Subsistencia del capitalismo de EE.UU. depende de las guerras

Estados Unidos, guerras
Estados Unidos tiene tres dolores de cabeza sin solucionar: Rusia, China e Irán.

Las guerras constituyen un elemento esencial para la continuidad del capitalismo estadounidense, una clave para el reordenamiento y la disputa por la hegemonía mundial

Durante la IV Conferencia de Estudios Estratégicos, -que sesiona en La Habana hasta este 26 de octubre-, la investigadora mexicana Ana Esther Ceceña, del Observatorio latinoamericano de Geopolítica de la Universidad Autónoma de México, explicó el diseño estratégico de Estados Unidos para determinar que guerras hay que luchar, cómo y en qué lugares del planeta.

A finales de la década del 90, continuó, el Departamento de Defensa estadounidense de conjunto con el Pentágono trazaron en cuáles áreas del orbe existen intereses vitales para ellos, determinaron las nuevas posiciones que necesitaba buscar el país, y aquellas que representaban desafíos para la hegemonía de la nación norteña.

Ceceña señaló que en aquel momento ambas entidades marcaron un corredor petrolero que recorre desde Asia Central, África, hasta América Latina donde se incluye la zona de Venezuela. Su dominio les posibilitaría la extracción de los recursos naturales de esas áreas para poder mantener su modelo económico.

Entre los elementos esenciales de esa política bélica se encontraban: el acceso a las riquezas naturales del planeta; prevenir el surgimiento de un hegemón equivalente y así mantener la superioridad; e impedir a los críticos del sistema el alzamiento con proyectos antisistémicos, y garantizar que sean detenidos a tiempo, remarcó la experta.

La llegada del siglo XXI, comentó, trajo consigo un cambio de concepto, las beligerancias contra Afganistan (2001) e Irak (2003), se consideran las dos últimas guerras convencionales estadounidenses, y cada una tuvo objetivos específicos.

En Afganistán, apuntó, la estrategia consistió en retener los territorios que quedaron desprendidos luego de la desintegración de la antigua Unión Soviética, una forma de reorganizar una región donde Estados Unidos no contaba con posiciones estratégicas a diferencia de otras áreas del orbe.

La ocupación a la nación afgana persiste hasta hoy día pese a las múltiples manifestaciones del gobierno norteño de marcharse. Siempre, un nuevo pretexto aplaza la partida, ahora son las tierras raras una materia prima fundamental para la confeción de las nuevas tecnologías digitales.

Con la existencia de estos minerales los empresarios norteños centraron sus intereses en acceder a su explotación debido a las múltiples posibilidades de empleo. Además, países como China y Rusia están muy cerca geograficamante y podrían ocupar ese espacio.

Mientras, la guerra de Estados Unidos contra Irak tuvo otro trasfondo, y buscó que se produjeran condiciones de cierta bipolaridad, ya que esta nación es un articulador del mundo árabe, un polo atractivo y aglutinador del gremio petrolero, apuntó Ceceña.

En cambio, en la confrontación contra Siria una reorientación de su estrategia, aplicaron la nueva teoría de la guerra preventiva, una forma de destruir toda posibilidad amenaza. Unido a elementos de la guerra irregular, dualidad de ejército, fuerzas especiales en constante aumento.

En Siria utilizaron un esquema de guerra difusa, el socavamiento a las comunidades con operaciones en zonas distintas, cuya finalidad es corroer las base sociales para que la población y el Estado no se puedan defender de los ataques.

Sin embargo, Estados Unidos tiene tres dolores de cabeza sin solucionar: Rusia, China e Irán, países que amenazan su hegemonía global, advirtió la experta.

La IV Conferencia de Estudios Estratégicos se celebra en el Centro de Investigaciones de Política Internacional, acoge en esta capital a especialistas de 19 países.

Representantes de 16 universidades cubanas y extranjeras, además de, 11 centros de investigación, analizaran Las complejidades de un orden internacional en transición: amenazas, desafíos y oportunidades.

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