Radiotelegrafista sin límites

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Para Reinaldo, la radioafición, más que un hobby, ha sido una forma de vida desde hace más de 30 años. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Afincado al sacrificio y la dedicación, Reinaldo Rodríguez Guzmán ha conquistado varias veces un lugar entre los 10 mejores radioaficionados del mundo

Son las dos de la mañana y pareciera que en la carretera de El Jíbaro todos duermen; sin embargo, desde su casa él insiste en recibir otra confirmación internacional, no con la inmediatez de alguna red social, sino durante 12 horas ininterrumpidas zambullido en la radioafición, proceso donde pierde su nombre para llamarse, sencillamente, CO6RD.

A estas alturas de la madrugada Reinaldo Rodríguez Guzmán pudiera estar descansando, pero la tenacidad ha sido su bandera desde que, en vez de ser chofer como soñaba, aceptó aquel curso de 11 meses como radiotelegrafista (CW) en 1979, a pesar de los abundantes comentarios de que se volvían locos por los pitos o que perdían la audición. Pero en su elección no hubo oportunidad para el prejuicio y, quizás hasta para demostrar la ignorancia ajena, se prometió a sí mismo afinar sus oídos para distinguir como el mejor cada sonido del código morse donde se esconde una letra, número o signo del alfabeto y de tal forma vibró en él la CW, que vio otro idioma en cada pulso y, finalmente, obtuvo la calificación de mejor expediente.

El desvelo hecho de silencio y soledad le provoca a veces cierta nostalgia de aquellos años en que se creó la Sociedad de Educación Patriótica Militar Integrada. Entonces, recuerda el lustro como instructor de radiodeporte, otro campo que lo llenó de pasión y que, teniendo como base la radiotelegrafía, consistía en enseñar el lanzamiento de granada y la presentación en el terreno por brújula o mapa, entre otras habilidades. Agradece aquel período que lo hizo crecer cubano, porque le permitió caminar de una punta a otra la geografía de la isla.

Mas, sentado frente sus modernos equipos  —la laptop conectada al radio—, Reinaldo siente algo de recelo hacia los principiantes de la radioafición, pues hoy les llega la tecnología ya terminada, mientras que él para ganarse su carné de radioaficionado, en 1985, tuvo que aprender Electrónica a fin de construir su propia estación radial. Y de ese trayecto de aprendizaje recuerda el profesor imprescindible Jorge Rafael Hernández, Cayito, un hombre que para él revolucionó la radioafición en Sancti Spíritus.

Bien recuerda el dueño del indicativo CO6RD cuando sustituyeron los aparatos defectuosos de las instituciones estatales y les fueron dados a los radioaficionados para que los echaran a andar, un punto de giro en su historia el placer de operar al fin con equipos de fábrica.

Se aproxima la alborada, pero el sueño no lo vencerá en su carrera contra el tiempo hasta que confirme el contacto con la mayor cantidad de estaciones posibles. Porque antes a Reinaldo le bastaba descifrar 10 palabras por minuto, pero como resultado de su propia evolución profesional descubrió otro universo al desafiar las potencialidades de la tecnología misma e integró el grupo cubano de contacto a larga distancia que se nombra DXCuba, del que constituye representante máximo en Sancti Spíritus y vicecoordinador nacional.

La era de Internet simplifica la espera por el instante de éxito; antes, la confirmación foránea solo llegaba por correo postal, hoy, basta la notificación digital. Cuando Rodríguez Guzmán recibió 100 tarjetas de países, integró DXCuba, y ha vuelto a emprender el mismo camino una y otra vez en cada competencia internacional donde disfruta intensamente el todos contra todos, donde cada nación registrada suma más puntos; en este tipo de evento ha clasificado siete veces entre los 10 mejores del mundo y en el 2012 obtuvo el primer lugar del orbe.                                                                          

Ya comienzan a cantar los gallos vecinos de la carretera de El Jíbaro y acaso luego de tantas aventuras radiales Reinaldo ha descubierto que la mayor satisfacción para un radiotelegrafista consiste en trabajar una estación exótica, con la adrenalina extrema de saber que cuando se activa una isla por una semana los radioaficionados del mundo se vuelcan hacia ella para operarla en digital, telegrafía y fonía. Y tanto ranking espectacular conquistado le propinó la admiración de clubes brasileños y estadounidenses, porque ni siquiera el influjo de los nuevos códigos le resulta ajeno, pues entre maestría e ingenio se ganó también un puesto en un club europeo del modo digital.

Sale el Sol y este cansancio que ahora lo convida a tomar una taza de café no se parece a la presión de los ciclones, donde cada posición organizada con precaución en el espacio radiofónico se subordina a la voluntad de precaver y salvar vidas, lo que quizás convierte el hobby de este hombre en un pasatiempo inigualable. 

Los grillos cantan mientras Reinaldo se mueve en las bandas que la estación le permite. Por un momento imagina cómo sería un concurso convocado por Cuba, que parece lejano entre justificaciones institucionales que él contradice; mas se lamenta de ese lugar soñado para los radioaficionados de Sancti Spíritus, que no tienen y nunca han tenido sede.    El concurso de Hungarian DX Contest ha acabado. Basta esperar un mes para que el patrocinador envíe los resultados que procesará el robot. ¿Quién sabe si como otras veces un nuevo trofeo llegará desde allende de los mares?, aunque ya Reinaldo piensa en el próximo concurso. 

One comment

  1. Raúl Verdecie

    Radioaficionado apasionado como pocos!… justo homenaje!!!… ojalá otros medios de prensa provinciales y nacionales prestaran atención a nuestro pasatiempo y a tantos otros de sus protagonistas que existen a lo largo y ancho de la isla. Lamentablemente, la imagen que tiene la población de los radioaficionados se circunscribe solo a los huracanes y a la importante labor que durante ellos hacemos, quizas las mas importante socialmente, pero no la única. Felicidades a Rey… y gracias a la periodista.

    Raúl/CO8ZZ

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