Tu mejor hermano…¿el vecino más cercano?

Las relaciones de vecindad deben construirse sobre la base del respeto y la comunicación, a tenor de lo que dictan las leyes, incumplirlas podría implicar procesos judiciales

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Caricatura de Lázaro D. Najarro Pujol.

Después de mirar las nubes hasta el cansancio como para espantar cualquier aguacero que amenazara con mojar la ropa tendida en los cordeles, Leticia vio salir el sol, entonces, confió en su propio pronóstico meteorológico: las sábanas se secarían.

Sin embargo, apenas media hora después de despejarse el cielo, olió humo. Alguien había prendido fuego, presumiblemente a su basura. Ahora su esfuerzo de lavandera dependía de la dirección del viento. Ninguna escena tan parecida a una misión para superhéroes: agua, aire, fuego…

¿Por qué la convivencia entre vecinos, a veces, se convierte en una carrera con obstáculos donde en vez de primar la comunicación y el respeto pareciera que vivimos en una olla de presión donde prevalecen arrogancia y rivalidad?

Pensó esta reportera que el humo impertinente era una indisciplina que afectaba a los que viven en la periferia, pero bastó comentarlo entre quienes habitan en otras zonas más urbanizadas de la ciudad de Sancti Spíritus para comprobar que en pleno reparto Kilo-12 hay quien cocina salcocho de lunes a lunes, por supuesto, en un fogón de leña, y a ese ciudadano para nada le preocupa que su humareda moleste o, todavía más lamentable, enferme a sus vecinos.  

Que nuestra coyuntura socioeconómica condiciona actividades —un escape, se dice en el barrio— como la cría de animales o la fabricación artesanal, entre otras vías, para aliviar la economía doméstica —algunas con patente, otras no—, todo ello es consabido; sin embargo, la necesidad de una mejor solvencia monetaria no justifica convertir la vida de los demás en una pesadilla.

Aunque también conozco a quienes duermen, o tratan de dormir, bajo ladridos implacables que casi no cesan ni de madrugada, ni domingos por la tarde, ni en días de enfermedad… O, peor aún, sé incluso de quienes pasean a sus mascotas por el barrio para que orinen o defequen en el portal de sus vecinos. Un denominador común corroboré en la actitud de los afectados: evitar el enfrentamiento cara a cara para no buscarse problemas, comprensible, si uno repara en el montón de tropiezos cotidianos que sortea el espirituano de a pie.

La música, desde la casa y para el barrio, aparece además entre las “patologías” que enturbian las relaciones entre colindantes, ¿Fenómeno sociocultural o estilo de vida? ¿Quién no ha padecido alguna vez el retumbe de las paredes de su vivienda con un ritmo impuesto?

Precisamente, hace pocos días una maestra excepcional me contaba que, por la susodicha extravagancia, debió acercarse a la nueva moradora de su edificio, leerle el reglamento y pedirle con amabilidad que bajara el volumen de su música.

Si sufrimos la ausencia de la cortesía más elemental de nuestros vecinos o nos encontramos en medio de una encrucijada con ellos sin que el diálogo facilite la solución, el punto de partida puede ser apegarse a la ley. Idalmis Pérez López, jefa del equipo I del Bufete Colectivo de Sancti Spíritus, considera que por su novedad debemos remitirnos a la Constitución de la República de Cuba. 

La Ley de leyes plantea en el Título V Deberes, derechos y garantías, Capítulo II Derechos, en sus artículos 71 y 75, que las personas tienen derecho a un hábitat seguro y saludable, así como a disfrutar de un medio ambiente sano y equilibrado, respectivamente. Asimismo, la Carta Magna en su Capítulo IV Deberes, Artículo 90, Inciso g, establece “respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios”.

Por último, para dar cumplimiento a los estatutos referidos, el Capítulo VI Garantías de los derechos, Artículo 92, instituye: “El Estado garantiza, de conformidad con la ley, que las personas puedan acceder a los órganos judiciales a fin de obtener una tutela efectiva de sus derechos e intereses legítimos (…)”.      

Pérez López apunta que la reciente Constitución aprobada por la mayoría de cubanos debe formar parte de nuestra vida cotidiana; ello conducirá a elevar nuestra cultura jurídica y, en consecuencia, a acatar deberes y exigir derechos.  

Si bien la Carta Magna regula asuntos generales, tanto la jurista mencionada como Mildrey Ramírez Méndez, abogada de la mencionada institución, subrayan que lo estipulado con profundidad se encuentra en el capítulo IV Limitaciones derivadas de las relaciones de vecindad, perteneciente al Código Civil de la República de Cuba, de 1987 y norma en su Artículo 170.1: “El propietario de un bien inmueble debe abstenerse de realizar actos que perturben más allá del límite generalmente admitido, el disfrute de los inmuebles vecinos”.

Otras cuestiones que despejan dudas en torno al uso de pasos entre casas, desagües, caída de agua y ventanas medianeras también se encuentran en la misma sección. Por otra parte, sobre la tenencia de animales define responsabilidades el Artículo 94 del documento normativo.

Ante una controversia de cualquier naturaleza, podemos hacer uso de lo que dicta la ley, pero incluso afincados en ella regresamos al punto de inicio de este comentario, acaso premisa fundamental de la civilización: el Tribunal perseguirá dirimir la falta de comunicación entre las partes y las invitará a que se pongan de acuerdo, según enfatizaron las juristas entrevistadas.    

Los malos episodios no son pocos, algunos son más solubles que otros, pero incluso cuando se trate, por ejemplo, de filtraciones que implican reparación —dinero al fin y al cabo— quizás por la misma complejidad del problema, el primer paso hacia la solución consiste en que lo reconozca quien lo origina, y a partir de ahí llegar a un convenio real y ejecutable. ¿Hacerse el sueco? No, bien pudiera confundirse con falta de integridad moral, y no sé en otro sitio, pero en esta latitud del Caribe todos necesitamos de todos.

Justamente, las filtraciones provocan la mayor cantidad de procesos legales en la Sección Civil del Tribunal Municipal Popular de Sancti Spíritus, afirma Milena Gisel Pentón Díaz, jueza profesional.

Cada caso es diferente y el Tribunal tiene que valorar las individualidades y la forma en que viven las personas; el Tribunal debe conciliar y que a partir de sus intereses los litigantes sientan que ambos ganaron y si resuelven sus conflictos, si al menos  lleguen a un acuerdo parcial, ganan en relaciones interpersonales y se van siendo mejores personas, aclara Pentón Díaz.

Alguien dijo alguna vez que las personas hablando se entienden, y con ello apostaba al buen juicio y al respeto entre los seres humanos; ese alguien de seguro tenía imperativos de toda índole, pero quizás comprendió que es mejor mirar a nuestro alrededor antes que mirarnos el ombligo. Ese alguien tal vez también sabía que el mejor hermano es el vecino cercano.

One comment

  1. Mi opinión es que con leyes se resuelve muy poco pues si solucionaran los problemas este país fuera perfecto por la enorme cantidad de regulaciones,disposiciones leyes etec,que como dice la canción son tantas que se atropellan y al final cada uno actúa como le viene bien ganas.Pienso que es un problema de educación y civismo y aplaudo a Escambray por ocuparse de estos temas que para mí es más importante que la cocecha de Tabaco en una cooperativa

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