Aporte de colaboradores cubanos de salud con huellas por el mundo

En homenaje al nacimiento del sabio cubano Carlos Juan Finlay, la medicina latinoamericana celebra su día cada 3 de diciembre

La sonrisa de un niño o el agradecimiento de una familia, constituyen el mejor premio para los colaboradores. (Foto: Contexto Latinoamericano)
La sonrisa de un niño o el agradecimiento de una familia, constituyen el mejor premio para los colaboradores. (Foto: Contexto Latinoamericano)

La medicina latinoamericana, que celebra su día cada 3 de diciembre en homenaje al nacimiento del sabio cubano Carlos Juan Finlay, llega hoy a un centenar de países gracias a la labor desinteresada de los galenos y técnicos cubanos y de otras naciones.

Cuba, donde solo quedaron tres mil médicos para atender los problemas de salud de la población al triunfar la Revolución en 1959, cuenta en la actualidad con más de 100 mil doctores activos, con una proporción de nueve por cada mil habitantes, la más alta de la historia.

Para el personal de la salud – médicos, estomatólogos, enfermeros, en su mayoría licenciados, técnicos especializados y en otras carreras afines, la sonrisa de un niño o el agradecimiento de una familia, constituyen el mejor premio por las horas de desvelo y consagración dedicadas a sanar a la población en su país y fuera de sus fronteras.

Desde el primer contingente médico que brindó su apoyo solidario en Argelia en 1963, cientos de miles de profesionales de ese sector han dado innumerables muestras de sacrificio y dedicación. Vestidos con sus batas blancas, muchas veces mochila al hombro, montados en caballos o atravesando ríos crecidos en ligeros botes, llevan sus saberes de manera gratuita a los lugares más alejados de las ciudades y de difícil acceso.

No buscan riquezas, sino el cumplimiento honroso de convenios de cooperación suscritos por La Habana con otras naciones en situaciones normales, o en momentos de contingencias como desastres naturales.

Con el objetivo de ayudar a otras poblaciones en momentos de angustia se creó en 2005, por iniciativa del líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, el Contingente Internacional de Médicos Especializados en situaciones de Desastres y Graves Epidemias ‘Henry Reeve’, integrado por especialistas con una profunda vocación humanista.

El personal de salud cubano estuvo en eventos de grandes proporciones ocurridos en Pakistán, Venezuela, Ecuador, y algunas naciones centroamericanas. También trabajaron en el combate a la epidemia de cólera que siguió al terremoto que dejó en ruinas a la empobrecida Haití en el 2010; y el enfrentamiento a la epidemia de ébola en África Occidental, en octubre del 2014 en Sierra Leona, Liberia y Guinea Conakry.

De acuerdo con José Ángel Portal, ministro de Salud Pública, hoy suman unos 234 mil los profesionales de las diferentes ramas de las ciencias médicas que laboran en más de 13 mil instituciones sanitarias de Cuba, los que con su elevada preparación científica y técnica garantizan la salud, tanto en su país como en el exterior.

Con la misión de brindar sus experiencias, sanar, transmitir alegría y deseos de vivir, han atendido a millones de pacientes en países de prácticamente todos los continentes, donde su presencia se ha hecho casi imprescindible, no solo como médicos generales integrales, sino en otras áreas especializadas de suma importancia, como la ginecología, la oftalmología y la atención prenatal.

Cada uno de ellos tiene su propia historia que contar, vivencias únicas e irrepetibles, difíciles de olvidar por quienes han compartido durante años con grandes poblaciones de personas pobres, en lugares donde no hay electricidad, ni agua potable, ni existía, antes de su llegada, el más mínimo control sanitario.

Elam: Médicos para el pueblo

A lo largo de su vida, Fidel Castro ofreció infinitas muestras de su humanismo y de su convicción de la justicia social sobre la base de la igualdad.

De su empeño por mejorar las condiciones de vida de los pueblos, y en particular su preocupación por el acceso a los servicios de salud de las poblaciones humildes, nació la idea de fundar una Escuela Latinoamericana de Medicina en Cuba, donde se han graduado 29 mil 749 médicos de 115 países desde su inauguración el 15 de noviembre de 1999.

Del sueño de crear una institución con este fin habló por primera vez en 1998 tras el azote a tierras centroamericanas del huracán Mitch, considerado uno de los cuatro más fuertes ocurridos en el siglo XX, un verdadero ‘monstruo’, como lo calificó, y cuya trayectoria siguió con interés junto a los meteorólogos.

Preocupado por la destrucción causado por el fenómeno natural en Honduras, Nicaragua, y en otras naciones pobres de América Latina y el Caribe, consideró un deber elemental apoyar a esos territorios, donde se calcularon en más de 30 mil las víctimas, entre muertos y desaparecidos.

Fidel se interesó de inmediato por la mortalidad infantil en las naciones afectadas, los nacimientos, y luego de conocer las cifras y hacer cálculos, enseguida anunció que era posible desarrollar un programa integral de salud que salvara cada año tantas vidas como las que se perdieron en el huracán.

En la clausura del XII Foro Nacional de Ciencia y Técnica, efectuado el 21 de noviembre de 1998 en La Habana, informó que la nación caribeña había ofrecido el envío de dos mil galenos voluntarios para asistir a los damnificados y habló del programa de formación de médicos centroamericanos en la isla.

Con su preclara visión y consciente de los millones de seres humanos que en el mundo eran privados del acceso a los servicios de salud, gratuitos y con calidad, concibió la creación de esa escuela como una modesta contribución de la isla para que los jóvenes, una vez graduados, prestaran servicios en los lugares más alejados y pobres de sus países.

Visitó en varias ocasiones la institución y siempre fue recibido con la alegría que desbordan los jóvenes y el agradecimiento de sus miles de estudiantes.

Los primeros en formarse sustituyeron en sus países a los facultativos cubanos que asistieron a los damnificados por el evento climatológico.

En ocasión de la primera graduación de la ELAM (mil 600 doctores), ocurrida en el 2005 en el capitalino teatro Karl Marx, Fidel expresó que la libertad solo se conquista con la solidaridad y agregó que ella nos hace más humanos y verdaderamente independientes.

Los graduados de ese centro de altos estudios, que este año cumplió 20 años de fundado, han apoyado la labor de los galenos cubanos en diferentes desastres naturales en Haití, México, Guatemala, Chile y en la Amazonía.

También los egresados de la Elam se han insertado en las brigadas médicas en la Operación Milagro ?un programa social para la atención de personas con afecciones visuales ideado por los ya fallecidos líderes de Cuba y de Venezuela, Fidel castro y Hugo Chávez, respectivamente.

Ciencia cubana también para el mundo

A pesar del bloqueo económico, comercial y financiero aplicado por Estados Unidos durante más de seis décadas, Cuba, sin embargo, es uno de los líderes mundiales en cuanto a avances científicos, lo que se ha logrado gracias a un personal calificado, comprometido y consagrado al desarrollo de la industria en el área de la salud para aliviar el sufrimiento humano.

Esa responsabilidad recae en el grupo de las industrias biotecnológica y farmacéutica, Biocubafarma, que tributa un número significativo de medicamentos, provee equipos avanzados de diagnóstico y tratamiento del cáncer. Impactan sus vacunas contra enfermedades infecciosas, oncológicas, cardiovasculares, dolencias resultantes de la diabetes, entre otras patologías.

Los resultados obtenidos benefician no solo a pacientes de la isla. Tal es el caso del Heberprot-P, desarrollado por expertos del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología para la cicatrización de úlceras complejas del pie diabético, medicamento y único en el mundo capaz de evitar la amputación de ese miembro.

Otra fabricación exportable es la vacuna terapéutica contra el cáncer de pulmón CIMAvax-EGF, la cual impide el crecimiento de las células malignas en los pacientes en etapas avanzadas y prolonga la vida; también la obtenida contra la meningococos B y C, y el Policosanol (PPG), un medicamento natural para disminuir el colesterol, elaborado a partir de la cera de la caña de azúcar.

En la actualidad, el grupo empresarial Biocubafarma exporta a unos 50 países, la mayoría en el continente americano, a excepción de Estados Unidos, donde acápites de las leyes del bloqueo implementados por sucesivas administraciones les impiden la adquisición de los nuevos productos médicos.

Las investigaciones efectuadas y los proyectos en curso se utilizarán para alcanzar mejores resultados en la atención de salud.

Uno de los más recientes reconocimientos a la nación antillana ocurrió el pasado mes, cuando la Sociedad de Cirugía de Etiopía le concedió el Premio del Año, por su contribución al desarrollo del servicio de cirugía y el entrenamiento a profesionales de la salud de esa nación africana.

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