Año 1964, la antesala del fin del bandidismo en Cuba

Golpeadas fuertemente a lo largo de 1963 en toda Cuba, las bandas armadas sufrieron en 1964 golpes decisivos que permitieron su eliminación total a inicios de 1965

Las operaciones contra las bandas armadas no cejaron un momento en las regiones infectadas por ese flagelo.

Aunque en cada año trascurrido entre 1960 y 1965 el fenómeno del bandidismo tuvo en Cuba la respuesta adecuada, como lo fue a comienzos de 1961 la Operación Jaula (*), y ya en 1962 el enfrentamiento al Plan Mangosta, los grandes progresos de la Lucha Contra Bandidos en 1963 hicieron de 1964 el principio del fin de esa lacra que perseguía retrotraer a nuestra patria a los tiempos de la dictadura asesina de Fulgencio Batista.

Así, a grandes rasgos, de enero a mayo de 1963 es liquidada la mayoría de las bandas. El primero de marzo culmina la Operación Zapato, en la cual son aniquilados el cabecilla jefe Tomás San Gil y sus secuaces. Luego le sucede en el mando el también connotado asesino Julio Emilio Carretero.

La ocupación posterior de un libro-registro de San Gil con la relación de bandas, zonas de operaciones, sus jefes e integrantes, así como la red de colaboradores, permite asestarles a los bandidos golpes muy sensibles en el resto de ese año. En total, en 1963 fueron neutralizadas 22 bandas encabezadas por cinco comandantes y 17 capitanes y resultaron capturados 373 alzados; de ellos, 178 muertos y 195 prisioneros, incluyendo no pocos heridos.

UN AÑO DECISIVO

Cuando se inicia 1964, en el territorio central quedaban tres focos de bandidos, entre los cuales el del Escambray era superior en efectivos y bandas al existente en el norte de Las Villas, en los límites con Camagüey, y al que operaba entre Las Villas y Matanzas.

Según Ramón Herrera Medina (**), en el Escambray quedaban las bandas dirigidas por Julio Emilio Carretero Escajadillo, siendo las más importantes, la de José “Cheíto” León, con 25 hombres; Maro Borges, con 23; los 10 efectivos que encabezaba el propio Carretero, y los grupos de Blas Tardío, Ramón del Sol, José Tápanes, Rubén Cordovés y Mumo Pineda, también con un promedio aproximado de una decena de alzados cada una. 

Las demás eran pequeñas bandas dirigidas por Luis Vargas, Leonel Martínez, Silvino Díaz, Sumba Viera, Mesa Medinilla, los hermanos Ureta, y otros, de no más de cinco elementos. En total, entre cuadrillas mayores y menores, en el Escambray se agrupaban 138 bandidos. Entretanto, en la zona de Yaguajay-Morón merodeaban otros 30 alzados distribuidos en pequeñas partidas y en los límites de Las Villas con Matanzas, otros 20, bajo el mando de los Campito, padre e hijo, con una veintena de hombres.

Enero de 1964 se inició con la captura del recién nombrado comandante José Tápanes y su banda, cuando trataban de salir del país por la zona de Santa Cruz del Sur, Camagüey, con ayuda de colaboradores suyos en el área costera.

La presión contra los grupos armados se intensificó en todo el país con resultados crecientemente positivos, pues para entonces existía una gran coordinación y colaboración entre la jefatura de las unidades de la LCB y los mandos del Departamento de Seguridad del Estado (DSE), lo que permitió elevar la eficacia de las operaciones, que ya se realizaban casi “al seguro”, basadas en informaciones obtenidas por los agentes de la Seguridad infiltrados como colaboradores y entre las propias bandas.

Estados Unidos envió abundantes medios bélicos a las bandas contrarrevolucionarias que operaban en distintas partes de la isla.

Ello permitió contrarrestar el apoyo en armas y recursos que siempre recibieron los bandidos desde Estados Unidos, su colonia de Puerto Rico, República Dominicana y otros países del área, bajo la tutela de la CIA, a pesar del compromiso de Washington de no lanzar una agresión directa, lo que demostró la razón que tenía Fidel cuando exigió el arreglo de la llamada Crisis de Octubre de 1962, sobre la base de los Cinco Puntos planteados por el Gobierno cubano, los cuales incluían el cese de todos los actos hostiles contra Cuba.

La Casa Blanca y sus agencias no tuvieron escrúpulo en mantener ese apoyo mediante el terrorista Luis Posada Carriles y otros especímenes por el estilo, a pesar de los crímenes horrendos de sus pupilos en la isla, donde asesinaron a niños, mujeres, ancianos, maestros y alfabetizadores, al tiempo que destruían humildes viviendas campesinas, tiendas, almacenes y escuelas, con el fin de causar daño y desestabilizar al Gobierno revolucionario, buscando su caída.

Los desmanes y asesinatos cometidos por esos elementos llevaron a la aprobación a finales de 1961 de la Ley 988, la cual establecía la aplicación de la pena de muerte por fusilamiento para los responsables de crímenes; no obstante, salvo excepciones, los bandidos los siguieron cometiendo, conscientes ahora de las graves consecuencias de estos hechos, caso de ser capturados, por lo que su resistencia se incrementó.

OPERACIONES TRASBORDO Y EXTERMINIO

El alto número de bajas en las operaciones de las milicias contra las bandas encabezadas por los principales cabecillas responsables de graves deudas con la justicia, de un lado, y la evidencia del interés de la mayoría de esos elementos de salir del país, llevó a la Jefatura de la LCB y los órganos de la Seguridad, a concebir un plan de “salida” de esos individuos que permitiera su captura incruenta, que luego recibiría el nombre de Operación Trasbordo. 

El arriesgado, pero en la práctica fructífero proyecto, fue canalizado a través del agente Alberto Delgado Delgado, designado por la Jefatura del DSE en La Habana para infiltrarse entre las bandas que operaban en el Escambray, y sugerir que tenía suficientes contactos como para ofrecer la posibilidad de sacar grupos completos de alzados hacia el extranjero.

Así, en febrero de ese año 1964, Alberto Delgado, el agente El Enano de la Seguridad, logra la captura de la banda de Alfredo Amarante Borges, más conocido por Maro, mediante el procedimiento de llevarlos a la costa por la zona de Morón, desde donde se trasladaron en un bote tripulado por un agente del DSE a un barco cubano disfrazado de unidad de la Marina yanqui, con tripulación que poseía dominio del idioma inglés y vestidos con uniformes de la U.S. Navy.

Tras no pocas vicisitudes, Alberto repite su hazaña el 28 de marzo, cuando lleva en un camión hacia el mismo punto de la costa norte, al cabecilla de bandidos Julio Emilio Carretero y su bandada de criminales, que son atrapados igualmente sin disparar un tiro. Lamentablemente, la temeridad de El Enano y la suspicacia del cabecilla José “Cheíto” León, quien le dio una contraseña secreta a Carretero, se conjugaron para confluir en el asesinato de Delgado Delgado exactamente un mes después.

Entretanto, en Matanzas y con el estímulo que representó el éxito de la primera “salida” de la Operación Trasbordo, se puso en práctica la Operación Exterminio, con similares procedimientos, en el mes de marzo, que condujo a la captura del cabecilla Rigoberto Castro Amechazurra y su grupo, a los que les siguieron otros hasta totalizar 25 bandidos capturados.

Trasbordo y Exterminio permitieron sacar de circulación a algo más de medio centenar de bandidos de los más peligrosos, pero en el centro del país, en Matanzas y otros puntos continuaron las operaciones contra los remanentes de las bandas armadas. En total, al finalizar 1964 habían sido capturados 171 alzados, de los cuales 70 muertos, 27 heridos y 74 ilesos, mientras el bando revolucionario tuvo que lamentar 18 muertos y 28 heridos.

El bandidismo había sufrido golpes de los cuales no podría ya recuperarse, como fue la captura de Julio Emilio Carretero, jefe de todos los bandidos del Escambray y sustituto de Tomás San Gil, caído en 1963, y otro importante grupo de bandas de alzados. Entonces el escenario quedó listo para el triunfo definitivo pocos meses más tarde.

(*) Esta Operación redundó en la desarticulación de numerosas bandas y la captura de cientos de alzados, lo que frustró el plan yanqui de lanzar la invasión mercenaria por la zona de Trinidad.

(**) En su libro Fuego cruzado contra las bandas de Pluto y Mangosta. Ed. Política. La Habana, 2011.

2 comentarios

  1. Manuel Eduardo Polanco Pérez

    Hace solo unos días, estaba en la funeraria de Trinidad y alguien me sañaló a dos personas que habían integrado la banda de Cheito León.
    Al verlos usando sombreros de paño, muy elegantes y con cierta arrogancia reflejada en sus rostros, sentí repulsión por esos individuos, que aunque en su momento estuvieron presos sancionados por los tribunales revolucionarios, no dejo de pensar que deben haber cometido o participado en los múltiples crímenes que practicó esa banda.
    Nada, que no acepto que estén paseándose por nuestras calles como si nada malo hubieran hecho, para mi continúan siendo bandidos.

  2. Estas historias de las unidades de LCB,que mayormente la integraban ,obreros y campesinos,debe conocerla bien nuestra juventud y que les ayude en analizar que fue aquella gloriosa lucha de nuestro pueblo,esto no se puede olvidar,por nuestros martires y heroes,lo que paso en el ESCAMBRAY,hay que recordarlo siempre,mis saludos.

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