Cursos de verano en el camino del arte

Tras dos semanas de constantes clases, la Escuela Elemental de Arte Ernesto Lecuona clausuró sus talleres en esta etapa estival

Danza escuela música
Los talleres de danza acogieron a cerca de 80 estudiantes. (Foto: Lisandra Gómez Guerra / Escambray)

“Es la segunda vez que decidimos venir hasta aquí porque mi niña quiere ser bailarina. Además de acercarse a la manifestación, se divierte y conoce a otras que como ella sueñan danzar en un escenario”, dice Misbel Córdova Montiel, una de las madres que esperaron cada día en los pasillos a que se realizaran los talleres de verano en la Escuela Elemental de Arte Ernesto Lecuona, de Sancti Spíritus.

Su hija Hanisbel, de seis años y estudiante del plantel Serafín Sánchez Valdivia, junto a cerca de 80 niñas, apostó por hacer suyos los tabloncillos del centro para moverse al ritmo de diferentes melodías.

“Creo que esta opción es excelente porque no tienen en cuenta sus condiciones físicas para que aprendan, sino que les transmiten elementos imprescindibles de la danza y así ellas podrán decidir si quieren seguir este camino del arte”, añade la progenitora.

Pero, no solo la Ernesto Lecuona abrió sus puertas para quienes estuvieron interesados en conocer de movimientos corporales, sino que sus aulas abrigaron otros intereses.

“Desde hace cinco años le proponemos a la comunidad los cursos de verano. Mas, a raíz de las experiencias que nos anteceden, en esta ocasión se rompieron las expectativas en todos los sentidos: número de participantes, calidad y diversidad de los talleres. En solo dos semanas, logramos tener casi la escuela llena, hasta de Jíquima de Peláez nos llegaron y eso nos dio mucha satisfacción. También nos acompañaron algunos de nuestros educandos con el fin de superarse”, aclara Maida Pérez Cancio, directora de la institución.

CON LA CLAVE DE SOL

Durante esas dos semanas, desde que se cruzaba el umbral del plantel, una multiplicidad de sonidos conducía a sus locales. Parecía que transcurría un día común dentro del programa de enseñanza docente-educativo. Piano, canto coral y trompeta fueron los atractivos que en este verano les robaron la atención a quienes llegaron hasta la céntrica escuela de la ciudad del Yayabo.

“El curso que viene empezaré a estudiar violín, pero fui ahora para aprender un poco de piano porque me gusta mucho. Quiero convertirme en un gran artista”, refiere Alexandor Valera Ramírez, de siete años de edad.

Como él, otros pequeños siguieron de cerca los consejos de la experimentada profesora Miriam Valdivia Rodríguez, quien en próximos días arribará a sus 75 años de vida. Con una paciencia extraordinaria, les mostró, entre otras cosas, cómo colocar los dedos en el teclado para que su sonido luzca mejor.

Enseñanza piano
La profesora Miriam Valdivia Rodríguez compartió sus saberes con quienes apostaron por descubrir el piano. (Foto: Lisandra Gómez Guerra / Escambray)

“Es muy poco el tiempo del taller por lo que prioricé los conocimientos elementales sobre el instrumento. Por ello, todos no pudieron interpretar una pieza en la clausura del curso, pero sí descubrieron saberes que les servirán si siguen este arduo camino, sobre todo si deciden ingresar en nuestra escuela”, alega mientras regala, a cuatro manos con una de sus alumnas, una pieza de su propia creación.

RITMOS Y COLORES

Folclor internacional y popular hicieron mover los pies y las caderas de las asistentes a los talleres de danza. Divididas en dos categorías, de cuatro a seis años y de siete años en adelante, se materializaron varias coreografías gracias a la constancia de horas y horas de ensayo.

“Nos sigue afectando que solo nos llegan niñas interesadas por la danza y eso repercute a la hora de hacer las pruebas de aptitud. Este intercambio nos permite conocer dónde podemos encontrar futuros estudiantes. También se les impartieron conocimientos de apreciación de la música y lo mejor de todo es que nos percatamos de que ya son más los que conocen que en Sancti Spíritus se estudia la manifestación, la más deprimida en nuestro panorama cultural”, expresa Elena Ramos Nario, jefa de departamento de la especialidad en el centro.

Pero no solo llegaron hasta allí quienes aún no integran su matrícula, sino que varios de sus alumnos dejaron a un lado las vacaciones.

“Poder perfeccionar la técnica nunca está de más, sobre todo cuando aspiro a aprobar mi pase de nivel. Fuera de aquí hago ejercicios, pero no tienen el mismo rigor, así que no dudo en venir siempre, porque todas aprendemos”, opina Rocío Raya, quien comenzará el cuarto año de danza en septiembre venidero.

Y junto a la algarabía de tantos ritmos, se escuchó durante las dos semanas de los talleres la voz de Javier Pentón López, licenciado en Instructor de Arte, quien acogió a un grupo de niños interesados en plasmar sobre el papel trazos cercanos a la perfección.

“Las artes plásticas, además de ser muy atractivas como manifestación, consolida al resto, sobre todo la danza. Para que la propuesta de estos días fuera más amena se las vinculé a la Historia de Cuba y hoy ya tenemos el resultado de que fueron capaces de dibujar las tres carabelas en que llegaron a la isla nuestros conquistadores”, insiste.

Con la máxima de que no fueran días tediosos, sino que el goce se fusionara con el aprendizaje, la Escuela Elemental de Arte Ernesto Lecuona despidió sus talleres de verano con la presentación de sus resultados. Fue así que al escenario del propio plantel subieron el entusiasmo, esplendor y algarabía de quienes aspiran a convertirse en artistas. Los aplausos compensaron las horas de dedicación y demostraron que ni siquiera las altas temperaturas de la etapa estival le roban espacio al saber.

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