Maikel y su medalla en Lima

Con unos cuantos kilómetros recorridos y pocas horas de sueño regresó de Lima Maikel Martín Gallego, quien tuvo la experiencia más pletórica de sus 21 años como narrador-comentarista deportivo

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Durante los Juegos Panamericanos tuvo que asumir la narración de varios deportes. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Desde las ondas de Radio Rebelde, la voz del narrador-comentarista deportivo Maikel Martín Gallego se hizo habitual en los XVIII Juegos Panamericanos para los que debió “entrenar” como el más avezado de los atletas y en los que rindió a tope desde su condición de novato en este tipo de eventos múltiples.

“Desde enero me dicen que podría asistir como parte del equipo de prensa que iría a los Juegos y hasta los posibles deportes a trasmitir: polo acuático, remo, canotaje, balonmano y hockey. Ninguno los había narrado nunca. Me empecé a preparar en la búsqueda de datos, fui a las instalaciones de la provincia donde se practican estos deportes y allí me ayudaron mucho los entrenadores. Me preparé para saber técnicas de cada uno: qué es en remo y canotaje levantar boga o el ritmo de paletadas; busqué el tamaño de cada bote, cuánto pesa; las características de los atletas…”.

Pero Lima le impuso otros retos, además de las bajas temperaturas que lo obligaron a andar con abrigo todo el tiempo.

“Al llegar, dos colegas de Radio Rebelde se enferman por tanto frío, quedamos cuatro comentaristas para asumir 14 o 15 horas de trasmisión y se nos pidió redoblar los esfuerzos. Entonces tuve que narrar, además, baloncesto, voleibol, softbol y ciclismo. En un día cubrí el balonmano, softbol, polo acuático y terminé con el hockey.

“En otra ocasión terminé de narrar el hockey Cuba-Canadá en el femenino, llegué al IBC (Centro Internacional de Prensa) y estaba previsto que el partido Cuba-Brasil masculino, que daba el pase al oro, lo describieran Luis Alberto Izquierdo y Manuel Alejandro Pérez Capote, pero a este último le coincidía con una competencia de ciclismo, y me dicen: ‘Te toca’, imagínate, yo al lado de la cátedra viviente del voleibol en Cuba y sin tener nada, ni el roster de los equipos, pero dije: no hay problemas, me dan 10 minutos que me preparo y así fue”.

Cuba narró con él y se erizó también cuando a través de la televisión describió la medalla de oro de Serguey Torres y Fernando Dayán Jorge en el C-2 a 1 000 metros.

“Ni sabía que la televisión lo trasmitió en vivo y, como en todos los casos, era con el celular en una mano, los papeles de la competencia en la otra, saltaba, remaba al ritmo de ellos; los mosquitos me acribillaron pero dije: esto hay que trasmitirlo para Cuba como sea”.

Hasta el “entrenamiento” de tener que narrar béisbol desde unas gradas o desde un teléfono le sirvió a la hora de improvisar.

“Comencé solo en el canotaje y decía: ¿dónde me pongo?, me imaginaba desde aquí que habría cabina para nosotros. ¡No! ¡Qué va! No teníamos derecho a cabina de trasmisión porque costaba mucho, averigüé y narrar el ciclismo desde un velódromo le sale a un país como en 150 000 dólares diarios; eso es para que vean el esfuerzo que hace Cuba. Perú, que era la sede, trasmitía dos o tres horas diarias y la televisión nuestra trasmitió 24 horas y la radio lo ofrecía todo en vivo.

“En la pista acuática me dije: la mejor ubicación para mí debe ser cerca de la meta, llego y me paro encima de un banco de arena; en un momento casi me caigo cuando narré la competencia del C-2 a 1 000 metros. El último día del canotaje me sacaron de la instalación porque no tenía derecho de trasmisión, entonces salté una valla y me puse en la parte de los aficionados. En el remo subí a una torre de casi 30 metros de altura y pude narrar. Un día, un periodista de Argentina, que me ayudó muchísimo, me dijo: ‘Maikel, no saltes tanto porque me mueves la cámara’, entonces me aguantaba de un tubo para no moverme, pero igual, no era fácil controlar la emoción”.

¿Y el insomnio?

“Me acostaba once y pico o doce de la noche preparándome para el siguiente día. Tenía que levantarme a las dos de la mañana, nos trasladábamos hasta el IBC y luego para la pista en Guacho, eran casi 400 kilómetros diarios de ida y vuelta y cerca de cuatro horas por el tráfico que había a esa hora; creo que recorrí 2 800 kilómetros en siete días”.

De regreso aún le quedan los impactos de Lima.   

“Me sorprendió mucho Perú, porque, a pesar de que ese país nunca había organizado una competencia de este tipo, impactó con instalaciones de primer nivel, el transporte, el alojamiento, la alimentación, las condiciones en las salas de prensa, no faltó nada, las competiciones con un alto nivel; creo que fue oro para Perú”.

Y desde la distancia, el gorrión que siempre compite.

“A través de audio real oía a Radio Sancti Spíritus como un cañón: Un paso más, Como lo oyes…; oiga, este pedacito de tierra se extraña mucho. Fue en general un trabajo muy intenso, pero también una experiencia muy bonita”.

One comment

  1. Muy bien por Maikel, felicidades.

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