Sancti Spíritus: personas discapacitadas también tienen empleo (+ fotos)

Seres humanos con limitaciones visuales, auditivas y físico-motoras encuentran abrigo en los talleres de discapacitados de Yaguajay

Yuniesky Salgado prestigia el trabajo en el taller de Meneses. (Fotos: Yoan Blanco)
Yuniesky Salgado prestigia el trabajo en el taller de Meneses. (Fotos: Yoan Blanco)

Un infarto cerebral en la infancia y un cuadro epiléptico a los 40 años de edad que trajo afectaciones para la locomoción le impidieron a Nieves Ruiz Prieto llevar adelante la profesión de ingeniería pecuaria, por la que luchó tanto. Desde entonces convive con la falta de equilibrio que desafía para llegar todos los días hasta el Taller de Discapacitados de la comunidad de Mayajigua, perteneciente a la Empresa de Producciones Varias (Emprova), de Yaguajay.

 A través de un carrito que la transporta desde su casa hasta el lugar, esta mujer de 58 años de edad todavía no ha perdido las ganas de crear. Tampoco le guarda resentimientos a la vida, por dura que haya sido con ella. Su mirada, a pesar del dolor, despide rayos de amor y no de cólera, cuando habla de su discapacidad.

Tal realidad conmueve a todo el que se le acerca y establece una conversación sobre su historia. Nadie imagina que sus fuerzas brotan del alma.

Nieves Ruiz Prieto manifiesta cuánto le aporta trabajar en el Taller de Discapacitados de Mayajigua.
Nieves Ruiz Prieto manifiesta cuánto le aporta trabajar en el Taller de Discapacitados de Mayajigua.

Y es que el norte espirituano acoge dos talleres de discapacitados, ubicados en las localidades de Mayajigua y Meneses, sitios que incluyen a personas con problemas visuales, de movilidad e hipo-acúsicas; espacios que plantan la esperanza en el lugar donde duele.

CIMIENTOS

En Sancti Spíritus, la Emprova posee ocho talleres de discapacitados. Los municipios de Yaguajay, Taguasco, Trinidad, Jatibonico, Cabaiguán y Fomento acogen a personas pertenecientes a la Asociación Cubana de Limitados Físico-Motores, de la Asociación Nacional de Sordos de Cuba, así como de la de ciegos y débiles visuales, quienes en medio de la adversidad ponen sus manos al servicio del pueblo. 

La realización de colchonetas, la incursión en la artesanía, así como la elaboración de objetos de papel como cajas de cumpleaños, material de oficina, entre otros elementos, distinguen estas instalaciones que estremecen el corazón de todo el que los visita.

A pesar de los contratiempos, estos seres humanos se sumergen en el trabajo. Conversan con sus manos, a quienes les piden no fallar nunca, pues sin ellas nada de lo logrado sería posible. Tanto es así que sus dedos no sienten el cansancio. Solo dejan entornadas las marcas de los constantes trazos y cortes sobre el papel.

“Estos talleres tienen para el año un plan de producción que arriba a más de un millón de pesos. De ahí la importancia de su quehacer para la empresa. Son trabajadores a los que la entidad garantiza un reforzamiento alimentario, y en el caso de no tener producción se les asegura el salario”, expresa Alberto Rodríguez Pérez, director general de la Emprova en Sancti Spíritus.

MANOS CREADORAS

Raquel Pérez López constata la entrega de los discapacitados al proceso productivo de la EMPROVA.
Raquel Pérez López constata la entrega de los discapacitados al proceso productivo de la EMPROVA.

Con la creación de la Emprova en el año 1976, aparecen los talleres de discapacitados con el objetivo de que estas personas inhabilitadas para algunas funciones, tuvieran un centro de trabajo al que se vincularan. Estas instalaciones en Yaguajay se distinguen por el trabajo manual, pues carecen de maquinarias para realizar labores más complejas.

“La principal producción es la gráfica.  Confeccionamos files, sobres de pago, libretas, hojas blancas, cajas de cumpleaños, el capacillo, este último utilizado para el panqué, la pizza, la croqueta”, explica Raquel Pérez López, directora de la Emprova en la geografía yaguajayense.

Estas elaboraciones están precedidas, según cuentan los trabajadores, por productos de limpieza, la confección de almohadas, fundas, el relleno de colchonetas, además de incursionar en el tejido, labores que más tarde le cedieron el camino al papel.

“Llevo 30 años en este taller, y trabajo todos los días de siete y treinta de la mañana a doce del mediodía, y de una de la tarde a las cuatro y treinta. Me gusta lo que hago, ayudo a la sociedad, y también aprovecho para salir de mi casa, porque en ella me aburro. Llega el fin de semana y estoy loca porque sea lunes para venir a trabajar”, afirma Elba Bravo Bravo, integrante del taller de Mayajigua.

Esta mujer que padece glaucoma congénito, enfermedad que le exige cuidados para emprender la rutina cotidiana. “Tengo que usar espejuelos para poder ver lo que estoy haciendo. No obstante, me esfuerzo y hago 200 cajas de cumpleaños diarias y así cumplo con el plan”, agrega.

La fémina se consagra al trabajo para cumplir con la norma.
La fémina se consagra al trabajo para cumplir con la norma.

La Empresa de Producciones Varias de Yaguajay posee un plan de producción de 2 350 000 pesos en moneda nacional, del cual 103 224.30 pesos, corresponden a estos Talleres para el presente 2019. De ahí que planifiquen para cada mes cerca de 86 000 pesos, cifra que se adecua al valor del papel.

“Hasta el momento el taller de Mayajigua se encuentra a un124 por ciento de sobrecumplimiento en la producción. Son trabajadores obedientes, con los cuales trato de compenetrarme para entenderlos”, refiere Mario Miguel Gil Simón, administrador de este centro.

“La forma de ellos trabajar nosotros la normamos, y con su sacrificio hacen un extra y se lo pagamos. Ganan el salario básico, el sobrecumplimiento de lo que obtienen en las producciones y, además, están incluidos en el resultado final de la empresa. El 25 por ciento de las utilidades de la empresa, se reparten entre todos los trabajadores”, explica Pérez López.

MÁS ALLÁ DE LA DISCAPACIDAD

La vida les ha puesto retos que han sabido vencer de forma airosa. Saben que las sombras no pueden ocultar su paso por el mundo. Por eso, sortean el “abismo”, y luchan por ser felices y útiles a la sociedad. De ahí que los más de 20 trabajadores de los talleres de discapacitados de la Emprova de Yaguajay brillen con luz propia en medio de la oscuridad.

“A mí me dicen que estudié por gusto; pero creo que no es así. He ayudado a personas y me he sentido más que ingeniera, obrera, y en el caso de que no existiera este taller, hubiera tenido que estar en mi casa porque no podía estar en la calle. Hubiera perdido todo el tiempo”, confiesa Ruiz Prieto, con la voz semiapagada.

“La gente que expresa que estudié para quedarme cortando papel no entienden lo útil de este oficio. Me siento bien en este colectivo. Al inicio tuve la ayuda de las compañeras con más experiencia, porque me resultaba difícil trabajar por el problema que tengo en la mano derecha. Entonces me enseñaron a manejar un alicate y hoy ya lo hago todo sin problema”, manifiesta la fémina de 58 años.

“Me auxilian cuando me ven un poco atrasada o me siento mal, porque no puedo estar mucho rato de pie para marcar el papel como hacen ellas”, apunta la obrera del taller de Mayajigua.

Estos hombres y mujeres que consiguen un ritmo de trabajo que no rivaliza con el resto de los talleres de la empresa. Responden con eficiencia ante el llamado productivo y visten sus mejores habilidades en cada jornada.

“En Meneses el plan de producción se comporta al 105 por ciento. La norma diaria es de 200 cajas por trabajador y los atendemos para que se sientan bien, porque aquí hay personas que no pueden ni caminar, y entre todos se hace el trabajo”, alega Roberto González García, administrador del lugar.

La materia prima para la producción de la gráfica que se prioriza en los Talleres de Discapacitados de Yaguajay, proviene de la Empresa del Papel UEB Jatibonico, con la cual se establece un contrato para garantizar el material todo el año.

Este hecho facilita la comercialización de los productos dentro y fuera del territorio. De ahí que los medios lleguen hasta provincias como Las Tunas, Matanzas y Holguín, además de beneficiar a la población. 

“También vendemos en el punto de venta de la empresa de forma minorista y mayorista; a organismos como Comercio y Gastronomía, u otras instituciones que solicitan el file, la libreta, la hoja blanca”, aclara la directora de la Emprova.

“Me gusta este trabajo, me encanta…, porque es muy útil para la vida. Todos los muchachos que cumplen años pueden comprar las cajitas que nosotros hacemos”, dice emocionado Yuniesky Salgado Mauri, quien padece de hidrocefalia, y atesora 10 años apegado al trabajo del taller en la localidad de Meneses.

Una historia que se clona en otros seres humanos que han decidido seguir adelante cuando la vida puso frenos. Desafiaron los disparos de hielo, huyeron del miedo y hoy ganan sonrisas en cada trazo que dejan sus manos en los talleres de discapacitados de Yaguajay; lugares movidos por el impulso creativo de quienes no pudieron elegir su futuro; lugares que pronostican franquezas, alivian dolores,  y encuentran cuerpos bordados de oro, que solo saben caminar derecho al corazón.

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