Jugándosela en Masinicú

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El hombre de Maisinicú, dirigida por Manuel Pérez, recrea la vida de Alberto como agente de la Seguridad del Estado.

En medio de la lucha contra las bandas armadas que llegaron a infestar gran parte de Cuba, el combatiente de la Seguridad del Estado Alberto Delgado Delgado coronó dos de las operaciones más exitosas de captura de bandidos de aquella guerra irregular, sin disparar un tiro   

Su vida legendaria fue llevada al cine en 1973 y admirada por millones de compatriotas, quienes vieron en las peripecias de aquel hombre pequeño de estatura, pero gigante de valor y de principios, enfrentarse solo con su convicción y con su astucia a las más peligrosas pandillas criminales de las montañas del Escambray, sin que le temblara el pulso.

Alberto Delegado Delgado era su nombre y, aunque llegó algo tarde a la lucha contra aquella plaga que infestó nuestros campos en la primera mitad de la década de los años 60 del pasado siglo, su contribución fue grande al desenlace de la campaña, porque permitió la captura de dos de las principales bandas de asesinos, bajo el mando respectivo de Alfredo Amarante Borges, Maro, y Julio Emilio Carretero, comandante jefe de los alzados del Escambray.  

CÓMO ALBERTO ENTRA EN JUEGO

Para mediados de 1963 y transcurrido casi un año de la Crisis de Los Misiles, a pesar del compromiso de Kennedy con el líder soviético Nikita Kruschov de no invadir a Cuba, los EE. UU. no dejaban de prestar ayuda de todo tipo a las bandas armadas que operaban en el territorio nacional, compuestas principalmente por los cabecillas más implicados y curtidos del bandidismo contrarrevolucionario, dispuestos a vender caras sus vidas.

Según Emerio Hernández Santander, por entonces jefe del Sector F de la Seguridad del Estado en el Escambray, en el otoño de 1963, “por un plan que se había ideado entre Aníbal Velaz Suárez, delegado del Minint en Las Villas, y Luís Felipe Denis Díaz, jefe del Buró de Bandas Escambray de la Lucha Contra Bandidos (LCB) —ambos ya fallecidos—, se estaba buscando una fórmula para intentar reducir un poco el número de bajas, porque nosotros perdimos mucha gente en las operaciones en todo ese territorio.

“Como parte del plan, ellos consultaron a La Habana la posibilidad de buscar un agente que se pudiera infiltrar dentro de los bandidos y ver qué hacíamos para tratar de sacarlos del Escambray o cogerlos sin utilizar la fuerza. “Entonces la Seguridad en La Habana escoge a Alberto Delgado, que era de San Pedro y estaba destacado por el Ejército Rebelde en la zona de Morón; pero ya se había licenciado de las Fuerzas Armadas y se encontraba viviendo en la casa de una hermana en La Habana”.

Precisamente en esa vivienda Alberto se entera de que su cuñado, Elio Pérez, era un activo conspirador contra el Gobierno y que se relaciona con individuos que tenían contactos con los alzados del Escambray, datos que traslada a la Seguridad y se inicia su labor como agente.

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Alberto Delgado con su esposa Tomasa del Pino, con quien tuvo tres hijos.

 OPERACIÓN TRASBORDO

Cuando Alberto llega de la capital, es recibido en el parque Serafín Sánchez, de Sancti Spíritus, por el oficial del Departamento de Seguridad del Estado Orlando Remedios, designado por Luis Felipe Denis para esa encomienda. Conversando con el recién llegado, Remedios se percata de que posee vasto conocimiento de las zonas de Trinidad y de San Pedro, infestadas de bandidos.

Remedios eleva esa información y es así como, según Emerio Hernández, se decide ubicarlo de administrador de la finca Masinicú. “Como el oficial operativo que atendía esa zona en el Sector F que estaba bajo mi mando era Longino Pérez Díaz, se le asigna a él la atención directa del nuevo agente”. Entre Alberto y el mando surge entonces el proyecto de la Operación Trasbordo, consistente en facilitar lasalida hacia el extranjero de los remanentes de las bandas que aún quedaban en el Escambray.

En un viaje que hace a Sancti Spíritus, Alberto conoce a Benilde Díaz, madre del ya fallecido comandante de bandidos Tomás San Gil. Benilde le refiere a Alberto las dificultades que estaban afrontando los alzados en el Escambray, y él alega que tiene la posibilidad de sacarlos para los Estados Unidos. Entonces el cabecilla Alfredo Amarante Borges, Maro, lo manda a buscar desde su campamento en Boquerones, en la zona de La Sierpe.

Alberto llega y es recibido por Maro. Delgado expone su plan, que contempla su regreso para poner a punto los preparativos de la salida, pero Maro no acepta y exige que Alberto se quede con ellos y partan de inmediato a pie hasta las cercanías de Punta Alegre, desde donde serían “evacuados”.

Desde el día anterior, Emerio y Longino habían perdido contacto con su agente y, previa consulta con el mando de la LCB, se decide acuartelar las tropas. “Y como al cuarto día, estando yo en la oficina, suena el teléfono, lo cojo y una voz me pregunta: ‘¿No me conoces?’, Le digo que sí y me dice: ‘Estoy en Morón’. Le pregunto: ‘¿Cómo en Morón?’, y responde: ‘Sí, porque la familia que fui a buscar vino conmigo y los tengo aquí cerquita’. Luego Alberto le dice el hotel donde está hospedado y el número de teléfono”, cuenta Emerio.

Emerio le expresa que está bien, que se mantuviera ahí y que alguien pasaría a verlo ese propio día o al siguiente. De inmediato Hernández llama a Aníbal a Santa Clara, y le informa: “Oiga, Alberto está en Morón esperando órdenes porque tiene por ahí escondidos a un grupo grande de alzados”. De inmediato Aníbal Velaz movilizó el dispositivo de la Operación Trasbordo.

MARO BORGES: VIAJE A… LA JUSTICIA

Sobre ese primer viaje, referiría luego Aníbal Velaz: “Nosotros habíamos alistado un guardacostas de nuestra Marina de Guerra (…), lo habíamos pintado de blanco, le habíamos modificado la tripulación buscando compañeros (…) que parecieran americanos, y a su vez lo habíamos avituallado con bebidas y cigarros yanquis, y también con el bote auxiliar que necesitaríamos para efectuar la operación de trasbordo en el cayo.

“Estaba también preparada la avioneta que era la que avistaría a los bandidos y le haría señas al barco de que los bandidos se encontraban en el cayo designado”. Al llegar al barco, los alzados se manifestaron con euforia. En la cubierta se escuchaba una tenue música emitida por alguna estación de radio “del norte” que, acompañada de chicles, whisky, bocaditos de jamón y queso y cigarrillos norteamericanos, creaba la atmósfera deseada.

A poco, y sin mostrar inquietud o apuro, se invitaba a aquellos hombres a bajar de uno en fondo a las bodegas para someterse a desinfección, previa entrega de sus armas a los sonrientes y afables marineros. Ellos descendían de espaldas por la estrecha escalerilla, y al llegar abajo, encandilados en la penumbra, se les sometía e internaba en el pañol de municiones.

“Así —describe Emerio Hernández— se ‘sacó’ el primer grupo y, ya en el área de Villa Marista, en La Habana, fueron retratados con sus uniformes de alzados y todas sus armas, y luego se les mandó la foto a los alzados en el Escambray”. Esto los convence y ahí es donde coordinan con Alberto para sacar en un segundo grupo a el expolicía batistiano Julio Emilio Carretero Escajadillo, jefe local de los alzados, y en un tercero a José (Cheíto) León.

OTRO VIAJE AL NORTE… NOROESTE

Poco demoró en llegar a Carretero por vía oral ymediante una carta de Benilde Díaz, lo ocurrido con Maro. Luego Alberto Delgado le hace llegar la propuesta de que, si él quería, podía igualmente sacarlo del país. El bandido acepta y coordinan la salida para el 26 de marzo de 1964. Alberto informa a sus superiores y, de inmediato, se reactiva la Operación Trasbordo, que esta vez incluirá un camión conducido por Efraín Acosta Filgueira, el agente Aguada, para trasladar a los bandidos desde la finca Masinicú.

Pero en la fecha prevista un mal tiempo inesperado provoca un fuerte oleaje en la zona de la cayería norte y, por orden superior, hubo que ordenar la posposición de Trasbordo II para una nueva fecha, lo que trajo grandes tensiones por la falta de tiempo y el hecho de que Alberto Delgado y Aguada debían convencer a los bandidos de la necesidad de retrasar el viaje.

Los aludidos cumplieron de maravillas su cometido, en cuanto al forzoso aplazamiento y dejaron a elección de Carretero el día alternativo de partida. Sin sospechar nada, él estuvo de acuerdo en repetir el intento el 28 de marzo, que, salvo lo del camión, se desarrolló más o menos en la misma forma exitosa en que había culminado la captura de Maro Borges y su bandada de asesinos.

VALENTÍA RAYANA EN TEMERIDAD

Gracias a Alberto Delgado y sus compañeros se había concretado la hazaña, pero el sentido común sugería no abusar de la suerte. Cuando Alberto va a La Habana, Freddy, su primer jefe, le insiste en que no vuelva a Masinicú, y lo mismo le ruegan Aníbal Velaz y Denis a su regreso a Sancti Spíritus.

Pero Alberto tenía mucha confianza en sí mismo y no hubo forma de convencerlo, por lo que finalmente Denis le dio un voto de confianza y él regresó a Masincú empeñado en culminar su obra. Además, estaba lo de la clave. “Cuando Carretero se va —apunta Emerio—, conviene con Cheíto León dos claves, una verdadera y una falsa. Si era atrapado daría a sus captores la no válida y así alertaría a sus compinches alzados.

“Carretero les dio una clave falsa a Aníbal y a Denis allá en Villa Marista, donde lo tenían preso, y fue la que se usó en el mensaje radial transmitido por Radio Rebelde, suplantando a Radio Swan, que era la emisora de la CIA en Islas Cisne, territorio de Honduras”.

Emerio Hernández rememora que, a eso de las 10:00 p.m. del 28 de abril de 1964, el oficial Longino lo llama a su oficina y le dice: “Oye, Emerio, se llevaron al chiquitico, y no con buenas intenciones”. Emerio telefonea inmediatamente a Aníbal Velaz a Santa Clara y le da cuenta de todo. Este le ordena que parta velozmente para Trinidad, a donde llega a eso de las 12 y media de la noche. Allí encuentra a Longino y a los tres o cuatro colaboradores que vivían por los alrededores de Masinicú y eran jornaleros de Alberto.

“Aníbal llegó a eso de las dos y media de la madrugada del 29 de abril y antes de las seis de la mañana él me dijo: ‘Coge el yipe’, y salimos”. El vehículo enfiló hacia la carretera a Cienfuegos, y cuando habían avanzado 3 kilómetros, Emerio ve de pronto a un muchacho de unos 15 años que se acerca pidiéndoles que paren. Hernández detiene el carro y el joven señala para un montecito y les dice azorado: “Allí hay un hombre ahorcado en calzoncillos”.

Emerio dejó el vehículo en la cuneta, y él y Remedios se tiraron y corrieron hacia el lugar indicado por el jovenzuelo, mientras Aníbal, que padecía de taquicardia, permaneció en el vehículo con Denis. Cuando Emerio —que iba delante— llegó junto al cuerpo, que lo pudo ver bien, se viró y le dijo a Orlando: “Remedios, dile a Aníbal que sí, que es el hombre”.  (*) Por razones de seguridad, el heroico agente fue enterrado el 29 de abril de 1964 sin reconocimiento de ningún tipo, hasta que en igual fecha, tres años después, sus restos fueron exhumados y trasladados al Cementerio de Colón, donde se le rindieron honores militares y se le reconoció como mártir de la Patria.

2 comentarios

  1. Fernando Castro

    Gloria eterna al Enano.

  2. Alberto Delgado,hombre de gran valentía

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