Alborada victoriosa en el centro-sur espirituano (+fotos)

La ofensiva de las tropas rebeldes en Fomento, Cabaiguán y Guayos, en aquel diciembre prodigioso de 1958, tuvo su continuación en Sancti Spíritus, Jatibonico, Trinidad y localidades aledañas, hasta abarcar todo el territorio

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Armando Acosta, al centro, con sus jefes de pelotones en los días de la liberación de Sancti Spíritus y Jatibonico.

Es harto difícil describir la situación imperante en toda la región espirituana en aquel diciembre inusitado del 58, porque las palabras siempre quedarían cortas ante el cúmulo de acontecimientos que se sucedían, creando un ambiente de esperanzadora zozobra, donde se intuía que todo —incluso la caída del régimen odiado— se situaba cada vez más dentro de lo posible.

En Sancti Spíritus, la ciudad más importante en el centro-sur de la antigua provincia de Las Villas, el nerviosismo y la expectación eran inmensos, preparado el terreno por incursiones nocturnas de comandos rebeldes dentro y en los barrios periféricos de la localidad y, sobre todo, por las últimas noticias y rumores acerca de la aproximación de las guerrillas que, para el 22 de diciembre por la tarde, ya habían liberado Fomento, Cabaiguán y Guayos.

Todo ello provocaba una desmoralización creciente, una de cuyas muestras fue que el 21 de diciembre, cuando guerrilleros a las órdenes de Víctor Bordón se trasladaron al puente de La Trinchera en la Carretera Central con la intención de cortarlo con antorchas de oxiacetileno, los guardias enviados a combatirlos impidieron concretar ese propósito, pero a las pocas horas se fueron y los guerrilleros lo derribaron, aunque solo en parte por la falta de oxígeno.

Si bien en cuanto al número de rebeldes los rumores eran en extremo exagerados, la situación estratégica en el territorio de la parte meridional de la provincia no estaba muy lejos de lo que realmente sucedía, pues en la propia noche del 20 al 21 de diciembre un pelotón reforzado de unos 50 efectivos a las órdenes del capitán Erasmo Rodríguez —nombre de guerra de Armando Acosta Cordero— penetró en el perímetro urbano de la ciudad y allí dio incluso mítines populares y empezó su avance hacia el centro de la urbe.

Carlota Guillot Pérez —ya fallecida— refirió hace años a Escambray, donde trabajó como periodista, que en una ciudad colonial donde predominaban los techos de tejas la mayor preocupación de sus moradores era buscar protección en viviendas con cubiertas de placa.

El temor tenía sostén, pues los cazabombarderos B-26 y las avionetas artilladas con ametralladoras calibre 50 empezaron a disparar contra distintos puntos de la villa.

Para el 22 de diciembre Sancti Spíritus estaba prácticamente libre porque los soldados y policías se habían concentrado en el cuartel y a los 46 hombres del Movimiento 26 de Julio que habían entrado por el puente Balneario bajo el mando del capitán Erasmo Rodríguez se les habían sumado los del Comando Juan Pedro Carbó Serviá, del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, quienes entraron casi simultáneamente por el llamado Camino de La Habana a las órdenes del comandante Julio Pérez Castillo.

Estos poco numerosos contingentes guerrilleros nunca hubieran logrado con su equipo precario y habitual escasez de parque vencer a cuatro centenares de soldados y policías dotados con ametralladoras, bazucas y fusiles de distintos modelos y calibres, que contaron además en todo momento con el respaldo de la aviación, pero, en cambio, los atacantes dispusieron del apoyo masivo de la población y la desmoralización de los cercados.  

Se ha discutido mucho acerca de la ingenuidad y poca previsión del lado rebelde por haber permitido la fuga de los guardias sitiados en el cuartel en medio de una tregua, poco antes de las tres de la tarde del 23 de diciembre, hora en que vencía el plazo de alto al fuego. Sin embargo, ¿cómo conocer las intenciones del adversario? ¿Cómo detener a aquellos hombres mucho más numerosos y mejor armados, con apoyo aéreo?

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Combatientes del Directorio en el Instituto de Segunda Enseñanza de Sancti Spíritus, antes de su salida para Trinidad.

“A Sancti Spíritus lo liberó el pueblo”, afirmó por aquellos días el entonces capitán Armando Acosta Cordero, y era totalmente cierto. Por eso sus habitantes celebraron la victoria con júbilo y entusiasmo inigualables, como presagio certero de la llegada de una nueva era.

JATIBONICO: UN CASO ESPECIAL

Singular fue la liberación de Jatibonico, primero porque constituyó el único objetivo atacado por los rebeldes durante la ofensiva final contra el régimen batistiano en toda la zona central que recibió refuerzos; también el único, con la salvedad de Santa Clara, donde el ejército empleó medios blindados, y la excepción también porque durante los combates hubo avances y retrocesos de una y otra partes. 

La tropa de Erasmo Rodríguez llegó a campo traviesa a las inmediaciones de Jatibonico, próximas las 11:30 p.m. del 27, donde pronto algunos de sus pelotones combatieron contra autos patrulleros y chivatos; el grueso de los combatientes se dirigió mediante un rodeo hacia el cuartel enemigo, situado a unos 200 metros al suroeste del perímetro urbano.

La sólida construcción de mampostería estaba circundada por un terreno limpio para hacer más eficaz y letal su defensa por parte de su guarnición de alrededor de 400 soldados y policías, dotados de poderosas armas y abundante parque. Los soldados ocuparon, asimismo, otros objetivos, como la fábrica de piensos. Los rebeldes se acercaron al reducto militar por la parte del cementerio, pero fueron rechazados y debieron retroceder bajo un vendaval de fuego.

Enrique Gómez del Olmo describe la compleja situación que se creó con la llegada de refuerzos a los sitiados: “Nosotros nos desplegamos en abanico y tratamos de pararlos, combatiendo contra ellos por más de media hora, pero finalmente lograron abrirse paso, gracias a que venían con blindados, y seguir hacia el cuartel hasta unirse a los guardias cercados.

“En los días siguientes entraron más refuerzos. No obstante, a no ser algunos sitios como la fábrica de piensos en los momentos iniciales de la lucha, desde la mañana del 29 la población estaba en nuestras manos”.

¿Cómo recuerda usted la situación en torno al cuartel?

“Nosotros nos acercamos en varias ocasiones, hasta que el último día, ya con el pueblo en la calle celebrando la victoria, llega el capitán Erasmo y, tras concertarse una tregua, deja caer sus armas y avanza desarmado hacia el cuartel. Él entró en la fortaleza enemiga gritando: ‘¡Arriba, que el tirano se fue!, ¡Viva la Revolución!’, y otras cosas, y todo esto rodeado de soldados armados, pero ya desmoralizados. 

“Era la segunda vez que entraba allí, porque la primera los jefes no aceptaron la capitulación de la tropa, pero ya en esta ocasión Batista se había ido, y toda la provincia —y toda Cuba— era territorio libre y a los guardias no les quedaban alimentos ni agua, así que no tenía sentido que continuaran resistiendo y muriendo por una causa perdida”.

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Sancti Spíritus ya es libre y los rebeldes patrullan sus calles. En la foto, combatientes trasladan una motocicleta de la Motorizada.

CAEN LAS MURALLAS DE GUANO

Para la planificación del asalto a Trinidad la jefatura del Directorio se traslada a Sancti Spíritus y allí analiza toda la información recibida de su organización clandestina en el lugar.

El secretario general del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, Faure Chomón Mediavilla, ordenó a sus cuatro comandos de combateque se movilizaran hacia el punto de concentración escogido, que fue el antiguo central Trinidad —luego FNTA—, situado a un lado de la carretera que une esa ciudad con Sancti Spíritus.

Sobre las cinco de la madrugada la tropa de unos 200 rebeldes penetró en la localidad según la planificación hecha por el capitán Otto Pettersen, nativo de la villa, y como medida inicial se cortó la comunicación telefónica y se aisló el sector costero. Pese a las precauciones, cuando los combatientes avanzan hacia las posiciones enemigas son tiroteados desde la Zona Fiscal y la Planta Eléctrica, donde suponían que no había enemigos, por lo que el fuego se generaliza.

La ingrata sorpresa ocasionó la pérdida de dos valiosas vidas, pues en el primer objetivo cayó mortalmente herido el capitán Ernesto Valdés Muñoz y en el segundo, el teniente Manolito Solano, ascendido póstumamente a capitán. No obstante la porfiada resistencia, la Planta Eléctrica fue la primera en caer a pesar de estar defendida por 21 soldados del régimen frente a nueve rebeldes al mando del teniente Tony Martínez. Poco después es tomada la Zona Fiscal mediante el avance de los atacantes a través de calles y azoteas de las casas aledañas.

El 29 de diciembre continuó la lucha en la cárcel y el cuartel, donde se encontraba el grueso de los guardias batistianos. Allí se concentró el esfuerzo principal de los atacantes. Después de varios ametrallamientos de la aviación enemiga, los casquitos se retiraron en autos y yips rumbo a Casilda.

A las seis de la tarde del propio día 29, luego de que los rebeldes lograran incendiar la tenería, es ocupado el cuartel y el 30 se toma la cárcel, último reducto enemigo en la villa, con lo que Trinidad se sumaba al territorio libre de Cuba. En la lucha por la liberación de Trinidad cayeron además los combatientes rebeldes Antonio Yamil Duménigo y Anselmo Rodríguez, quienes se convirtieron en mártires eternos de la patria.

En medio del entusiasmo sin límites de la población, el Comandante Faure Chomón se trasladó al Ayuntamiento y allí se dirigió al pueblo y emitió un comunicado por la victoria alcanzada. Las murallas de guano del régimen dictatorial capitalista habían caído para siempre.

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