Che, estratega de la unidad

Ernesto Guevara sabía conjugar con mucha inteligencia la firmeza con la diplomacia, y así lo demostró a su llegada al Escambray espirituano en octubre de 1958

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El Che siempre fue un hombre de pueblo. (Foto: Perfecto Romero)

Un otoño extraordinario por sus lluvias constantes, ciclones y demás contingencias climáticas fue el de 1958, cuando a caballo en septiembre y octubre arribaron a la jurisdicción de Sancti Spíritus el comandante Ernesto Che Guevara y sus 140 valientes de la Columna Invasora No. 8 Ciro Redondo, quienes venían desde la Sierra Maestra en cumplimiento de la orden del Comandante en Jefe Fidel Castro de llevar la guerra al centro del país.

De acuerdo con el plan original, la Columna Invasora No. 2 Antonio Maceo, bajo el mando de Camilo Cienfuegos, arribó el 7 de octubre al norte villareño, en el actual municipio de Yaguajay, con la instrucción de dejar organizadas a las guerrillas de la zona, y proseguir hacia los confines más occidentales de la isla, como a finales de 1895 había concretado el Titán de Bronce, pero la situación que encontró el Che en el Escambray, y los indicios que detectó Camilo en la tropa del Movimiento 26 de Julio en el septentrión espirituano, introdujeron cambios sustanciales al arriesgado proyecto.  

Informado Fidel por ambos comandantes de la realidad imperante al centro y al norte de la antigua provincia de Las Villas, decidió que el Che extremara el cuidado en el manejo de la situación creada y que Camilo permaneciera en la zona norte en tareas de organización y consolidación del nuevo frente guerrillero, listo para apoyar al Che en el lomerío del Escambray, llegado el caso, desagradable circunstancia que estuvo a punto de producirse… 

¿CARTA O DECLARACIÓN DE GUERRA?

El 16 de octubre de 1958 la Columna Invasora No. 8 Ciro Redondo, al mando del Che, hizo su primer campamento en el lomerío de Guamuhaya, en un lugar conocido como Planta Cantú, en la jurisdicción de Sancti Spíritus.

La alegría es desbordante en la tropa rebelde a pesar del estado deplorable de los hombres después de su viaje infernal de más de 500 kilómetros desde la Sierra Maestra, pero no todo es color de rosa. Esa tarde se presenta en Cantú un emisario del II Frente Nacional del Escambray, quien le entrega al Che una carta del titulado comandante Jesús Carreras, escrita en términos amenazantes, en la cual le pone límites territoriales y políticos a los recién llegados.

Una especie de guerra civil entre los factores armados opuestos a la dictadura de Fulgencio Batista en la serranía de Guamuhaya era lo último que se podía permitir en aquel contexto, por lo que el Che decide conjugar al máximo sus dotes de diplomático con la defensa firme de los principios revolucionarios en aras de la unidad imprescindible.

Fue así que, haciendo como que no estaba enterado, pero divulgando por medio del campesinado de la zona sus ánimos unitarios, una vez repuestos del desgaste físico sufrido durante la invasión, el Che y sus casi dos compañías que ya formaban la Columna No. 8 empezaron a recorrer el lomerío, sin cuidarse de las advertencias de Carreras, inducidas por su jefe, Eloy Gutiérrez Menoyo.

En ese periplo serrano el argentino se percata que aún dentro del II Frente Nacional del Escambray, de Menoyo y compañía, hay mandos intermedios y combatientes decentes, que por distintas causas fueron a dar a ese movimiento cuasi subversivo dentro de las filas rebeldes, como es el caso del capitán Manuel Zavalo, más tarde asesinado en la provincia de Pinar del Río.

Fue cerca de allí que el Che se encontró personalmente con Jesús Carreras, el autor de la mencionada carta, a quien le expuso la misión que le había sido encomendada por Fidel, haciendo énfasis en la necesidad perentoria de unidad, pero Carrera se mostró poco cortés y cerrado y, por ello, no se pudo llegar a ningún acuerdo. Luego el Che, diría que el encuentro resultó inamistoso pero no borrascoso, como presagiaba el tono de las amenazas vertidas en la citada epístola.

LA CARA OPUESTA DE LA MONEDA

En contraste con la actitud hostil del II Frente y su jefatura, Faure Chomón, secretario general del DR-13-Marzo, envió al comandante Antonio Tony Santiago y a los capitanes Ramón Mongo González Coro y José Moleón para contactar con el Che e invitarlo al campamento general de esa agrupación en Dos Arroyos. El encuentro se produce el 21 de octubre en el lugar citado. Allí ambas fuerzas y sus comandantes se saludan. Hay plena solidaridad y regocijo, conscientes de que pelean por un mismo ideal.

Chomón informa al Che de las tropelías de los jefes del II Frente, pero el anhelo y la necesidad de lograr la unidad entre quienes combaten a Batista hacen que Guevara aconseje prudencia a su interlocutor y sugiera esperar para ver el resultado de las gestiones que se propone realizar.

Para el 23 de octubre la Columna No. 8 llega a Caballete de Casa y el Che fija allí su Comandancia de retaguardia. El 7 de noviembre de 1958, en una carta a Chomón, le da cuenta de los continuos roces con la gente del II Frente, quienes llegaron incluso a hacer objeto de “(…) una franca agresión a unos de mis capitanes en la zona de San Blas”.

Y agregaba el guerrillero: “Esa delicada situación hace imposible llegar a un acuerdo con la citada organización”. En vista de lo anterior, el Comandante propone a Faure realizar “conversaciones concretas sobre todos los puntos de interés de nuestras respectivas organizaciones”. Ese fue el antecedente histórico del futuro pacto de unidad entre las fuerzas que se oponían a Batista.

 EL FACTOR BÉLICO PARA LA UNIDAD

No bien llegado el Che al Escambray, expresó su voluntad de iniciar lo antes posible acciones ofensivas contra el régimen. De ahí su ataque al cuartel de Güinía de Miranda el 26 de octubre, apenas transcurridos 10 días de su arribo a la zona. Ya el futuro guerrillero heroico había respondido a los alardes de matón de Carreras, en su reciente encuentro, al expresarle con no fingida ironía que las armas que tenía su tropa se las habían arrebatado al enemigo.

El intuitivo médico-guerrillero había percibido que, en muchos meses en el Escambray, esa tropa de “comevacas” apenas había rozado las posiciones del régimen, y decidió que, junto con el esfuerzo unitario que venía desplegando, la solución estaba en golpear al enemigo para acercar la victoria.

Fue así que, después de Güinía, propulsó el ataque a Caracusey por el Directorio y las acciones por el control de las vías de comunicación. El primer objetivo materializado fue el fracaso de la farsa electoral, efectuada por el régimen el 3 de noviembre. Junto con la redoblada actividad del Frente Norte, liderado por Camilo, las tropas del Che incrementan su accionar en las estribaciones del lomerío, y en medio de este esfuerzo trasladan su Comandancia para el poblado de El Pedrero.

A inicios de diciembre, el enemigo lanza una ofensiva contra esa localidad con más de 1 000 soldados y apoyo aéreo, artillero y de blindados, desde tres direcciones convergentes, pero las fuerzas revolucionarias hacen fracasar los sucesivos intentos de los soldados por avanzar, y ya el día 5 los atacantes se ven obligados a retirarse con sensibles pérdidas, sin alcanzar su propósito.

El primer día del último mes del año 1958, jornada del inicio de la arremetida castrense contra la Comandancia del Che en El Pedrero, se suscribe en ese sitio el histórico pacto de unidad que lleva el nombre del pequeño poblado fomentense, entre el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, al cual se suma poco después el Partido Socialista Popular. A la tiranía solo le quedaban unas pocas semanas en el poder.

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