Crónica de una paliza anunciada en la ONU

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Ilustración: Osval

El canciller Bruno Rodríguez Parrilla pronunció un rotundo discurso contra el Bloqueo, la política de agresión y chantaje de los Estados Unidos contra la paz en el mundo y sus artimañas para tratar de evadir la culpa por su guerra económica contra Cuba. Momentos después el imperio fue aplastado por 189 votos a favor, dos en contra y ninguna abstención

En un discurso rotundo, pleno de evidencias irreducibles, el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla vapuleó en la mañana de este jueves a Estados Unidos en el plenario de la Asamblea General de la ONU por su política de bloqueo, en el cual esgrimió una cascada de argumentos que demuestran sobradamente la carencia moral de ese país para criticar y sancionar a otros, y sus grandes crímenes contra el género humano.

Al finalizar su intervención, el jefe de la diplomacia cubana tuvo que volver a pedir la palabra ante la pretensión de la delegación estadounidense, presidida por la hace poco renunciante Nikki Haley, de vulnerar el orden establecido por los reglamentos que rigen estos debates, previo a la votación de las ocho propuestas de enmiendas introducidas por los Estados Unidos, que fueron rápidamente echadas al portapapeles —entiéndase basurero— para de inmediato, proceder a la votación del proyecto cubano.

Allí aconteció lo que, parafraseando al desparecido novelista colombiano García Márquez, fue la crónica de una paliza anunciada, pues 189 de los 191 países presentes votaron a favor de la condena cubana al bloqueo, dos lo hicieron en contra —los incorregibles Estados Unidos e Israel— y ninguno se abstuvo, ni siquiera los más cercanos aliados del Imperio en la OTAN.   

A pesar del intento desvirtuador y obstruccionista de endosar ocho condicionantes ignominiosas al proyecto cubano, cuestionando a Cuba a propósito del socorrido tema de los derechos humanos, la política del presidente Donald Trump, lesiva incluso para sus socios más íntimos, preparó el escenario para lo ocurrido hoy en la Asamblea General de Naciones Unidas.

Tras concluir la jornada del pasado miércoles, durante la cual los representantes de 31 estados se pronunciaron sobre el tema del bloqueo a propósito del proyecto de resolución cubana contra ese engendro, Rodríguez Parrilla manifestó su satisfacción por el apoyo unánime a Cuba y el hecho de que ni uno solo de los oradores, incluidos aquellos que lo hicieron en nombre de organizaciones internacionales y grupos de países, señaló absolutamente nada a la nación antillana en el tema de los derechos humanos.

Cierto que no todas las intervenciones fueron igual de explícitas, pues hubo algunas como las de Rusia, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, China e Irán, entre otras, que sobresalieron por la contundencia de sus argumentos, aunque la del delegado de la Federación Rusa, Vasili Nebentzia, rompió cualquier molde al calificar al bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba, de “asqueroso” remanente de la Guerra Fría. 

En la continuación de las intervenciones en la mañana del jueves, usaron de la palabra los representantes de Granada, Guinea Ecuatorial y Myanmar, antes de dar paso a las palabras del canciller cubano, cuyo discurso, pronunciado en tono mesurado y respetuoso, sentó pautas al golpear con fuerza inusitada por la elocuencia de sus verdades, a los principales culpables de los males que hoy afectan al mundo.

Esta joya oratoria de contenido político comenzó refiriendo un grupo ilustrativo de casos desesperados de niños cubanos afectados por diferentes dolencias, que hubieran podido aliviarse o curarse más rápidamente de haber contado con medicamentos que les fueron negados por entidades estadounidenses del ramo farmacéutico a causa del bloqueo. Si salvaron sus vidas fue gracias al empeño y la profesionalidad de las instituciones hospitalarias y los médicos cubanos, acotó el diplomático.

Luego de referir una extensa lista de violaciones de las leyes internacionales por parte de Washington, de sus presiones y chantajes contra terceros, de su amplio dossier de fechorías en los cuatro confines del planeta, el canciller de Cuba dijo: “El Gobierno de los Estados Unidos no tiene la menor autoridad moral para cuestionar a Cuba en materia de derechos humanos”.  

Más adelante, en referencia explícita a la delegada estadounidense Nikki Haley, expresó: “El gobierno que usted integra es un gobierno de millonarios que impulsa políticas salvajes”, a lo que siguieron numerosas razones para demoler, si alguna duda quedaba, los últimos vestigios de posible apelación verbal de Estados Unidos, convertido esta vez en víctima por las contundentes palabras de un canciller respaldado masivamente por su pueblo y por la comunidad internacional en pleno. 

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