Sancti Spíritus: ¿Ciudad de los Murales? (+fotos)

Una sugerencia de la escultora cubana Rita Longa quedó presa de la desidia institucional con el paso del tiempo, y al final perdieron Sancti Spíritus y su gente

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El villaclareño Heriberto Manero marcó un antes y un después en la muralística espirituana. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Cuando Rita Longa arribó a Sancti Spíritus en 1997, creyó que había pisado tierra de indios; pero la autora de Aldea taína no venía en son de conquista ni de colonización. Simplemente, la escultora cubana, quien llegó a asumir la dirección del Consejo Asesor para el Desarrollo de la Escultura Monumentaria y Ambiental (Codema), venía a poner las cartas sobre la mesa: la provincia semejaba una isla en tierra firme. En La Habana no se sabía nada o casi nada acerca de la creación en las Artes Plásticas nacida en este pedazo de Cuba; al parecer, las instituciones espirituanas responsabilizadas con ello practicaban el autonomismo cultural.

No obstante, bastó un recorrido de la artista por la cuarta villa para que ella disipara su prejuicio, y lo comentó en un intercambio con artistas y directivos en la sede de la filial del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC). Incluso, sin emular con el oráculo de Delfos, estimó: “Sancti Spíritus podría convertirse en la Ciudad de los Murales”.

“Ella se sorprendió con lo visto. Apreció las obras de Manero, de Jorge López… Pensaba que aquí no había nada hecho. Nos convocó a que nos integráramos más al Codema. Sugirió que se continuara trabajando con una óptica personal; se refería a aquella tendencia empezada por Manero de utilizar materiales de la construcción en los murales”, rememora a la vuelta de más de dos décadas el multifacético artista Félix Madrigal Echemendía.

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La variedad compositiva y de materiales distingue a los murales de José Perdomo. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

PRIMEROS TRAZOS

En el mundo de la muralística espirituana, la obra del villaclareño Heriberto Manero Alfert devino parteaguas. Invitado por el Gobierno en la provincia a inicios de la década de los 80 de la centuria pasada, aquel hombre desconocía la tradición en este campo aquí, fenecida durante la república neocolonial, al decir del doctor en Ciencias del Arte Luis Rey Yero.

El sagüero aceptó diseñar los murales interiores y exteriores de la sede gubernamental; sin embargo, al principio se sintió con las manos atadas ante un inconveniente: la carencia de materiales de calidad que resistieran el intemperismo, en palabras del también presidente de la filial de Artes Plásticas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en Sancti Spíritus.

Manero se quedó prácticamente sin opciones e, ingenioso como el que más, decidió aprovechar materiales de la construcción “y les empezó a dar una connotación diferente; compuso grandes planos con ladrillos, rasillas, losas. Sin proponérselo, creó una tendencia en Sancti Spíritus. Quienes llegamos después, como Jorge López y yo, no quisimos divorciarnos de ese modo de trabajar”, subraya Félix Madrigal.

Aún sin el artista villaclareño haber hecho su equipaje de ida, arribó a la villa el pintor, dibujante y diseñador gráfico René Ávila, quien siguió, igualmente, la huella muralística de Heriberto Manero, continuada, entre otros, por José Perdomo García y Julio Neira Milián, cada uno desde sus respectivas visiones ideoestéticas.

“A partir de experiencias personales y gustos diferenciados —en opinión de Yero—, se logró tejer un entramado de murales dispersos por la ciudad rompiendo todo esquema lógico de emplazamiento”.

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Ubicado en el hotel Plaza, este mural, de la autoría del arquitecto Jorge López, es una de las obras de su tipo más sobresalientes de la ciudad.(Foto: Vicente Brito/ Escambray)

A BOLINA

Pero, ¿dónde quedó el proyecto de convertir esta villa en la Ciudad de los Murales? Parece que muchos desoyeron la subordinada que Rita Longa le encasquetó a su frase en la sede del FCBC: “si continúan trabajando así”.

“No se ha continuado; pero la enseñanza de Manero sí prendió en artistas y arquitectos que trabajamos desde esa época. Ese movimiento está latente; pero es esporádico. Perdomo hizo el mural por el aniversario 500; está el caso del arquitecto Vladimir Osés, aunque él recurre a otras técnicas”, señala Roberto Vitlloch, director de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos, perteneciente al Centro Provincial de Patrimonio Cultural.

Sentado frente a la computadora en su casa a instancias de Escambray, Félix Madrigal repasa su trayectoria en esta línea artística, y se aferra a una convicción, que la espeta con la misma fuerza que lo hace cuando golpea secamente su cincel de escultor: “Sancti Spíritus está ahora en el sótano, si de murales hablamos”.

El proyecto en cuestión se mantuvo con vida cuando el Poeta de la Ciudad, Esbértido Rosendi Cancio, llevó las riendas del Consejo Provincial de las Artes Plásticas (CPAP) a finales de los 90 e inicios del actual siglo, y una de las acciones promocionales al respecto consistió en la convocatoria de un evento nacional sobre muralismo. Con el paso del tiempo —juez siempre—, la idea languideció. “Se perdió como se han perdido otras cosas, como aquellos festivales de la trova”, se lamenta Rosendi.

RESPONSABILIDAD INSTITUCIONAL

La iniciativa no institucional ha dicho la última palabra en la muralística espirituana, que ha estado a merced, básicamente, de la propuesta de los creadores, como, por ejemplo, la tercera edición del proyecto Utopía, un paso adelante, de Julio Neira, gracias al cual varios artistas alemanes y espirituanos ejecutaron tres murales sobre las tapias de los patios aledaños al río Yayabo.

Esta idea contó con el auspicio del CPAP, de la Uneac, de la Dirección Provincial de Cultura y Arte, la Asociación Hermanos Saíz y del Centro Provincial de Patrimonio Cultural, en colaboración con instituciones del país europeo.

Hijos de un proyecto de intercambio cultural, promovido por iniciativa de la Asociación de Amistad Italia-Cuba y el activismo de Rodolfo Dal Pane, son el mural La Poderosa, ubicado en las cercanías de la antigua sede central de la Universidad de Sancti Spíritus José Martí Pérez, y otro dedicado a las tradiciones histórico-culturales de la ciudad, erigido a metros de la Plaza de Jesús.

Si décadas atrás se valoró la posibilidad de declarar a Sancti Spíritus Ciudad de los Murales, ¿por qué a estas alturas ni siquiera se cuenta con una estrategia institucional para el desarrollo de la muralística en la cuarta villa? Con la interrogante en la agenda, Vitrales tocó la aldaba del CPAP.

“La muralística lleva muchos recursos —considera Jorge Luis López Álvarez, presidente del CPAP—. No hay estrategia porque no contamos con toda la logística necesaria para poder organizar este tipo de trabajo. En estos momentos los artistas no tienen con qué trabajar. Para hacer un mural institucional hay que proporcionarle los materiales al creador”.

Independientemente de esas carencias, ¿el Consejo que usted dirige no se siente responsable por la no existencia de esa estrategia?, indaga este reportero.

“Bueno, en alguna medida sí. Es posible que desde el Consejo podamos incentivar más este tipo de trabajo. Debemos hacer esa estrategia. Los murales le dan vida a la ciudad, y tienen no solo valores estéticos; sino documentales, aportan conocimientos”.

¿El CPAP, Cultura, la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos y el Gobierno no debieran sentarse en la mesa de negociaciones y cada cual asumir lo que le corresponde?

“Sí; es buena idea que nos sentemos a proyectar en función de eso. Ahora bien, en la actualidad para acometer una intervención urbana pública tiene que pasar por una serie de requerimientos burocráticos. Los lleva por problemas ocurridos en otras provincias. Todo lo que se vaya a emplazar en lugares públicos necesita de un expediente y de diferentes niveles de aprobación. Ese trámite un poco que también frena”.

López Álvarez se refiere al Decreto No. 332 Reglamento del Decreto-Ley No. 328 Del Desarrollo de la Escultura Monumentaria y Ambiental, sancionado por el Consejo de Ministros en el 2015, suscrito, entre otros objetivos, para establecer el procedimiento para la aprobación y control de la realización de los proyectos de obras de artes visuales o el conjunto de estas, para edificaciones, instalaciones y demás espacios públicos.

“Eso ha frenado —sostiene Félix Madrigal—. Ese documento está hecho con la mejor de las intenciones. No todo el mundo está facultado para intervenir en zonas urbanas. Estoy de acuerdo con el decreto; lo que pasa es que está frenando el curso espontáneo de los murales que se hacían. En la provincia existen el CPAP, el Codema, el FCBC, que pueden hacerse responsables con la calidad de las obras”.

En opinión de este escultor otro factor le ha puesto zancadillas al desarrollo de la muralística: el económico. La mayoría de los organismos no invierte en la ejecución de obras de arte.

“Un mural conlleva recursos diversos; albañiles que lo asuman —subraya Antonio Díaz, el Pintor de la Ciudad—. Además, no podemos pensar que nuestros artistas van a hacerlo por aquello de ‘Lolita por su hermosura’. Tenemos necesidades como todos”.

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Mural en el hotel espirituano Villa Los Laureles. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

ÚLTIMOS TRAZOS

Una estrategia para el desarrollo de la muralística en la ciudad de Sancti Spíritus no debe leerse como fijar planes de producción. No soy presa de tal desvarío; tampoco considero que la creación de una obra de este carácter deba quedar a la voluntad del director de una empresa u organismo, con todo el respeto que este merezca.

Para Roberto Vitlloch, “no existe esa estrategia porque hay un gran desorden a escala urbana. Tiene que existir un estudio de diseño ambiental que incluya el mural, la escultura… No hay un plan de ordenamiento de nuestra ciudad que conciba ese aspecto”.

En el fomento de los murales, la espontaneidad ha sido dueña y señora, y la institucionalidad ha hecho agua, tangible, igualmente, en el preocupante estado de conservación de más de uno de estas creaciones, como la de José Perdomo, emplazada en las proximidades de la Casa de la Guayabera.

Para algunos, como Jorge Luis López, Sancti Spíritus ya puede considerarse la Ciudad de los Murales; con este criterio disienten Félix Madrigal y Antonio Díaz. Todos coinciden en el aporte de estas obras a la cualificación del entorno de la urbe, si se distancian de la improvisación conceptual y estilística.

Como la cordura siempre sobrevive, esperamos nunca ver un mural adosado en las tapias de la Iglesia Mayor. De ello se trata, de cordura, de sentido de pertenencia, de enterrar la espontaneidad y el entusiasmo pasajero. Para trascender en el concierto de las ciudades cubanas, la originalidad quizás sea la mejor carta que deba jugar Sancti Spíritus.

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