Todos los días pienso en el periódico

Ora alzado por una grúa para captar una imagen panorámica de un puente en ejecución, ora a escasos metros de Fidel durante sus visitas a Sancti Spíritus, Antonio Amengual González, uno de nuestros fundadores, se siente nervio y alma de Escambray

escambray, Amengual
Amengual tiene su historia como corresponsal. (Foto: Vicente Brito)

Cuando por un aviso tardío a la Redacción de Escambray a Antonio Amengual González se le escapó la fotografía de la primera operación a un donante de corazón practicada en el Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos, de Sancti Spíritus, para un futuro trasplante, no tuvo tiempo para maldiciones y no quedó otra opción que decirle al chofer que enfilara el Niva hacia el aeropuerto y, al menos, pudo captar la imagen del avión tomando altura rumbo a La Habana con el órgano cedido. “Del lobo, un pelo”, se consoló.

Eran las leyes no escritas sobre el cierre de un diario provincial, que trituraba noticias como el basculador del central Uruguay en sus días de récords galácticos. La página informativa estaba “abierta” en espera de la nota periodística de la colega Oria de la Cruz, con la respectiva imagen de Amengua, así, sin “l”, como muchos lo llaman; quizás en gratitud a su sencillez.

Salta de una historia a otra a la velocidad de un AK-47, y de vez en vez lanza una carcajada que me hace olvidar al hombre cascarrabias, de cuando yo andaba en pañales en el periodismo.

-Peleón? No, hijo. Me gustaban las cosas bien hechas.

Ello no lo pongo en duda, como tampoco su laboriosidad. Y cuando intento darle orden a la plática para hurgar en su ejercicio en la fotografía en nuestras páginas, me corrige la desinformación imperdonable: antes de ganarse la vida con la cámara en mano en los dominios de Escambray, sus primeros ocho meses aquí los asumió como corresponsal permanente del municipio de Taguasco, oficio vilipendiado por algunos elitistas, pero que salvó muchas planas en los años fundacionales de este medio de prensa.

Así, no es de extrañar que la edición del 4 de enero de 1979, que marcó el nacimiento del entonces diario provincial, publicara dos notas informativas de su autoría. Ni él mismo sabe cuántas suelas de zapatos gastó desde Zaza del Medio, su pueblo natal, hasta la Fábrica de Cemento Siguaney, las escogidas de tabaco, escuelas… A donde oliera noticia, allá iba él.

amengual, escambray, fotografia
“Ángulo, composición, elemento humano y el momento oportuno; esas fueron claves que aprendí para lograr una buena foto”, señala. (Foto: cortesía del entrevistado)

De mucho le valió en estas funciones la calle que ya tenía como corresponsal deportivo, con coberturas a certámenes regionales, provinciales y nacionales de diversas disciplinas. “Nos movíamos por toda Cuba”, asegura quien enviaba las tributaciones, en lo esencial, al periódico Vanguardia, de Santa Clara, donde recibió claves elementales para el reporterismo a mediados de la década de los 70 de la centuria anterior.

Varios corresponsales deportivos se desdoblaron en periodistas, recuerda este zaceño, uno entre los tantos colegas, correctores, diseñadores, editores, directivos, linotipistas, cajistas… que durante 1978 emprendieron la confección de lo que ha pasado a la historia como el “periódico en seco”, una especie de academia que implicaba la elaboración completa de una edición, menos su salida a los estanquillos para la venta.

Amengual asistió a aquel parto de plomo, tinta y papel; sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos —septiembre de 1979— ya estaba colocando un pie en la escalerilla del avión para partir rumbo a Etiopía de conformidad con la ayuda militar de Cuba a la nación africana. Fotos de la época, tomadas a pocos kilómetros de la frontera con Somalia, lo muestra montado sobre un BMP, vehículo de combate soviético, al frente de un pelotón de infantería.

amengual, escambray, fotografia
Cuando regresó de Etiopía en 1981, se dedicó plenamente a la fotografía. (Foto: cortesía del entrevistado)

De regreso a la Redacción en agosto de 1981, un camino se le había cerrado: ya no existía la posibilidad de ser corresponsal de su tierra de origen; otro se le abría: el fotorreporterismo.

No puso reparos por varios motivos. Para esa fecha, el colega villaclareño Manuel de Feria le había revelado más de una clave de la profesión; las otras, incluidos ciertos trucos, se las brindaron sus colegas de Escambray Lázaro Vento y Raúl García.

Más de una vez hizo su maletín para asistir a cursos en La Habana, donde un tribunal, encabezado por el Premio Nacional de Periodismo José Martí Jorge Oller, lo sometió a una rigurosa prueba, dominada por el zaceño.

—¿Qué coberturas tuvieron más tensión?

—Las visitas de Fidel a Sancti Spíritus. Éramos varios fotógrafos; tenías que tener la mayor concentración posible. Sabías que esas fotos harían portada y más.

—¿Algún trance?

—Cuando me botaron del terreno en el estadio de Jatibonico.

Los equipos de Las Villas y La Habana disputaban un partido crucial en la Serie Selectiva, y ante una jugada cerradísima en el home, se tiró con su Nikon al campo; al notar la presencia del intruso, el árbitro principal lo expulsó.

Durante una década, la historia de Sancti Spíritus está compendiada en las imágenes captadas por él. Lo mismo se le vio en un cafetal, vaquería… que en un ejercicio militar en la montaña, un desfile de comparsas, en el mar o dentro de una jaula de cabillas, izada a varios metros de altura por una grúa, por la idea de tomar instantáneas panorámicas de un puente en ejecución y para cuya realización se precisaba algo más que interés periodístico.

A Amengua no solo le asiste la determinación. En mi memoria guardo su rostro enrojecido al comprobar, por un desliz humano, la falta de calidad de las fotos tiradas en el momento en que el pedraplén que bordea la península de Ancón tocaba tierra firme.

Primero en Escambray y luego en la sede del Comité Provincial de la UJC, donde también llevó en ristre la cámara durante varios años y se jubiló en el área administrativa, este colega siempre estuvo en el vórtice de los acontecimientos noticiosos, al punto extremo de querer recoger con el lente aquella voladura descomunal, necesaria para seguir el trazado de la Cuatro Vías que uniría la ciudad cabecera con la Autopista Nacional. No alertados sobre la magnitud de la explosión, el zaceño y el colega Pastor Guzmán buscaron refugio detrás de un buldócer a escasa distancia. A 20 años, aún hoy tienen prendido el estruendo en sus oídos.

En el periodismo impreso el espacio es un tirano. Antonio Amengual vivió bajo sus dictados. Algún día hablaré de sus medallas, de otras coberturas; ello sí, él no perdonará si obvio esta vez el apoyo de Balbina, su compañera de vida. Lo dejo en el sillón en su casa en la calle Rosario, donde nos esperaba hace siglos, y encuentro el motivo: “Todos los días pienso en el periódico”.

Deja un comentario

Escambray se reserva el derecho de moderar aquellos comentarios que irrespeten los criterios ajenos, ofendan, usen frases vulgares o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.