Ni la cafetera ni el dinero

De promesas, mentiras y posibles estafas habla en su carta manuscrita Matildo Rodolfo González Pérez, vecino de la calle Pedro Cabello No. 183, en Zaza del Medio, quien deposita en esta publicación su esperanza de recuperar un bien por el que ya pagó.

“El 28 de diciembre del 2016 realicé la compra de una cocina de inducción en el establecimiento estatal Casa Grande. En el momento de la compra me percaté de que uno de los equipos accesorios (la cafetera) estaba roto, situación que fue común para otros compradores, quienes, al igual que yo, los dejaron ya pagados en la tienda, con la promesa de que nos serían devueltos sanos o sustituidos por nuevos”, relata.

Al cabo de dos años y cuatro meses de aquello, el remitente se duele de no haber recibido ni la cafetera arreglada ni su costo en dinero. Tampoco nadie se ha pronunciado sobre el asunto, a pesar de que en la unidad comercial anotaron con todo detalle sus datos personales, supuestamente para avisarle cuando el artículo estuviera en óptimas condiciones.

El Grupo Empresarial de Comercio en la provincia debería, en señal de respeto al pueblo, responder a esta denuncia, y también aclarar las incongruencias relativas a otra, publicada el pasado 23 de marzo bajo el título “Fósforos fugitivos”.

DELVIS ESPERA AÚN POR RECURSOS HIDRÁULICOS

Un asunto empantanado. Así rezaba el título de esta sección correspondiente al 16 de junio pasado, donde se abordaba el problema expuesto a Escambray por Delvis García Cabrera, con domicilio en la calle Camilo Cienfuegos No. 10, en el municipio de Taguasco.

Ahora el recorte de aquella columna nos llega adjunto a otra carta suya, donde reseña nuevamente el asunto. “Les escribo por segunda vez. Debido a las intensas lluvias de mayo del 2012 se produjo un derrumbe total en una cañada de desagüe que pasa entre mi casa y la de mi vecino más cercano. Ello afecta mi vivienda, ya que dicho derrumbe se encuentra a menos de 5 metros de la misma y destruyó el pozo donde adquiría el agua potable.

“Debido a eso, la casa está agrietada por diversos lugares y puede derrumbarse; hay peligro para nuestras vidas. También se estanca el agua y produce una peste infernal; tememos que ello derive en enfermedades provocadas por vectores y que se afecte la salud de la vecindad.

“No quiero decir que los compañeros de Recursos Hidráulicos no hayan hecho las valoraciones correspondientes, pero todo se ha quedado en estudios y todavía no se me ha dicho si el proyecto se aprobó. En tanto, el desastre se sigue agravando”, escribe Delvis. Cuando aquello la respuesta en dicha entidad fue que el proyecto acababa de ser presentado al Instituto Nacional y que había sido cumplida la palabra empeñada con Delvis.

El lector comprende todos los esfuerzos de la Revolución para solucionar los problemas económicos del país, pero también se cuestiona: “¿Hay que esperar a que se derrumben dos casas para después resolver la situación, cuando ya no sea posible y pueda costarle más al país?”.

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