Acuerdo beisbolero Cuba-MLB: del sueño a la pesadilla

Trump y personajes tan retrógrados como Marcos Rubio y John Bolton buscan degradar, a toda costa, la esencia de uno los símbolos de la Revolución y uno de los soportes emocionales del cubano

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Cuba-Tampa Bay Rays en marzo del 2016.

Como el típico cubo de agua fría. Así cayó sobre los sueños de millones de cubanos, peloteros o no, la nota sobre la cancelación por la administración de Donald Trump del acuerdo entre las Grandes Ligas del Béisbol (MLB por sus siglas en inglés) y la Federación Cubana de este deporte, rubricado en diciembre pasado y que abriría las puertas legales de la gran carpa a jugadores de la isla.

Lo que, desde hace unos meses, cuatro exactamente, hizo soñar con los ojos abiertos a peloteros cubanos enmarcados en las exigencias del convenio —mucho más a los 34 “elegibles” anunciados hace poco—, se convirtió, en días, en una pesadilla, la misma —y quizás peor— que han vivido generaciones de cubanos en las últimas seis décadas.

La trasmutación la provocó una de las administraciones más oscuras que ha vivido Estados Unidos, esta vez animada por personajes tan retrógrados como Marcos Rubio y John Bolton, con la “clausula” de que la Federación forma parte del Gobierno cubano y que este busca, según el segundo, “usar a los jugadores de béisbol como peones económicos”. En sus delirios, dijo que el “pasatiempo nacional de Estados Unidos no debe permitir el apoyo del régimen cubano a Maduro en Venezuela”.

Mientras usted intenta interpretar el intríngulis de este discurso canceroso, volvamos a los sueños. Soñemos que Cuba —como deberá pensar en hacerlo en un futuro— cree la famosa Asociación de Peloteros, algo así como un sindicato, como existe en otras naciones y que es la vía que se entiende contractualmente con una Agencia de Representación con licencia de MLB.

Soñemos, también, que en lugar de una lista como ahora —igualmente cuestionable al no explicar el criterio de selección y restringir a jugadores con mejores condiciones en relación con algunos de los incluidos—, Cuba, reglas mediante, “libere” a todos los peloteros, al menos para ser “escauteados”.

Si mañana resolvemos cambiar estas y otras cuestiones a revisar, como la famosa representatividad del jugador por parte de nuestra Federación, entonces Trump y sus secuaces buscarían otra contrapelusa política para derogar igual el acuerdo porque, en el fondo —y en la superficie también— lo que realmente les importa es llevarnos de nuevo a la pesadilla. Y ello es: el estímulo al éxodo por vías legales e ilegales, el tráfico de personas con sus tragedias y negocios turbios, la renuncia a la ciudadanía, la exposición de los jugadores a cuanta “traquimaña” se ha orquestado de aquí hacia atrás. 

Lo que les interesa a Trump y sus amiguitos es tratar de estrangular el béisbol por la vía de la socavación de su talento, y degradar, poco a poco, la esencia de uno los símbolos de la Revolución y uno de los soportes emocionales del cubano. O sea, darnos donde nos duele.

Porque, efectivamente, duele y mucho. Convengamos en que por la política de exclusión y condicionamiento migratorio a que están expuestos solo los peloteros cubanos, esta ruptura hiere, por encima de todo, al béisbol nuestro, el más interesado y beneficiado con la firma de diciembre pasado. De ahí que de esta parte se avanzara un poco más rápido como con el anuncio de la lista, pues la MLB sigue con sus puertas abiertas a otros mercados menos complejos y menos políticos.

Sin echar a un lado los beneficios económicos que todo el mundo sabe representarían para peloteros, familiares, deporte y país —como ocurre en República Dominicana, donde los ingresos de sus profesionales ocupan lugares de privilegio en el  PIB—, lo que realmente reconfortaba del convenio era su apuesta por la legalidad, protección, normalidad.

Es también de insensatos pensar, como Bolton, que ese dinero por la venta de peloteros sería la salvación de un país que lleva 60 años sobreviviendo sin dichas millonarias entradas, y que se las ha arreglado para sostenerse pese al asfixiante bloqueo norteamericano.

Justo por esa senda se mueve la decisión de Trump. Al acuerdo le tocó nacer en el peor de los contextos; más bien parecía un ave rara en medio de tanta hostilidad vomitada desde la Casa Blanca. Su cancelación es tan solo la más reciente de las medidas contra Cuba. Sin sentarse en su silla presidencial, ya anunciaba un retroceso de todo lo que en materia de mejoramiento de relaciones se había logrado con el mandato de Barack Obama, incluidos su famosa visita con un equipo de las Grandes Ligas y el impulso al acuerdo cancelado días atrás.

Quien ahora realiza el cierre de un convenio que ya había recibido el visto bueno de la Oficina de Control de Activos Extranjeros, del Departamento del Tesoro, por la licencia otorgada a la MLB desde el 2016, es el mismo Trump que limitó las visitas de sus nacionales a Cuba, limitó el envío de remesas y los acuerdos comerciales, inventó los ataques sónicos para restringir el personal de la embajada de su país en La Habana; es el mismo Trump que anuncia una guerra en Venezuela, revive la Ley Helms-Burton y sanciona embarcaciones y compañías que participan en el transporte de combustible entre Cuba y Venezuela, entre una larga lista de acciones hostiles.

De hecho, en lo personal, lo que más extraño me resultó siempre —y además no se aclaró nunca— es cómo la Federación Cubana podría cobrar su 25 por ciento en medio de tantas prohibiciones.

De momento, el sueño se trocó en desazón para la familia del béisbol cubano, que es como decir el país. Y la contrariedad se acrecienta en un contexto en que decenas de peloteros que se encontraban en diversas naciones regresaron a la suya con la esperanza anclada en las probables ventajas del acuerdo, mientras otros, los de la lista y posibles “elegibles”, animaban sus expectativas; aunque como ya dije antes, una cosa es la lista y los nominados.

Vuelven a atizarse la incertidumbre, el riesgo, la preocupación, sin olvidar que el cierre a las MLB trunca, igualmente, el acceso a sus sucursales en el mundo. Y de ejemplo volvemos a los casos de Frederich Cepeda y Roel Santos, fichados por un club mexicano, que no tiene que ver con la noticia más reciente; pero también parece haberse enlodado en el diabólico camino de la contratación.

Mas, como de todo se sale, hasta de los malos sueños y las pesadillas, al béisbol cubano y al país les toca sacudirse —y rápido— para, después del shock, retornar al mismo punto donde nos despertamos el día en que la almohada nos hizo mirar como posible la quimera de entrar a las Grandes Ligas por el césped de la normalidad.

5 comentarios

  1. Mi pregunta es, por qué una lista secreta de los que si pueden aspirar a jugar en Grandes Ligas y quién se siente autorizado para frustrar las aspiraciones de los muchachos? Mientras no haya igualdad de oportunidades es mejor que no haya nada y no le echemos mas culpas al imperialismo. .

  2. Periodista estoy en desacuerdo con la medida del presidente Trump, porque si bien esta se ajusta al embargo puesto que la FCB,es un ente gubernamental y lo que recaude lo administra el gobierno cubano,opino que el embargo es injusto e ilegal porque el gobierno de USA no debe decirme dónde y cómo gastar el dinero que gane honradamente,pero del mismo modo opino que los peloteros deben elegir quien los representa al ser contratados.Tambien recuerdo como hasta hace poco la MLB era vilipendiada por muchos de los que hoy la alaban

  3. Felix González

    buenas tardes y nada publicado de los resultados del beisbol juvenil que se desarrolla ahi mismitico.
    se saben los resultados en cada minuto de otras ligas pero los medios de SS reconocidos dan los resultados pero ya cuando ha pasado el tiempo.
    los he seguido por el semanario JIT porque radio SS, centrovision Yayabo y Escambray lo sabre en unos dias.
    saludos,

  4. Alan Brito Prieto

    ERROR. Lo correcto seria decir: DE LA PESADILLA al sueño y de aquí nuevamente a la pesadilla. O lo que es lo mismo: la pescadilla que se muerde la cola. El sueño de los peloteros cubanos no comenzó con el acuerdo, sino que tiene una etapa previa y muy triste, de autentica PESADILLA (durante la cual los peloteros se tenían que ir en balsas para Miami o desertar si querían jugar en grandes ligas). La historia se cuenta completa, o no se cuenta.

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