción; el año pasado tuve un rendimiento en el tabaco bastante alto y este año lo superé, siempre me propongo un poquito más, como si fuera un atleta. Me falta modificar algunas cosas, como buscar un lugar para mis momentos, donde pueda tener ahí mi espacio para pensar, planificar, llevar la economía, poner los reconocimientos que me he ganado, sería como mi centro de trabajo bajo techo.

Los compromisos nunca me faltan, más bien sobran, pues salgo del tomate y llega una nueva semilla de maíz o hay algún plátano en el ambiente, mis tierras no cogen vacaciones. Parece que eché raíces, no vine para el campo por una etapa ni pensando en regresar al pueblo, tengo 35 años y pienso ser productor toda la vida

Si un problema tengo es que entre tanto trabajo dejo muy poco tiempo para mí, y me he dado cuenta de que necesito ese espacio para compartirlo con mi esposa y mis dos hijas. Llevo una vida agitada, me acuesto tarde, me levanto temprano, no soy gente de ambiente bullicioso.

Si te fuera a definir los elementos que me han permitido tener resultados, te diría que son el intercambio, el escuchar a otros, dar la razón al que la tiene, no creerme sabio de nada, sobre todo en la tierra donde aprendo todos los días. Si me das un consejo y me lo demuestras, te lo acepto.  ¿Importante yo?, ¡qué va!, una persona igual que las demás, me basta con ser Yoandy.

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