Obra para un siglo

A fuerza de audacia y tenacidad se construyó a principios de los años 70 la presa Zaza, la mayor obra hidráulica del país, que clasifica entre las grandes proezas de la pasada centuria en tierras espirituanas

Hasta 1 000 hombres trabajaron de manera simultánea en la construcción del emblemático embalse. (Foto: GARAL).

 

Solo conocíamos el sitio marcado por los especialistas por donde iba la cortina. Las máquinas no podían entrar porque el marabú lo cubría todo; aquello de la presa mayor de Cuba, era un sueño en el papel.

Fidel

Baldomero Veitía Trimiño apretó fuerte los mandos del buldócer, el agudo sonido del motor ahuyentó cuanto pájaro volaba por aquel monte de marabú, que se extendía hasta el infinito. La mañana apenas comenzaba; por un costado, Demetrio Torres Salas, sobre otro buldócer, también observaba incrédulo el impenetrable marabuzal.

Era el 8 de octubre de 1969, empezaba la presa Zaza. Lo primero en desbrozarse fueron los cerca de 4 kilómetros que cubriría la cortina. La orden fue dada de manera práctica a esa avanzada de la brigada constructora de presas, Máximo Gómez: “Métanle mano por ahí; 1 kilómetro de ancho y 4 de largo”.

A final de mes arriban a aquellos parajes, provenientes de Lebrije, 159 constructores; desde entonces no hubo más descanso, el día y la noche parecían lo mismo. Milímetro a milímetro el marabú cedía terreno ante los buldóceres. El 12 de noviembre de 1970, Benigno Reino Pérez volteaba su Berliet y depositaba los primeros 10 metros de arcilla a la cortina.

II

Para Francisco García Pérez, conocido por Panchito, los casi 30 años transcurridos no borran su memoria; levanta la cabeza, fija la mirada, y de momento se ve otra vez jefe de aquellos hombres, parado en la cota 22, donde un camión maniobra para descargar rajón…

Oiga, le zumba el mango que a usted le digan: Mire, desde aquella ceiba que está allá, hasta aquí, todo eso hay que rellenarlo de tierra. Pero bueno, ya teníamos cierta experiencia, la gente de la brigada era brava y nos prendimos.

Se acordó hacer la presa en tres años, ese fue el compromiso con Fidel. Se inició con dos márgenes, izquierda y derecha; yo respondía por la derecha. Después cuando se cerró el río se unió en una sola obra.

El cierre del río fue el 7 de diciembre del 71, logramos cortar el agua en 20 minutos. Esa maniobra la programamos 15 días antes; acopiamos materiales y pusimos allí una cantidad de fuerzas y medios impresionantes. Cerrar el cauce del Zaza, el segundo en importancia en el país, no era nada sencillo, estuvo entre las cosas más difíciles.

Sí, fue una obra de Fidel; en una de las visitas que nos hizo dijo: Muchachos, tienen que garantizar la presa; eso está garantizado, Comandante, el 30 de abril del 72 será una realidad. Y cumplimos.

Allí todos los fines de semana organizábamos un maratón a fin de impulsar la obra; fíjate, que un día, en 20 horas de labor, se tiraron 84 000 metros cúbicos de arcilla pa’ arriba de la cortina; eso es algo descomunal, y hubo un chofer de Taguasco, que le decían Pincho, que dio 71 viajes con su camión.

Siempre se trabajaba en dos turnos durante las 24 horas; el relevo era a las 6:00 p.m.y a la 6:00 a.m. En algunos momentos se concentraron allí más de 1000 hombres; cuántos problemas había que resolver; personales, de zapatos, ropa, roturas de equipos, hasta una caja de cigarros que te pedían para el turno de la noche, y a todo tratábamos de encontrarle solución.

Chico, allí trabajó un equipo de ingenieros, algunos soviéticos, muy profesionales; pero te aseguro que esa presa está ahí por los hombres de la brigada, la calidad humana de esa gente; a la hora que los llamábamos respondían, para ellos no había día, noche, fiesta, ni seca ni primavera; eran leones.

Se pensaba que el embalse se llenaría en cinco años y resulta que se llenó en cuestión de semanas, entre mayo y julio del 72. A mediados de julio, por el rápido almacenamiento, se produjo una avería en el aliviadero tubular provisional, a 40 metros de profundidad; fue el momento más tenso y el peligro duró varios días. En esa ocasión me dieron la misión de trabajar atrás de la cortina, aquello era sin parar.

Una noche estaba con los equipos y el ingeniero Jesús del Vallín (jefe técnico), bajó hasta la zona averiada a las 2:00 a.m., observó la situación y al subir me dijo: Oye, si la presa sigue abriendo, a las cuatro se va, y tú y yo tenemos que irnos con ella; nosotros respondemos por esto. Pero se montó una operación para sellar la abertura con hormigón y arcilla y tuvo solución aquel problema; aunque ocurrió un accidente al virarse la balsa que transportaba los camiones. Perdieron la vida dos valiosos compañeros de la UJC: Orlando Paneca y Marcelino Morgado.

La cortina de la presa era un trabajo de 24 horas. (Foto: GARAL).

 III

Edificada en tres años, a un costo de 27.4 millones de pesos, bajo un proyecto integral y complejo, la Zaza devino majestuosa obra de ingeniería, capaz de almacenar 1 020 millones de metros cúbicos de agua y constituir el sostén para desarrollar el plan arrocero Sur del Jíbaro; irrigar con sus aguas otros cultivos y posibilitar la explotación acuícola y turística.

El gran embalse nació en el papel, después de varios años de investigaciones iniciadas en 1965 con la cooperación soviética, que envió a la isla a especialistas de alta calificación. “Se estudiaron seis cierres distintos y luego de las verificaciones integrales se escogió el número 6-A”, explica a Escambray Rafael Ángel Rangel, de la dirección de Recursos Hidráulicos en Sancti Spíritus.

En la construcción de la gigante cortina, de casi 3 300 metros de  largo y un ancho de base superior a los 300 metros, participaron en el momento pico unos 1 500 hombres, cerca de 300 equipos, entre ellos 90 camiones Berliet y 28 mototraíllas; se movieron unos 5 82 000 metros cúbicos de materiales y se emplearon 81 000 metros cúbicos de hormigón.

El embalse, que abarca un área de 11 350 hectáreas, cuenta con la toma de agua del tipo torre con galería; dos aliviaderos, uno de seis compuertas y otro auxiliar. Para la entrega del agua por gravedad se le construyó al mismo tiempo un canal magistral de 44.5 kilómetros a un costo de 12.5 millones de pesos. En 27 años de explotación el acuatorio ha abastecido a los usuarios con 17 000 millones de metros cúbicos del demandado líquido.

La presa Zaza, actualmente la mayor de Centroamérica y el Caribe, devino fiel exponente del empuje dado en aquellos primeros años de Revolución a esta actividad, cuyo embrión nace con el Programa  trazado por Fidel desde el Moncada. A partir de su existencia regula las crecidas del río principal y sus afluentes y evita las inundaciones. Su construcción obligó a edificar cientos de viviendas para las familias afectadas y trajo consigo el surgimiento del poblado de La Sierpe.

IV

Todavía Francisco García (Panchito) reserva en su memoria los incontables momentos que pasó en el embalse; no olvida que vivía en Sancti Spíritus, pero casi siempre dormía al lado de la obra; no guarda rencor a los cinco choferes que le manejaron en aquellos años porque “no aguantaban aquel meche”; no le preocupan los ciclones ni los pronósticos de fuertes lluvias…

Construirla fue un desafío. Anteriormente se habían ejecutado Lebrije, Aridanes, Siguaney y algunas en Oriente; pero ninguna como esta. Era increíble que a pocos años de Revolución el país hiciera una obra tan grande. Mi vida ha sido construir presas, canales, diques, planes agrícolas por toda la provincia de la antigua Las Villas; mas, nada se compara con la Zaza. Hasta el enemigo dudaba de que pudiéramos realizar una obra así. Pero la hicimos, y para 100 años; ahí está, esa presa no se va.


(Publicado originalmente el 31 de diciembre del 2000)

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