Las paradojas de Trinidad

El joven artista de la Plástica Jorge Félix Cabrera Morgado se asentó en la tercera villa, uno de los escenarios mercantiles del arte más controvertidos de los últimos tiempos

Jorge Félix Cabrera Morgado defiende su línea estética en sus creaciones. (Foto: Lisandra Gómez Guerra / Escambray)
Jorge Félix Cabrera Morgado defiende su línea estética en sus creaciones. (Foto: Lisandra Gómez Guerra / Escambray)

Aún no levantaba muchas cuartas del piso cuando la mirada se le perdía ventanas adentro de la Galería de Arte Oscar Fernández Morera, de la ciudad del Yayabo. Sentía como si una fuerza mayor lo arrastraba al diálogo con los grandes cuadros que desde fuera parecían inmaculados. Un buen día se prometió ser uno de los nombres que colgaban en la puerta, en calidad de autor de las obras tatuadas en las paredes. La constancia y amor hacia el arte lo acompañaron en el arduo camino. En cada inauguración el sobresalto de Jorge Félix Cabrera Morgado delata la inocencia de aquel niño.

“Tuve como meta llegar hasta aquí y la cumplí. La seguiré manteniendo siempre, ya sea en la propia galería, Casa de la Guyabera o la sede del Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Estaré siempre, donde me ofrezcan un espacio para exponer”, dice, al regreso a predios yayaberos con su muestra Ciclo.

Heredero de la teoría y práctica de la otrora Escuela de Instructores de Arte Vladislav Volkov, de Sancti Spíritus, irrumpió entre los creadores profesionales, todavía vestido de uniforme; una etapa que no encontraba fin a las horas para crear y aprender de cada una de las personas que le rodeaban. Años en que comprendió que las Artes Plásticas, además de exigir talento, precisan de consagración y de asumir los instrumentos de trabajo como partes intrínsecas de la vida.

“Muchas personas han cuestionado la preparación de la Escuela de Instructores de Arte porque aseguran que no te daban la misma formación de una academia, lo cual es cierto; pero teníamos mucho tiempo, y si lo aprovechabas superándote con los talleres, espacios que estaban creados, crecías como creador. De ahí salió un grupo grande de personas que tenían mis mismos intereses porque queríamos aportar. Era un vicio trabajar, trabajar…”, refiere al calificar sus primeros acercamientos con conciencia al panorama creativo.

¿Cuándo fue su primera vez en un espacio galerístico?

El primer Espíritu Abstracto que se hizo en Sancti spíritus, un evento que me gusta mucho —no sé por qué ha tendido a desaparecer—. Sin graduarme fue mi primer choque con esto, y de ahí para acá no quise parar más.

¿Por qué apostó por Trinidad?

Su mercado lo descubrí desde aquí. Era mi fuente de ingreso hasta que llegó el momento en que tantos revendedores de arte, parásitos de los artistas, me asfixiaron, y junto a un amigo me aventuré a irme hasta allá. Nos alquilamos y probamos suerte hasta hoy.

Nunca ha sentido que dialogar tan de cerca con la llamada “candonga”, puede desvirtuarlo?

Mucha gente me dijo: ‘Si te vas, decrecerás, perderás’, y tampoco lo veo así. Hay varios ejemplos de personas que han llegado y se han superado. He logrado mi mercado. Tengo mis obras para comercializar que no las regalo. Hago, paralelamente, mi trabajo, ese que traigo a galería y que también comercializo; pero en menor medida. La clave está en que uno se tiene que respetar. Si no vendo, me lo quedo y tendrá otros fines. Lo que más me ha permitido Trinidad es aprovechar el tiempo; se ha convertido en mi madre adoptiva”.

¿No ha sido mucho más complejo posicionarse en ese mercado con sus abstracciones? 

“Es con lo que estoy trabajando desde que me gradué. Sí han variado las obras y han mejorado; pero sin salirme de esa línea muy mía. Pudiera agregar y quitar elementos, mas, mi sello tiene que estar. No resulta un capricho porque es un compromiso conmigo. En cada obra me resisto a darles a las personas todo porque esos conceptos están codificados para mí. Prefiero que cada quien la vea e interprete lo que quiera”.

Descubrir las propuestas nacidas de las manos del espirituano de cuna Jorge Félix Cabrera Morgado no es complicado. Dos estudios talleres en céntricos espacios de Trinidad las resguardan.

“Lo más importante es que las musas te cojan trabajando. Solo necesito estar en la casa, y no paro de trabajar”, asegura.

¿Ser afiliado a la Asociación Hermanos Saíz (AHS) le ha respaldado esas convicciones creativas? 

En Trinidad trabajamos un grupo grande de jóvenes, en su mayoría miembros de la organización, y eso nos permite intercambiar ideas, tendencias, opiniones, en códigos semejantes. Cuando inicié en la AHS eran muchos los sueños que me desvelaban. Fue la época en que ni me interesaba ganar dinero porque no tenía aún familia. Lo mío estaba en crear. Ese ambiente que vivimos nos aportó a quienes comenzamos juntos.

¿Qué le aconseja a los jóvenes que comienzan?

Tienen que trabajar mucho y jamás parar. Ojo con la tercera villa; Trinidad te puede aportar, pero, a la vez, puede llevarte a la perdición creativa. No han sido pocos los que tienen propuestas buenas y cuando chocan con ese mercado, lo venden a cuatro quilos y se dejan robar por los intermediarios.

¿Por qué con una posición establecida en un mercado tan competitivo apuesta, una y otra vez, por las galerías?

“Las galerías trinitarias sirven para que te compren las piezas. A veces me da la impresión de que las personas piensan que quienes viven fuera de Cuba saben de arte y realmente no es así. El turismo que entra es igual que el cubano de a pie, le puede gustar o no; entenderlo o no; adquirir algo con valor o no. Eso propicia que se comercialice tanta chatarra. En cambio, en las galerías oficializadas para exponer sí llegan expertos que valoran tus años de sacrificio. Las visitan quienes prefieren disfrutar y no ser protagonistas de un puro hecho mercantil”, refiere.

Es la filosofía de vida de este joven de 32 años, quien vuelve siempre al espacio que añoró desde pequeño, a semejanza de un Ciclo, nombre con el que bautizó su más reciente exposición personal.

“Viene de la muestra anterior: Zona de confort. Aviso en esta que saldré de mi estado habitual, pero sin perderme de lo que creo”, concluye.

One comment

  1. Soy testigo del buen arte de JF. No solo pone corazón a sus abstractos sino que los cuadros llamados o mal llamados debo decir, son de altos kilates, establecen un sello único en toda la villa trinitaria. Es asombroso ver como foráneos y locales al ver su obra expuesta en las galerías detienen el paso para admirar tantas formas y colores. Un asunto faltó aquí:el amor del artista por la técnica de grabado, esta vertiente llena de calidad y altos valores artísticos. Los invito a que descubran su obra y disfruten de ella en la Galería De Ampanga en Trinidad o en Instagram en @trinidadgallery allí los espero.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *