El Partido de Martí y la traición de Tomás Estrada Palma

El Partido Revolucionario Cubano, creación magistral de José Martí, fundado el 10 de abril de 1892, fue disuelto el 21 de diciembre de 1898 por Tomás Estrada Palma sin haber cumplido uno de sus propósitos: la liberación de Puerto Rico

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Martí, al centro, junto a otros miembros del Partido Revolucionario Cubano. (Foto: Archivo)

La historia es compleja, tanto como la psiquis y el comportamiento de los hombres; también de los pueblos. Cuando nos adentramos en la Historia de Cuba encontramos a cada paso hechos contradictorios que parecen no tener lógica, sobre todo porque, a la luz de los años transcurridos, en el momento actual no contamos a veces con todos los elementos para juzgar con pleno conocimiento de causa sucesos de hace más de una centuria.

Cuando Martí funda el Partido Revolucionario Cubano (PRC) el 10 de abril de 1892, durante su exilio en los Estados Unidos, había transitado un largo camino en el estudio de las causas del fracaso de la Guerra Grande (1868-1878), y asumido el propósito de dedicar todas sus fuerzas a la misión de organizar un movimiento lo suficientemente fuerte y unido que pusiera en función de la Independencia de Cuba a los cubanos de dentro y fuera de la isla.

Fue su idea la de fundar un periódico: Patria, que vio la luz el 14 de marzo de 1892 en Nueva York, y crear una organización política de nuevo tipo: el Partido, elementos básicos de los que careció el primer gran intento separatista en el archipiélago. El primer artículo de las Bases del PRC plantea textualmente: “El Partido Revolucionario Cubano se constituye para lograr, con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la isla de Cuba, y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico”.

Bajo la dirección de José Martí, electo delegado de la institución partidista por el consenso de las bases —clubes— que lo integraron, el PRC cumple ejemplarmente las tareas organizativas de la Revolución en su segunda etapa, sin cejar en uno solo de los principios y objetivos enunciados en las Bases del Partido; pero en enero de 1895 el Maestro se traslada a República Dominicana para precisar con Máximo Gómez, los últimos aprestos antes de dirigirse a Cuba, donde en el ínterin, estalla la guerra.

Cuando esto sucede, queda en territorio estadounidense como sustituto del Apóstol, Tomás Estrada Palma, uno de los miembros de la directiva del PRC, al frente de la Delegación Plenipotenciaria del Consejo de Gobierno. Dada la ausencia de Martí, Estrada Palma margina al aparato del Partido, al sustituirlo por su Consejo, quitando a los clubes, en un momento dado, la facultad de elegir al delegado, lo que viola su principio democrático.

 Con Estrada Palma al mando, Patria dejó de insertar espacios oficiales dedicados a promover la creación y organización de las fuerzas revolucionarias en el interior de Puerto Rico. No lo hacía el Partido bajo la dirección de él, ni lo hacía el Consejo de Gobierno o, al menos no lo incluía en su concepción estratégica como parte de una guerra que debía expulsar a España de las Antillas.

Y esto ocurrió pese a que, hasta hacía pocos meses, puertorriqueños y cubanos formaban una unidad de acción y de pensamiento que condujo a la organización de la guerra en Cuba y a mantener vivo el espíritu rebelde de los hermanos de ideales. Meses después de iniciado el conflicto, un grupo de puertorriqueños decidió organizarse para tomar en sus manos el objetivo inicial. La idea tenía serias implicaciones divisionistas, pero Estrada Palma nada hizo por impedir su ejecución, sino que, por el contrario, la apoyó.

Cierto que eran distintas las condiciones en una y otra islas, pues mientras en una se desarrollaba la contienda independentista, detonada el 24 de febrero de 1895, en la otra prevalecía un ambiente de paz y estabilidad, estimulado por la favorable situación económica derivada de los altos precios del café —uno de sus principales productos de exportación—, lo que no niega que los separatistas puertorriqueños podrían haber hecho mucho más entre la población humilde de su ínsula para fomentar en esta las ansias de independencia. 

El mal manejo y desidia de una parte y la falta de miras de otra, impidieron la coordinación efectiva para que el estallido independentista se diera también en Puerto Rico, lo que hubiese situado a España en una difícil situación militar y política, pero el mal manejo de Estrada Palma provocó en los emisarios de Borinquen un clima de desconfianza hacia la dirección del PRC. 

De parte del Partido bajo la tutela de Estrada Palma, se produjo una transformación de las bases ideológicas que se acentuó con el cambio en la proyección del organismo hacia Puerto Rico, ignorando la prédica y acción solidarias de carácter latinoamericanista y antiimperialista de José Martí, porque don Tomás, al decir de Ibrahim Hidalgo Paz, no se identificaba con el proyecto martiano de república popular y democrática con amplia participación de las mayorías de la nación, que conservara el equilibrio entre las diferentes clases y garantizara la justicia social.

Los sectores representados por el nuevo delegado, expresa Hidalgo Paz, eran de tendencia conservadora y temían el ascenso de las masas hacia un papel protagónico en la contienda, con la posibilidad de alcanzar el triunfo sobre el colonialismo por medio de las armas.

Estrada Palma se rodeó de cubanos que no se habían destacado en la fase conspirativa de la guerra en curso ni en las labores de la emigración, incluido Enrique Trujillo, enconado crítico de Martí en la etapa precedente. Esto no exime a la parte borinqueña de sus propios errores. Además, durante la guerra, oficiales y jefes del Ejército Libertador hicieron planes de apoyo a la lucha en la otra Antilla, que no llegaron a fructificar.

ESTRADA: CRÍMENES DE LESA PATRIA

¿A quién encarnaba, pues, Estrada Palma? ¿Fue su línea política a partir de la muerte de Martí una traición a los postulados que defendía su mentor? Ya se sabe de sus roces con Maceo en plena invasión en 1896, por sus intentos de comprar la libertad de Cuba mediante créditos de banqueros yanquis, mientras el Titán y otros miles de cubanos se batían a muerte en la manigua.

Sabemos también que el 21 de diciembre de 1898, dominada la isla por Estados Unidos, el señor Tomás decide disolver el Partido Revolucionario Cubano sin contar con las bases. Se conoce, además, que en la última etapa de la ocupación norteamericana en Cuba (1898-1902), las autoridades estadounidenses en la isla lo prepararon todo jurídica y orgánicamente para el triunfo de su pupilo Estrada Palma, quien asume el gobierno de la república mediatizada el 20 de mayo de 1902.

Como si le faltaran errores y traiciones, aquel que un día fue ponderado por Martí como “el cenobita de Central Valley” y fuera uno de sus más cercanos discípulos, pide en 1906 una nueva intervención norteamericana en Cuba para solucionar un conflicto político interno con la oposición liberal, sin consultar al Congreso ni al pueblo.

Estados Unidos accede, no sin desagrado, porque aquel acto lo pone en evidencia ante los ojos del mundo, luego de su jugada teatral de haber retirado en 1902 sus tropas de la Isla, la cual para entonces había prácticamente comprado a precio de ganga, gracias a Estrada Palma; un hombre que, para colmo, había ayudado con su voto favorable, a la deposición del presidente Céspedes en 1873, en Bijagual de Jiguaní, creando las premisas para el fracaso de la Guerra de los Diez Años.

A grandes rasgos y como representante de una parte importante de la burguesía cubana de la época, Estrada Palma es en gran medida responsable ante la historia de que el Partido Revolucionario Cubano, no hubiese cumplido cabalmente los objetivos enunciados en sus bases. La política de la Revolución continuada por Fidel Castro, hacia Borinquen, de firme apoyo a su independencia y soberanía, sigue fielmente los postulados del Apóstol.

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