Músicos ¿por amor al arte?

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Muchos músicos se presentan en galas y tocan gratis para los afectados por los ciclones. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Las deudas con el catálogo de esa manifestación artística hoy superan los 2 107 000 pesos. La cadena de impagos se ha convertido en un sinsentido. Involucrados convergen y disienten. Escambray propone la polémica para este callejón sin salida

 

Al solista Efraín Delgado le deben 24 500 pesos, incluidas tres presentaciones en el ya lejano carnaval del 2017; a José Meneses no le han pagado 27 000 por la dirección artística del Santiago espirituano; la agrupación de música popular Mi nuevo son ha dejado de cobrar 51 000 pesos… Algunos ejemplos nunca vienen mal, pero Escambray bien podría llenar de deudas una de sus páginas porque la mayoría de las direcciones municipales de Cultura de la provincia le debe a las once mil vírgenes y a cada santo, un peso.

Los músicos trabajan y no cobran, una realidad incómoda y poco frecuente: “No puedo ir a la Plaza del Mercado y pedir fiadas 2 libras de carne. Si no tienen con qué pagar que no contraten. Tanta deuda acumulada no había tenido nunca”, comenta el intérprete Efraín Delgado.

¿Y usted va a seguir cantando sin que le paguen?, inquiere este semanario.

“De esto vivo, nunca el Estado me ha cogido un quilo. Lo que más demora es el pago de los carnavales. Por esto mismo siempre he tenido dos trabajos. Voy a seguir presentándome porque en algún momento cobraré. También gano algo por otros pagos y uno va tirando. Algunos meses no cobro. También necesito ese dinero”.

CADENA ENDÉMICA

La cadena de impagos al sector artístico, específicamente a los músicos, parece de acero quirúrgico porque ni siquiera amaga con romperse. El asunto va de mal en peor y amenaza con tornarse crónico. Así lo atestiguan la cantante Elianela Rodríguez, el director artístico José Meneses, el músico Tony Sosa y otros tantos de sus colegas consultados por esta publicación.

En la actualidad, la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos representa 153 proyectos y a 547 artistas, en lo fundamental cultores de la música popular y tradicional. Las deudas con ese catálogo de excelencia hoy superan los 2 107 000 pesos y de ese total se encuentra vencido 1 573 000.

La problemática se concentra en el pago de los carnavales y fiestas populares en general, que deben saldarse con el dinero de la  cuenta de festividades, una solución financiera nacida en otro contexto y que se nutre en lo fundamental de ingresos provenientes de las entidades de Comercio, Gastronomía y Alojamiento por concepto del diferencial de precios sobre las ventas de cerveza a granel, embotellada de 10 pesos y algunos comestibles; además del cobro de entradas a bailables, consumos mínimos en áreas cerradas, y de espacio a los cuentapropistas, entre otros.

¿Cómo actúan ante los impagos por las violaciones de sus contratos?, inquiere Escambray a Carlos Sotolongo, director de la Empresa de la Música, entidad que representa a estos artistas.  

“Demandamos en el Tribunal. Hemos hecho 31 demandas en los últimos tres años. Cultura Sancti Spíritus es la más demandada”.

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Del total de dinero que les deben, los músicos tienen que aportar un por ciento a su empresa y a la ONAT.

¿Y qué resultado obtienen con esas demandas?

“Ninguno. Siempre me dan con lugar la demanda, pero esa cuenta nunca tiene dinero. A veces sucede como en lo real maravilloso, tengo que hacer cola de demandante: por ejemplo, como el carnaval no solo les debe a los músicos, si antes demandaron otros, el juez me dice que tengo el cuatro, porque hay que pagarles a ellos primero. Lo más grave es que un artista que trabajó hace un año no ha cobrado”.

Asociada a esta lamentable realidad llega otra problemática: la situación financiera de la empresa, con mucho dinero en papeles, pero sin liquidez, y obligada a realizar los pagos rutinarios a los trabajadores, la electricidad, el teléfono, a la ONAT, entre otros.

¿Y entonces cómo resuelve ese absurdo?

“Pidiéndole créditos al Banco para pagar lo que otros me deben”.

¿Su empresa paga interés por esos préstamos?

“Claro, un 10, un 15 por ciento”.

¿Económicamente esta situación los lleva a la bancarrota y al final a desintegrarse?

“Se está pensando en eso, volver a convertir la empresa en centro, con financiamiento mixto. De milagro sobrevivimos, pero no podemos gastar, no podemos desarrollarnos, no puedo pensar en hacer promoción, dar una gira porque no hay dinero. Sin embargo, hoy no tenemos deudas con nadie”.

A los músicos de aquí no les pagan, ¿y a las orquestas nacionales que traen de La Habana?

“Es todo el mundo parejo, eso se ha convertido en un mito porque pasaba, pero ya no pasa. Las orquestas que vinieron al carnaval todavía no han cobrado. Eso agrava el problema”.

¿Y en ese panorama no incide también que los músicos han subido su tarifa?

“¡Qué va!, cobran baratísimo comparado con otras partes del país. Ellos están entre la espada y la pared: o aceptan el pago o se buscan a otra gente. En el carnaval algunos no trabajaron porque no estaban de acuerdo con los precios”.

¿Entonces este se ha convertido en un problema insoluble?    

“Creo que no, no puedo decir que el Gobierno y el Partido no se han metido. Ha habido ocasiones en que daban reuniones semanales con los que debían y aparecía el dinero, pero cuando les sacan el pie… Esto se ha vuelto endémico, el problema lo tenemos que resolver, que no me paguen 2 millones, que me paguen 500 000 porque la cerveza se sigue vendiendo y no pagan nada. Se acuerdan de la cuenta cuando está el carnaval aquí. Además hay que controlarla, a veces se meten seis meses o un año y no aportan. Si los directores de Cultura fueran más incisivos, eso ayudaría. Esas fiestas las debieron presupuestar”.

CUENTA EN ROJO

Con notables diferencias entre ingresos y gastos, con morosidad para pagar no solo a los músicos, sino a todas las empresas y cuentapropistas que prestan servicios en el carnaval, la cuenta de festividades se ha convertido en una suerte de espejismo: por un lado, todos coinciden en que los escenarios cambiaron al disminuir la venta y el consumo de la cerveza de pipa y botella, además de que en general todos los precios por los servicios del carnaval se han disparado; pero, por otro lado, algunos cuestionan el control sobre los aportes de las empresas a este depósito.

¿Por qué Cultura Sancti Spíritus no les paga a los músicos?,  interroga Escambray a Diadenys Herrera, directora de Cultura en el municipio espirituano.

“Porque no tenemos dinero, el carnaval cuesta más de 2 millones de pesos. La cuenta de festividades antes tenía un seguimiento diferente, las empresas depositaban mensualmente, pero ya no. No sé si lo que depositan es lo que tienen que depositar. Por ejemplo, en todo el 2017 Alojamiento solo depositó 9 562 pesos y cuando le exigieron entregó otros 114 000; y Comercio no situó nada en agosto ni septiembre”.    

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La Empresa de la Música mantiene cerca de 180 contratos con diversos clientes fijos y eventuales. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

¿Cultura no dispone de un mecanismo para verificar la autenticidad de esos depósitos?, ¿quién controla esa cuenta?

“No, no tengo personalidad jurídica para actuar sobre esas empresas. Esa es una responsabilidad de Finanzas y Precios”.  

Aunque la cuenta de festividades constituye un dolor de cabeza a nivel nacional y la mayoría de los territorios suma endeudamientos, el municipio cabecera se mantiene en lista roja permanente: a pesar de que el Santiago cada vez se diseña con mayor austeridad, hoy debe alrededor de 1 072 600 pesos.

En el mismo extremo del litigio, pero con un punto de vista a 180 grados se encuentra Guillermo Hernández, vicepresidente del Consejo de la Administración Municipal (CAM), para quien esta realidad constituye una responsabilidad de Cultura: “El Gobierno propicia y gestiona las acciones para que Cultura logre que aumente la cuenta. Cultura tiene que generar ingresos con sus gestiones de mercado, cobrar el espacio donde actúan los grupos, organizar proyectos, convocar grupos nacionales que actúen en sus instalaciones”.

¿Cuáles propuestas y acciones se han generado a nivel gubernamental para salir de este atolladero?

“Se está discutiendo un grupo de impuestos para contribuir a esa cuenta. No existe correlación entre los impuestos que se cobran a las empresas y los pagos que tenemos que hacer. Esa es una debilidad, la otra es la falta de gestión de Cultura”.

¿Entonces para el CAM el control sobre las entidades que engrosan esa cuenta no constituye una debilidad?

“No. Tenemos a Finanzas, a Economía y Planificación que mensualmente exigen por las entradas y ventas de esos productos, controlan las existencias, los ingresos; Finanzas los audita”.

¿Usted considera que los financistas han actuado de acuerdo con lo establecido y cumplido con las entregas pactadas?

“No, no se ha cumplido por problemas con el abastecimiento”.

A pesar de los supuestos controles a la cuenta de festividades —la Dirección Municipal de Finanzas y Precios admitió que este año solo la ha auditado dos veces—, los ingresos ocurren de Pascuas a San Juan, ya sea por las irregularidades de Gastronomía que ha permanecido con sus finanzas embargadas, o por demoras en los depósitos, o por disminución de las ventas, o por el déficit en la entrada de pollo y cerveza al territorio. 

Cuando las responsabilidades comienzan a picar en terrero ajeno Yudiana Afonso, directora de Finanzas y Precios en la provincia, pone los puntos sobre las íes: “Quien administra y rectora esas cuentas son el Gobierno y Cultura. Es una responsabilidad de los dos porque los que aprueban el presupuesto y la programación de las fiestas populares son los CAM. Nosotros las controlamos, desde hace años no tienen liquidez en Cuba completa. Cuando una empresa no paga nos reunimos y lo vamos resolviendo”.

¿Y qué decisión va a tomar su ministerio al respecto?

“Se está evaluando, el acuerdo es que cada CAM tiene que buscar fuentes de ingreso, centralmente no hay solución sobre el tema”.

¿Pero, económicamente hablando, este no resulta un mecanismo torcido, que pacta pagos con un dinero fantasma?

“Así mismo es. Los CAM tienen que planificar sus fiestas de acuerdo con el financiamiento de la cuenta, traen orquestas nacionales sin tener dinero para pagar y se acumulan todas estas deudas. Los audios que se alquilan a particulares también cuestan mucho. Por el Consejo de la Administración Provincial se ha autorizado el incremento de algunos precios, pero no es suficiente”.

Si no aparecen alternativas, ¿la solución sería clausurar las fiestas populares?

“No pienso que esa sea la solución porque el pueblo pide esas fiestas. Ellos tienen que buscar una solución”.  

Con los cambios en la economía cubana, ¿Finanzas no ha valorado presupuestar, al menos en parte, al carnaval?

“Pudiera ser una opción, pero fiestas presupuestadas en Cuba son muy pocas. Esa sería una decisión a nivel de país porque la Asamblea Nacional es la que aprueba el presupuesto”.

¿CALLEJÓN SIN SALIDA?

La música, una de las inmanencias imprescindibles de la identidad espirituana, desbordada de reconocidas excelencias —desde el punto y las tonadas hasta la añeja trova—, padece de no pocas zozobras: falta de espacios, pérdida de algunas tradiciones, casi nula discografía, escasez de empleo…

Sin embargo, la Dirección Provincial de Cultura reconoce como su principal problema hoy el impago a estos creadores, un asunto que semeja un callejón sin salida: “En esto pudiera haber un 20 por ciento de problemas organizativos, pero el 80 por ciento es objetivo. En las circunstancias actuales, esa cuenta nunca va a poder financiar el total de las fiestas populares. El problema es cíclico.  Esto yo lo he planteado en todas partes, todo el mundo dice que tienen que revisar, pero nadie le ha puesto el cascabel al gato. Estamos en un momento en que el carnaval hay que presupuestarlo o renunciar al carnaval”, asegura Rolando Lasval, el director.

¿Qué propuesta ha pensado Cultura para resolver o aliviar este panorama?

“Esto no es responsabilidad de Cultura. Es responsabilidad de todo el sistema, del Gobierno, de las autoridades y de Cultura también, pero no somos nosotros los que tenemos que buscar la solución. Esa cuenta está en Cultura, pero es de la Comisión del Carnaval. Cultura no define si se le pone o no un impuesto a la cerveza, ni quién tributa, ni los precios de nada, ni puede auditarla. Cultura no puede hacer nada para mejorarla, tiene que ser una decisión del país”.

¿Usted considera que los aportes de esa cuenta se encuentran bien controlados?

“Cultura sabe que no y lo ha denunciado y no es Cultura la que puede auditar a esas empresas, quien lo puede hacer es la Comisión del Carnaval, Finanzas del municipio, el Gobierno Municipal”.

¿Y no podrían repensarse los precios de los servicios que se prestan en el carnaval, específicamente el pago de los músicos?

“Habría que repensarlo todo porque sería injusto que los artistas pongan un precio barato y un metro de tela cueste 80 pesos. Sería repensar el país completo, el carnaval y no los precios”.

Este asunto ya se torna una especie de círculo vicioso con sabor a rancio: los músicos constituyen prioridad para los deudores, pero como no existe dinero no se les paga. Bien lo saben la mayoría de los creadores de este catálogo artístico, víctimas de ese sinsentido y presas de una espera interminable. Independientemente de que sobrevivan con otros contratos u oficios, siguen rezando cada mes para ver si el año que viene, por fin, cobran el carnaval pasado.

6 comentarios

  1. 24 500, una bobería lo que cobran. Yo tengo que trabajar ocho horas diarias durante 55 meses seguidos para ganar eso. Na que con lo que cobran no hay arca que aguante. Me voy a tener que dejar crecer el pelo y tocar cualquier porquería y voy a ganar más que trabajando.

  2. Ñoooooooo que falta de respetooooooo. Si los músicos no cobran porque cobran los jefes?

  3. Es simple; demasiados musicos, demasiados

    • No no son demasiados músicos. Son demasiados burócratas, que viven a su costa. El músico no necesita de eso. Dejen eso para la contratación personal, músico – cliente que cobren directo, que pasen el cepillo. Que no los controlen tanto. Yo CONTRATO para mi cumpleaños lo mejor y lo que puedo pagar. Dejen que vivan honestamente, de lo que saben hacer. En este pueblo con tantos músicos no hay alegria en la calle.

  4. Y de que viven estas personas? El irrespeto hacia ellos no es nuevo en el lejano 1999 trabaje en el Sindicato Municipal de Cultura y ya existían quejas por impagos, no vayan a decir que esto es culpa del bloqueo, porque la culpa está dentro y los responsables también, luego alguno de estos músicos hace una gira decide quedarse fuera de Cuba y lo tildan de oportunista, traidor y cuanto calificativo existe, pero es que trabajar ” por amor al arte” y eso no está bien, son trabajadores como otros y merecen todo el respeto y las garantías legales que a otros les asiste, nuestro país nada en negligencias y malas prácticas y no sucede nada, no pocos músicos se dedican a “limpiar zapatos” para alternar y sobrevivir en un país donde la supervivencia está a la orden del día. Veamos que dirán los responsables si estos trabajadores se lanzan a una huelga como hacen en otros países donde no respetan sus derechos……. He dicho.

  5. Sugiero que los artistas, particularmente los músicos, al terminar el show se destoquen de sus sombreros y gorras y los pasen entre los asistentes al espectáculo, rescatando así las tradiciones de “pasar el cepillo”. Así las autoridades administrativas y de gobierno se aliviarán notablemente de deudas y quejas.

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